Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 10 de enero de 1857. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 405, pp. 160-162) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
10 de enero de 1857.
9, Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill.
Dear Frederic:
D’abord, mi feliz año nuevo, aunque con retraso. Por culpa de una tinta demasiado clara y de varias noches escribiendo, tengo un ojo tan inflamado que escribir me resulta un fastidio.
Recibidas las dos cosas, las 5 libras (el segundo envío) y la Mountain warfare.1 Por ambas, my best thanks.2
¿Es verdad que a Lupus3 lo han vuelto a asaltar y desvalijar unos caballeros bandoleros de Manchester? ¿O el rumor que circula por aquí no es más que una reproducción acrítica de la vieja historia?
Lo mejor que puede hacer el viejo Hill4 es retirarse, o al paraíso o a alguna idílica hill5 suiza, de modo que tuvieran que sustituirlo definitivamente en vuestra oficina y no te cargaran el doble de trabajo con el false pretence6 de sus enfermedades «temporales».
El asunto de Neuchâtel7 no está tan zanjado como afirman algunos periódicos. Puede que las dos partes hayan ido ya demasiado lejos en sus fanfarronadas. El ridículo ya lo han hecho las dos: nuestro Hohenzollern, con su déférence hacia Bonaparte, y los suizos, con su actitud «digna». Así, esos canallas han expulsado al Piamonte a varios cientos de obreros fabriles porque hacían manifestaciones de propaganda. Los «Borger»8 creen asegurarse así el respeto de Bonaparte y de Austria too. ¿Qué me dices de que Lamoricière y Bedeau9 hayan ofrecido sus épées10 a los ciudadanos suizos? Es claramente una simple manifestación contra Bonaparte, porque esos tipos estaban seguros de que los «Borger» suizos no los tomarían por la palabra.
Gran agitación reina en la petite démocratie.11 Es un choque como el que ella desea. Además, el patriota del sur de Alemania, naturalmente, ve en el suizo a alguien de su misma estirpe, y en el choque actual no ve de hecho sino una continuación de la campaña por la Constitución de 1849.12 A eso se suman las esperanzas de levantamientos en la Selva Negra, etc. El prusiano, por su parte, hace desde luego todo lo posible para evitar a «breach of the peace».13 Así, el Gordo14 le ha escrito a su cuñado de San Petersburgo que él es como aquel hombre que pedía a su mujer que lo sujetara, porque si no se tiraba por la ventana. «¡Sujétame!» es la palabra que nuestro soberano por herencia ha ido gritando a todas las grandes potencias, una tras otra. La cuestión es si querrán «sujetarlo» y si Occidente y Oriente no atizarán el fuego con la misma alegría por el mal ajeno. Acabe como acabe la cosa, ridículo no va a faltar.
Proudhon publica ahora en París una «biblia económica». Destruam et aedificabo.15 La primera parte, según dice, la llevó a cabo en la «Philosophie de la misère».16 La segunda la va a «revelar» ahora. En alemán sale esa porquería traducida por Ludwig Simon,17 que ahora es un dependiente bien colocado en casa de Königswarter (o algo así, el conocido banquero del National), en París. Tengo aquí un escrito más reciente de un discípulo de Proudhon: «De la Réforme des Banques, par Alfred Darimon. 1856».18 El chiste de siempre. La Démonétisation de l’or et de l’argent, o sea, toutes les marchandises transformadas en instruments d’échange au même titre que l’or et l’argent.19 El escrito lleva una introducción de Emil Girardin y está escrito con admiración por Isaak Pereire.20 De él se puede ver, pues, hasta cierto punto, a qué coups d’états21 socialistas se cree capaz Bonaparte de recurrir todavía en el último momento.
De Bruno Bauer tengo todo un lot de pamphlets22 que escribió durante la guerra rusa.23 Flojos y pretenciosos. El buen hombre ha arrendado ahora, junto con su hermano Egbert, 50 acres de tierra a las puertas de Berlín al ayuntamiento de Berlín. La anciana suegra de Edgar, el de Londres24 —una vieja lavandera o something of the sort—,25 se encargará de lo «del mercado». Ese, le escribe Bruno a Edgar, es el camino de la «independencia». Paga 5 táleros de renta per acre, o sea, 250 táleros al año. Es un viejo erial. Con la ganancia y el producto de esa tierra, Bruno piensa verse en condiciones de escribir con calma su «Historia del cristianismo primitivo», que ha de servir de prueba «histórica» de su crítica de los Evangelios. Son unas bonitas fantasías críticas, y puede que en cierta medida haya influido en Bruno el recuerdo de que Fausto, en la segunda parte, se hace terrateniente. Solo olvida que el dinero para esa transformación Fausto lo recibió del diablo.26
Lallerstedt, «La Scandinavie, ses craintes et ses espérances»,27 la pareja sueca del libro de Mieroslawski.28 Contiene algunos facts29 de interés. Sobre todo, Lallerstedt comprende que Inglaterra, durante el siglo pasado, le jugó constantemente a Suecia malas pasadas en provecho de Rusia. Cuenta que el almirante Norris,30 al que los ingleses enviaron tras la muerte de Carlos XII ostensiblemente contra los rusos, fue sobornado por Pedro I con una piedra preciosa de mucho valor. También ilustra con algunas novedades la conducta de Bernadotte.31
Aquí nada nuevo. Salgo poco y me entero de poco.
Salut.
Tu K. M.
El señor Faucher,32 el berlinés, es uno de los principal subeditors33 del Morning Star. Contra Lupus escribe Horace Mayhew34 en las London Illustr[ated] News, entre otras cosas: «Síntomas de ser un solterón empedernido: cuando un hombre no puede ir a ninguna parte sin su paraguas, eso es un síntoma. Cuando un hombre cree que todo el mundo lo engaña, eso es un síntoma. Cuando un hombre hace él mismo toda la compra, etc.».35
El artículo de Engels «Mountain Warfare in the Past and Present» («La guerra de montaña en el pasado y en el presente»), escrito para la New-York Daily Tribune a propósito de una posible guerra entre Prusia y Suiza; se publicó el 27 de enero de 1857. ↩
«Mi mayor agradecimiento». ↩
Wilhelm Wolff, «Lupus», antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, emigrado en Manchester, donde vivía de dar clases. ↩
Empleado de la oficina de Ermen & Engels en Manchester, la empresa en la que trabajaba Engels. ↩
«Colina»: juego de palabras con el apellido Hill. ↩
«Falso pretexto». ↩
El cantón de Neuchâtel, miembro de la Confederación Suiza y a la vez principado del rey de Prusia, se había proclamado república en 1848. En septiembre de 1856 los monárquicos intentaron un levantamiento que fue sofocado, y Prusia exigió la liberación de los presos y amenazó con la guerra. Con la mediación de Napoleón III, Suiza liberó a los presos en enero de 1857, y por el tratado de París de mayo de 1857 el rey de Prusia renunció a sus derechos sobre Neuchâtel. ↩
Deformación burlona de Bürger («ciudadanos, burgueses»). ↩
Christophe Louis Léon Juchault de Lamoricière y Marie-Alphonse Bedeau, generales franceses, diputados de la Asamblea de la Segunda República, detenidos en el golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851 y desterrados. ↩
«Espadas». ↩
«La pequeña democracia»: los demócratas pequeñoburgueses de la emigración. ↩
La campaña de mayo-julio de 1849 en Baden y el Palatinado en defensa de la Constitución del Imperio aprobada por la Asamblea Nacional de Fráncfort; Engels combatió en ella. Los insurgentes vencidos se refugiaron en Suiza. ↩
«Un quebrantamiento de la paz». ↩
Federico Guillermo IV, rey de Prusia. Era cuñado del zar Nicolás I, muerto en 1855; en 1857 reinaba en San Petersburgo su sobrino Alejandro II. ↩
«Destruiré y edificaré»: el lema que Proudhon puso al frente de su Sistema de las contradicciones económicas. ↩
El Système des contradictions économiques, ou Philosophie de la misère (1846), al que Marx respondió con Miseria de la filosofía. ↩
Ludwig Simon, de Tréveris, diputado de la izquierda en la Asamblea Nacional de Fráncfort, emigrado después a Suiza y a París, donde trabajó en la banca. ↩
Alfred Darimon, periodista proudhoniano, más tarde diputado. Marx escribió «Darimont». Criticó este libro por extenso al comienzo de sus manuscritos económicos de 1857-1858, en el «Capítulo del dinero». ↩
«La desmonetización del oro y de la plata», «todas las mercancías», «instrumentos de cambio por el mismo título que el oro y la plata». ↩
Émile de Girardin, periodista y editor francés, fundador de La Presse. Isaac Pereire, banquero, fundador con su hermano Émile del Crédit mobilier (1852), la gran sociedad de crédito del Segundo Imperio. ↩
«Golpes de Estado». ↩
«Lote de folletos». ↩
La guerra de Crimea (1853-1856). Bruno Bauer, el antiguo jefe de los jóvenes hegelianos de Berlín, publicó en esos años varios folletos sobre Rusia y Alemania. ↩
Edgar Bauer, hermano de Bruno y Egbert, emigrado en Londres desde 1849. ↩
«Algo por el estilo». ↩
En el acto IV de la segunda parte del Fausto de Goethe, el emperador concede a Fausto una franja de costa en recompensa por la victoria que ha ganado con ayuda de Mefistófeles. ↩
Escandinavia, sus temores y sus esperanzas (París, 1856), del publicista sueco Gustaf Lallerstedt. ↩
Ludwik Mierosławski, revolucionario polaco, jefe militar de las insurrecciones de 1848 en Posnania y de 1849 en Sicilia y en Baden, autor de De la nationalité polonaise dans l’équilibre européen (1856). ↩
«Hechos». ↩
John Norris, almirante británico, mandó las escuadras enviadas al Báltico durante la Gran Guerra del Norte. Carlos XII de Suecia murió en 1718. ↩
Jean-Baptiste Bernadotte, mariscal de Napoleón, elegido heredero del trono de Suecia en 1810 y rey con el nombre de Carlos XIV Juan (1818-1844). ↩
Julius Faucher, periodista y economista librecambista alemán, emigrado en Londres. ↩
«Redactores principales». El Morning Star era el diario de los librecambistas de Cobden y Bright. ↩
Horace Mayhew, escritor humorístico inglés, colaborador de Punch. Lupus era soltero. ↩
En inglés en la carta: «Symptoms of being a confirmed old Bachelor: When a man cannot go anywhere without his umbrella, that’s a symptom. When a man thinks everyone is cheating him, that’s a symptom. When a man does all the shopping himself etc.». ↩