Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 7 de febrero de 1856. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 373, pp. 103-105) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 7 de febrero de 1856.
Querido Marx:
Estarás muy enfadado conmigo por no haberte escrito en tanto tiempo. Pero hasta que no termine una serie de trabajos de oficina que todavía me ocuparán unos quince días, apenas soy capaz de tener otra cosa en la cabeza. Además, mi viejo me atormenta horriblemente con compras de hilo, etc., para él, y tengo que darle cuenta en privado por lo menos dos veces por semana.1
Te adjunto el paneslavismo n.º II, donde la falta de contenido queda al menos en parte compensada por la longitud de las frases. Con el n.º III entro por fin in medias res.2
Ahora tienes que leer con regularidad al corresponsal en París del Guardian; en París pasan cosas muy raras. El corresponsal del Examiner y del Times trae desde hace unos días todavía más y mejores detalles; quería comprarte los últimos números, pero estaban todos agotados. Quizá pueda conseguirlos de Bielefeld.
El Bonaparte está very fast on the decline.3 Que Drouyn de Lhuys falta en la lista oficial del Senado de este año lo habrás visto; difícilmente, en cambio, que hace poco, con ocasión de un acto de oposición sonado, dejó su tarjeta a un orleanista (si no me equivoco, Rémusat) con una gruesa raya sobre el título de vice-président du sénat.4 Cuando hace poco se requirió a la infantería contra los estudiantes que acompañaban a su casa a monsieur Nisard, la tropa, al grito de «Vive la ligne!», descansó armas y hubo que retirarla a toda prisa para que la confraternización no se convirtiera en fait accompli.5 La reciente conspiración del suroeste, por la que se practicaron 5000 detenciones (según datos bonapartistas), tenía grandes ramificaciones en el ejército; la escuela de suboficiales de La Flèche quedó completamente deshecha, casi todos los alumnos estaban metidos en ella y hubo que devolverlos a sus regimientos; in fact, dicen que costó mucho trabajo encontrar regimientos seguros adonde mandarlos. Cuando hace poco estuvo Bonaparte con su esposa en el Odéon, los estudiantes que llenaban el patio de butacas cantaron toda la noche el Sire de Franc Boissy, entonando sobre todo algunos pasajes fatales. Los obreros de París cantan una cancioncilla cuyo estribillo dice:
«Ya se va, ya se va el pequeño vendedor de mostaza, ya se va para su tierra con todas sus herramientas».6
Para que se sepa bien quién es el petit marchand de moutarde, la policía ha prohibido la canción.
Toda esta aparición desvergonzada de veleidades opositoras y directamente antibonapartistas, y la debilidad correspondiente del señor Bonaparte, prueban que está en marcha un gran cambio. Con las medidas de golpe de Estado ya no se puede, y tampoco se tiene ya el valor de aplicarlas. Ya habrás visto que también el Times, dos días seguidos, primero calificó a Bonaparte en persona de puro recurso de emergencia para Francia —because not one single man was to be found in which the nation could place its confidence and esteem—7 y luego caracterizó a todo su estado mayor de ministros, etc., como estafadores y bribones. En el Guardian de hoy viene otra bonita historia del canalla Fiorentino, folletinista de la corte bonapartista y caballero de la Legión de Honor.8 El señor L'Espinasse también se ha largado de París; ha habido escándalos con él, de los que probablemente no sabré más hasta dentro de uno o dos días. También con De Morny se trae algo; el tipo se ha peleado más o menos con su señor hermano e intriga otra vez por su cuenta.9
Este Bonaparte, al que antes todo, hasta lo más tonto, lo más cobarde y lo más infame, le salía tan bien, notará ahora que de aquí en adelante todo le sale mal. En la historia de la guerra y de la paz ya lo nota. Todo el mundo le cargó la culpa de la guerra; nadie le agradece el giro hacia la paz. Por lo demás, lo de la paz está todavía lejos de estar arreglado. Los preliminares de los preliminares no contienen au fond nada, salvo la cláusula de Besarabia, y esta queda compensada por el completo olvido de Kars.10 Todo lo demás no contiene más que concesiones aparentes. A Bonaparte, por lo demás, ya no le importa nada en qué condiciones hace la paz; para él ahora «se trata del pan», como antaño para el viejo Dolleschall,11 y estoy convencido de que los rusos lo saben todavía mejor que él. Nunca les ha sido a los franceses tan completamente indiferente su gloire como esta vez; se ve que desde 1848 esos tipos se han ocupado de otras cosas que de la vieja gloire o de la palabrería parlamentaria.
Así que nos habríamos librado por suerte de la ley de extranjeros: au train que les choses vont en France,12 pronto ya no habrá que preocuparse de los antojos de Palmerston y consortes. Este verano el castillo de naipes bonapartista se vendrá abajo seguramente de la misma manera que el de Luis Felipe en el año escandaloso de 1847, y cuándo llegue luego la ráfaga que tire del todo las paredes depende solo del azar. Ahora llevo una vida muy sobria, pero ese día me emborracharé seguramente por última vez en Manchester.
Cuéntame pronto algo más del viejo Bruno; el nuevo giro romántico del tipo es demasiado divertido. Muchos saludos a tu mujer y a los niños.
Tu F. E.
El padre de Engels, Friedrich Engels, socio de la empresa algodonera Ermen & Engels de Manchester, en cuya oficina trabajaba Engels. ↩
La serie de artículos de Engels sobre el paneslavismo, destinada a la New-York Daily Tribune. In medias res: «al meollo del asunto». ↩
«En decadencia muy rápida». ↩
Édouard Drouyn de Lhuys, ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón III hasta 1855. Charles de Rémusat, político orleanista. ↩
«¡Viva la línea!», es decir, la infantería de línea. Désiré Nisard, crítico literario y profesor de la Sorbona, partidario del régimen. Fait accompli: «hecho consumado». ↩
El original francés: Voilà qu'il part, voilà qu'il part / Le petit marchand de moutarde, / Voilà qu'il part pour son pays / Avec tous ses outils. ↩
«Porque no se encontraba un solo hombre en el que la nación pudiera depositar su confianza y su estima». ↩
Pier Angelo Fiorentino, folletinista italiano de la prensa parisina. ↩
Charles de Morny, medio hermano de Napoleón III y uno de los organizadores del golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851. ↩
Las condiciones de paz presentadas a Rusia por Austria, que Rusia aceptó en enero de 1856, incluían la cesión de una parte de Besarabia. Sobre Kars, véase la carta del 12 de diciembre de 1855. ↩
En el original, en dialecto de Colonia. Laurenz Dolleschall, censor de la policía de Colonia en tiempos de la Rheinische Zeitung (1842-1843). ↩
«Al paso que van las cosas en Francia». ↩