Carta de Karl Marx a Ferdinand Lassalle, que vivía en Berlín, escrita en Londres el 12 de noviembre de 1858. Se conserva completa. Traducida de la edición de Gustav Mayer, Ferdinand Lassalle. Nachgelassene Briefe und Schriften, t. III (Stuttgart y Berlín, 1922), carta n.º 56, pp. 135-137, que la imprime según el original, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
12 de noviembre de 1858.
9, Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill, Londres.
Querido Lassalle:
Post tot pericula!1 Mi respuesta a tu última carta se ha retrasado por un infame dolor de muelas. A tu carta de Fráncfort no contesté porque no me diste ninguna dirección.
D'abord,2 pues: beatus ille,3 no el que es visto con los ojos de Köster, sino el que ve con los ojos de Köster.4 Freiligrath y yo le habíamos contado con detalle al propio Köster que yo había pasado casi todo el verano incapaz de trabajar a causa de las peores dolencias del hígado. Y en cuanto a mi «brillante situación», a Freiligrath y a mí nos pareció oportuno hacerle ver a un burgués alemán medio las imágenes más brillantes y ocultarle todas las partes oscuras, porque, en opinión de los dos, hasta los mejores burgueses de esta especie solo sacarían siempre una satisfacción maligna de conocer de verdad las condiciones de vida de los fuorusciti.5 So far6 Köster.
En cuanto al retraso en el envío del manuscrito, primero me lo impidió la enfermedad y después tuve que recuperar otros trabajos alimenticios. Pero la verdadera razón es esta: la materia la tenía delante; solo se trataba ya de la forma. Pero en todo lo que escribía notaba en el estilo el sabor de la enfermedad del hígado. Y tengo doble motivo para no permitir que este escrito se estropee por razones médicas:
Es el resultado de quince años de investigación, es decir, de la mejor época de mi vida.
Expone por primera vez científicamente una visión importante de las relaciones sociales. Por eso le debo al partido que la cosa no quede desfigurada por esa manera de escribir sorda y acartonada que es propia de un hígado enfermo.
No aspiro a una exposición elegante, sino solo a escribir en mi manera de siempre, cosa que durante los meses de padecimiento me fue imposible, al menos en este tema, aunque en ese tiempo tuve que escribir, y por tanto escribí, editoriales ingleses de omnibus rebus et quibusdam aliis7 para por lo menos dos volúmenes impresos. Creo que, si alguien, aunque sea menos hábil que tú, le expone estos hechos al señor Duncker,8 no podrá sino aprobar mi proceder, que, en lo que a él respecta como librero, se reduce sencillamente a que trato de entregarle por su dinero la mejor mercancía.
Terminaré dentro de unas cuatro semanas, porque en realidad acabo de empezar a escribir.
Otra circunstancia, que no tendrás que defender hasta que llegue el manuscrito: es probable que la primera sección, «El capital en general», ocupe directamente dos cuadernos, porque al elaborarla veo que aquí, donde se trata de exponer precisamente la parte más abstracta de la economía política, una brevedad excesiva haría la cosa indigesta para el público. Pero, por otro lado, esta segunda sección tiene que aparecer al mismo tiempo. Lo exige la conexión interna, y de ello depende todo el efecto.9
A propos.10 En tu carta de Fráncfort no me habías dicho nada de tu obra económica. En cuanto a nuestra rivalidad, no creo que en esta materia haya embarras de richesses11 para el público alemán. In fact,12 la economía como ciencia en el sentido alemán está todavía por hacer, y para ello no hacemos falta solo nosotros dos, sino una docena. Espero al menos de mi historia el resultado de que un número de cabezas mejores se oriente hacia el mismo campo de investigación.
Me harías un favor extraordinario si de vez en cuando me escribieras sobre la situación prusiana y me mandaras recortes de prensa sobre ella.
Mi mujer te manda saludos y teme que Köster se haya equivocado con «su belleza» tanto como con la salud de su marido
Freiligrath te saluda ditto.13 Está ocupadísimo con su oficio de banquero. Así que no tomes a mal su silencio.
Salut
Tuyo, K. M.
«¡Después de tantos peligros!». ↩
«Ante todo». ↩
«Dichoso aquel» (Horacio, Épodos, II, 1). ↩
Köster, un conocido de Düsseldorf que había visitado a Marx en Londres y contado a Lassalle que Marx gozaba de buena salud y de una situación brillante. ↩
«Desterrados», en italiano. ↩
«Hasta aquí». ↩
«Sobre todas las cosas y algunas más»: los artículos para la New-York Daily Tribune. ↩
Franz Duncker (1822-1888), editor de Berlín, que publicaría la Contribución. ↩
Al final solo salió en 1859 un primer cuaderno, con los capítulos sobre la mercancía y el dinero: Contribución a la crítica de la economía política. ↩
«A propósito». ↩
«Exceso de riqueza», abundancia que estorba. ↩
«De hecho». ↩
«Igualmente». ↩