Segunda carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 25 de febrero de 1859, por la noche. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 570, pp. 366-369) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
25 de febrero de 1859.
Querido Engels:
Te vuelvo a escribir esta noche porque time presses.1 Tengo la seguridad moral de que Duncker,2 después de lo que le he escrito a Lassalle, aceptará el folleto.3 Es verdad que Jüdel Braun4 no me ha escrito desde que llegó mi manuscrito,5 y ya van más de cuatro semanas. Por una parte, estaba ocupado con la publicación de una obra inmortal e «incendiaria» suya6 (still,7 el Jüdel, incluso su Heráclito,8 aunque escrito de pena, es better than anything the democrats could boast of),9 y luego probablemente tendrá que encargarse de la última corrección de mi papelucho. En segundo lugar, indirectamente ha recibido en mi análisis del dinero un golpe terrible en la cabeza que puede haberlo atontado un poco. Resulta que en el Heráclito había hecho la siguiente nota, que te copio literalmente a pesar de su infinita longitud (pero tienes que leerla también):
«Si antes dijimos que Heráclito había indicado en aquel fragmento la verdadera naturaleza económica y la función del dinero (Heráclito dice, en efecto: πυρός τ' ἀνταμείβεσθαι πάντα καὶ πῦρ ἁπάντων, ὥσπερ χρυσοῦ χρήματα, καὶ χρημάτων χρυσός),10 es superfluo advertir que no por eso lo convertimos en economista ni que, ni de lejos, quisimos afirmar que hubiera comprendido ninguna de las consecuencias ulteriores que se siguen de aquel fragmento.11 Pero, aunque esta ciencia no existía entonces ni podía existir, y por tanto tampoco era objeto del pensamiento de Heráclito, es cierto que Heráclito (precisamente porque nunca12 sigue las determinaciones de la reflexión, sino solo el concepto especulativo) reconoció en aquel fragmento la esencia del dinero en su verdadera profundidad y con más acierto que muchos economistas modernos, y quizá no carezca del todo de interés, ni esté tan lejos del asunto como podría parecer a primera vista, ver cómo de una mera consecuencia de aquel pensamiento se siguen por sí mismos los descubrimientos modernos en este terreno».13 (Notabene: Lassalle no conoce ni un piojo de esos descubrimientos.)
«Si Heráclito hizo del dinero, como medio de cambio, el contrario de todos los productos reales que entran en el cambio, y solo en estos le hace tener su existencia real (subrayo donde Lassalle subrayó), entonces el dinero como tal no es él mismo un producto revestido de un valor material propio, no es una mercancía junto a las otras mercancías, como la escuela de Say (bonita delusion14 continental, la de que existe una escuela de Say) sigue concibiendo obstinadamente hasta hoy el dinero metálico, sino que es solo el representante ideal de los productos reales en circulación, su signo de valor, que solo los significa a ellos. Y esto es solo en parte una consecuencia desarrollada a partir del fragmento, y en parte el pensamiento presente en él para el propio Heráclito.
»Pero si todo el dinero no es más que la unidad ideal o la expresión de valor de todos los productos reales en circulación, y solo en estos, que forman a la vez su contrario, tiene su existencia real, entonces de la mera consecuencia (¡bonito estilo! Se sigue de la «mera consecuencia») de este pensamiento se sigue que la suma de valores o la riqueza de un país solo puede aumentar por el aumento de los productos reales, nunca por el aumento del dinero, ya que el dinero, en lugar de constituir él mismo siquiera un momento cualquiera de la riqueza y del valor (ahora tenemos riqueza y valor; antes, suma de valores o riqueza), no hace más que expresar como unidad abstracta el valor situado en los productos (otro bonito paraje) y que solo en ellos es real. Se sigue así el error del sistema de la balanza comercial. (Esto es digno de Ruge.) Se sigue además que todo el dinero es siempre igual en valor a todos los productos en circulación, ya que no hace más que resumir estos en la unidad ideal de valor y, por tanto, solo expresa el valor de ellos; que, por tanto, el aumento o la disminución de la suma de dinero existente nunca afecta al valor de esa suma total de dinero, que sigue siendo siempre igual a todos los productos en circulación; que, en rigor, no se puede hablar en absoluto de un valor de todo el dinero comparado con el valor de todos los productos en circulación, porque en semejante comparación el valor del dinero y el valor de los productos se ponen como dos valores independientes por sí mismos, cuando solo existe un valor, que está realizado concretamente en los productos sensibles y expresado en el dinero como unidad abstracta de valor, o más bien el valor mismo no es sino la unidad abstraída de las cosas reales, en las que no existe como tal, a la que se da en el dinero su expresión particular; así pues, no es que el valor de todo el dinero se mantenga simplemente igual al valor de todos los productos, sino que, hablando con más exactitud, todo el dinero es solamente el valor de todos los productos en circulación. (Este doble realce tipográfico es del autor.) Se sigue de ahí, por tanto, que, al aumentar el número de piezas de dinero, como el valor de la suma sigue siendo el mismo, el de cada pieza de dinero tiene que bajar, y al disminuir, tiene que volver a subir del mismo modo. Se sigue además que, como el dinero solo representa la abstracción mental irreal del valor y el contrario de los productos reales y de las materias, el dinero como tal no necesita tener ninguna realidad en sí mismo, es decir, no necesita constar de ninguna materia realmente valiosa, sino que puede ser igualmente papel moneda, y entonces es precisamente cuando mejor responde a su concepto. Todos estos resultados, y otros muchos, obtenidos solo desde las investigaciones de Ricardo por un camino completamente distinto, y todavía lejos de estar generalmente adoptados, se siguen ya por la mera consecuencia de aquel concepto especulativo reconocido por Heráclito.»
Naturalmente, no he tenido la menor consideración con esta sabiduría talmúdica, pero he puesto por los suelos a Ricardo por su teoría del dinero, que, dicho sea de paso, no es suya, sino de Hume y de Montesquieu.15 Así que Lassalle puede sentirse herido personalmente. En sí no había nada de malo en ello, porque en el escrito contra Proudhon yo mismo aceptaba la teoría de Ricardo.16 Pero Jüdel Braun me había escrito una carta muy ridícula en la que decía que «se interesaba por la pronta aparición de mi escrito, aunque él mismo tenía entre manos una gran obra de economía», para la que «se daba dos años». Pero si yo «le quitaba demasiadas novedades, quizá abandonaría todo el asunto». Well! Le contesté que no había que temer ninguna rivalidad, porque en esta «nueva» ciencia había sitio para él, para mí y para otra docena más. Por mi exposición del dinero tiene que ver ahora o que yo no sé nada del asunto, aunque entonces peca conmigo toda la historia de las teorías del dinero, o que él es un asno que, con un par de frases abstractas como «unidad abstracta» y cosas por el estilo, se atreve a juzgar cosas empíricas que hay que estudiar, y mucho tiempo into the bargain,17 para poder opinar sobre ellas. Por eso puede que en este momento no me tenga mucha simpatía en el rincón más íntimo de su corazón. Pero (y este es el punto al que quería llegar) Lassalle, en primer lugar, tiene de verdad demasiado interés «en el asunto» y, en segundo lugar, es demasiado «Ephraim Gescheit»18 para no estar con nosotros coûte que coûte,19 cosa que le es tanto más necesaria por sus peleas con los de Düsseldorf.20 Al mismo tiempo, su estancia en Berlín le ha convencido de que con el partido burgués no hay nada que hacer para un tipo enérgico como él.
Así que, con un management21 inteligente, el hombre es nuestro en cuerpo y alma, por muchas cabriolas «incendiarias» que haga y por mucho que castigue a Heráclito, por haber sido el más conciso de los filósofos, con el más largo de los comentarios. Por la misma razón estoy seguro de que, en cas de besoin,22 le impondrá tu folleto a Duncker. Por lo demás, he dispuesto la carta de modo que pueda enseñársela entera a Duncker. En realidad está escrita para Duncker, no para Lassalle, aunque Ephraim, con toda su listeza, difícilmente lo notará.
Así que doy por seguro que Duncker aceptará el folleto, y lo esencial es solo que te pongas enseguida a hacerlo, porque esto es como un artículo de periódico. No hay tiempo que perder. Por la misma razón, por el efecto inmediato, creo que no debes pasar de cuatro o cinco pliegos (si hacen falta tantos). De la colaboración con la Tribune23 considérate, pues, completamente dispensado (salvo que algún acontecimiento bélico, cosa improbable, se adelante a tu folleto) hasta que hayas terminado la cosa. Lo más sensato sería que de repente te pusieras enfermo y no fueras a la oficina, para escribir la cosa de un tirón.
Amicus Engels Senior, amicus Ermen (Gotofredus!), sed magis amicum τὸ φρονεῖν,24
«¡Ay, ay, qué terrible es saber,
cuando al que sabe no le sirve de nada!».25
Esto último puede decírtelo tu viejo, como Tiresias al rey Edipo, a lo que tú le contestarás que él
«solo para las ganancias
tiene ojos, pero para su arte es ciego».26
Salut.
Tu K. M.
«El tiempo apremia». ↩
Franz Duncker (1822-1888), editor berlinés de la Contribución a la crítica de la economía política. ↩
El folleto de Engels Po und Rhein (El Po y el Rin), publicado anónimo por Duncker en abril de 1859; véase Marx a Engels, 25 de febrero de 1859. ↩
Apodo burlón de Ferdinand Lassalle (1825-1864). ↩
El manuscrito de la Contribución a la crítica de la economía política; véase su prólogo. ↩
Seguramente el drama de Lassalle Franz von Sickingen (Berlín, Duncker, 1859). ↩
«Con todo». ↩
Ferdinand Lassalle, Die Philosophie Herakleitos des Dunklen von Ephesos (Berlín, 1858). ↩
«Mejor que cualquier cosa de la que pudieran presumir los demócratas». ↩
«Todas las cosas se cambian por fuego y el fuego por todas las cosas, como las mercancías por oro y el oro por las mercancías» (Heráclito, fragmento 90 Diels-Kranz). ↩
Las palabras «ni de lejos» (weit) las añade Marx a la cita. ↩
Lassalle escribe «jamás» (niemals); Marx cita «nunca» (nie). ↩
Subrayado de Marx. ↩
«Ilusión». ↩
En el capítulo segundo de la Contribución, «El dinero o la circulación simple», Marx critica la teoría cuantitativa del dinero de Ricardo y la remonta a Hume y a Montesquieu. ↩
Miseria de la filosofía (1847), la respuesta de Marx a la Filosofía de la miseria de Proudhon. ↩
«Por añadidura». ↩
«Efraín el Listo», otro apodo burlón de Lassalle. ↩
«Cueste lo que cueste». ↩
Lassalle había roto con los antiguos miembros de la Liga de los Comunistas de Düsseldorf, que en 1856 enviaron a Londres a Gustav Levy para acusarlo ante Marx. ↩
«Manejo». ↩
«En caso de necesidad». ↩
La New-York Daily Tribune, de la que Marx era corresponsal; muchos artículos los escribía Engels. ↩
«Amigo de Engels padre, amigo de Ermen (¡Godofredo!), pero más amigo del saber». Parodia del dicho Amicus Plato, sed magis amica veritas. Gottfried Ermen era socio de la casa Ermen & Engels de Manchester; las palabras finales, en griego. ↩
Sófocles, Edipo rey, versos 316-317, palabras de Tiresias a Edipo. En griego en la carta. ↩
Sófocles, Edipo rey, versos 388-389, palabras de Edipo sobre Tiresias. En griego en la carta. ↩