Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 6 de mayo de 1859. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 584, pp. 382-384) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
6 de mayo de 1859.
Dear Frederick:
He recibido tu artículo. Habrás visto por un despacho telegráfico que Hess1 se ha declarado en contra del plan de Gyulai2 (querrá decir, probablemente, de su falta de plan). Visto desde nuestro point of view, me refiero al revolucionario, no es nada indeseable que Austria empiece llevándose un revés o, lo que moralmente es lo mismo, que vuelva a retirarse a Lombardía. Con ello la situación avanza mucho más y se gana el tiempo necesario para que las cosas maduren en París. En general, las cosas están de tal modo que, se cometan los blunders3 del lado que sea, tienen que redundar en nuestro provecho. Si Austria hubiera vapuleado desde el principio al ejército piamontés, tomado Turín y destrozado a los franceses al desembocar de los Alpes, Rusia quizá habría dado enseguida media vuelta contra Bonaparte —en todo caso, aún no estaba comprometida de hecho contra Alemania—, y nuestro piojoso gobierno prusiano se habría librado del único dilema que le va a costar el cuello. Además: una derrota tan contundente nada más empezar podía provocar un motín militar francés y una revolución en París contra Bonaparte. ¿Y entonces qué? En ese momento, la consecuencia habría sido que la Santa Alianza estaría en armas, victoriosa, contra un posible gobierno revolucionario en París, lo cual no entra desde luego en nuestro calcul. El propio Radetzky4 llevaba en las venas el fuego revolucionario de 1848. En cambio, creo que por ambos lados, el austriaco y el francés, la guerra se llevará ahora con una mediocridad reaccionaria.
No está bien que no hayas mandado por lo menos dos folletos más, para Pfänder, que envió tu manuscrito con su nombre, y para Freiligrath.5 También sería oportuno que mandaras un ejemplar a P. Imandt6 (Dundee, Dundee Seminary). Tienes que tener cierta consideración con las relaciones de partido y mantener a la gente de buen humor.
Apropos! En tu artículo del viernes pasado he tachado todo el comienzo, en primer lugar porque tenía mis misgivings7 respecto a los austriacos; en segundo lugar, porque no debemos en absoluto identificar nuestra causa con la de los gobiernos alemanes actuales.
En mi opinión, el bueno de Palmerston volverá a estar al timón dentro de muy poco, como Foreign Minister8 o como ministro de la Guerra. Esos bueyes de tories se lo ponen, en efecto, demasiado fácil. Primero, esos tipos estropean el juego a los austriacos con su piojoso show of mediation.9 Luego, en cuanto se conoce el tratado franco-ruso,10 ponen todo su empeño en negarlo para demostrar that they have not been taken by surprise.11 Esto da al Times la ocasión de reírse de ellos y de adoptar una actitud patriótica frente a Rusia. Pero the long and short12 del asunto es que en el Times, como en todos los demás periódicos de Palmerston (aunque estos, según como se hayan repartido los papeles entre ellos, se pronuncian a favor o en contra de las distintas potencias implicadas), se insiste en la necesidad (el Morning Advertiser y el Daily Telegraph, como escriben para la plebe, lo dicen abiertamente) de volver a instalar a the truly British minister.13 Los piojosos tories, en cambio, tendrían que haber «creído» en el tratado franco-ruso y aprovechar la ocasión para arremeter contra Pam.14 Tenían las mejores opportunities. En primer lugar, Pam estaba en Compiègne cuando se urdió todo el plan.15 En segundo lugar, el señor Whiteside,16 en nombre del ministerio, ya había comunicado al estúpido John Bull —lo que se sabía desde hacía tiempo por los blue books17— que en 1848 Austria ofreció a Palmerston renunciar por completo a Lombardía e instalar en Venecia un gobierno italiano con un archduke austriaco, si él quería mediar. El Piamonte se había dirigido a él al mismo tiempo; Francia, ditto. ¿Qué hizo Pam? Rechazó la propuesta porque —tal fue el pretext— había que soltar también Venecia por completo. Dio esta respuesta tras tres semanas de silencio. En cuanto Radetzky hubo vencido, invitó a los austriacos a llevar a cabo el plan que se le había comunicado. En el asunto húngaro hizo (esta vez respecto a las conditions con las que los húngaros, ya desesperados, querían someterse) la misma maniobra. El regreso de este tipo al ministerio es a real danger. Por lo demás, en Alemania la gente empieza a entenderlo. En un libro del profesor Wurm, de Hamburgo (Historia de la guerra de Oriente),18 y en un libro sobre Nicolás19 de otro alemán cuyo nombre se me ha ido, se ataca abiertamente a Pam como agente ruso.
Ad vocem: business.20 El asno de Friedländer21 me escribió con fecha del 12 de abril, pero se había olvidado de lo principal, a saber, dar orden a una casa de banca. En vez de eso, hablaba de un «anticipo». Esto último es un nonsense. Cada semana hacen falta de 8 a 10 libras, a menudo 15, para los telegramas. Se lo escribí al asno. Hasta ahora no hay respuesta, aunque me manda regularmente la Presse de Viena (que tiene ya, como veo por ella misma, 26 000 suscriptores). Ayer escribí una carta atronadora a Lassalle. Por la Presse veo que Lassalle ha empezado su correspondencia y sus telegramas para la Presse con mucho celo, aunque con poco talento. Pero no aceptó ese puesto hasta que yo le «di permiso» por escrito, porque, según escribe, no quería arriesgarse a eso políticamente sin mi consent. ¿No sería una historia cómica que toda la transacción acabara en que el que se ha instalado es Lassalle? Pero puede que el retraso se deba a la dificultad que tiene Friedländer para arreglar el asunto del dinero en Viena con los troubles actuales. Meanwhile, de pura impaciencia, me dedico al álgebra.
¿Está Lupus en Manchester?22
Salut.
Tu K. M.
Heinrich von Hess (1788-1870), mariscal austriaco, jefe del Estado Mayor. ↩
Ferenc Gyulai, comandante en jefe del ejército austriaco en Italia. ↩
«Pifias». ↩
Joseph Radetzky (1766-1858), el mariscal que reconquistó Lombardía para Austria en 1848-1849. ↩
El folleto de Engels Po y Rin (Berlín, Franz Duncker, 1859), publicado sin nombre de autor. ↩
Peter Imandt, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, profesor en Dundee (Escocia). ↩
«Recelos». ↩
«Ministro de Asuntos Exteriores». ↩
«Simulacro de mediación». ↩
El acuerdo secreto entre Francia y Rusia de marzo de 1859, por el que Rusia prometía a Francia una neutralidad benévola en la guerra contra Austria. ↩
«Que no les han cogido por sorpresa». ↩
«El resumen», «el meollo». ↩
«El ministro auténticamente británico», como llamaba a Palmerston la prensa que le era afín. ↩
Palmerston. ↩
Palmerston visitó a Napoleón III en Compiègne en noviembre de 1858. ↩
James Whiteside, fiscal general para Irlanda en el gobierno de Derby. ↩
«Libros azules», las colecciones de documentos diplomáticos que el gobierno presentaba al Parlamento. ↩
Christian Friedrich Wurm (1803-1859), historiador y publicista de Hamburgo. ↩
El zar Nicolás I. ↩
«A propósito de los negocios». ↩
Max Friedländer, primo de Lassalle y redactor de la Presse de Viena, que había ofrecido a Marx ser corresponsal del periódico. ↩
Wilhelm Wolff (1809-1864), «Lupus», amigo de Marx y Engels, que vivía en Manchester. ↩