Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 25 de julio de 1859. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 602, pp. 408-409) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 25 de julio de 1859.

Querido Mohr:

Ya he escrito a Duncker. También por la falta, hasta ahora total, de anuncios de tu libro en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo y en la Kölnische Zeitung. Esta semana no puedo hacer de ningún modo el artículo sobre tu libro; eso es un trabajo, y para ello tendrían que haberme avisado con algo más de notice. Además, he empezado el artículo militar y quiero despacharlo deprisa. En cambio, para la semana que viene me comprometo a hacer el artículo.

En mi artículo anterior me han metido, al redactarlo, algunas tonterías. Yo decía que el 5.º cuerpo, en su marcha desde Pavía, forzó tanto sus energías los días 3 y 4 que, aunque se hubieran aprovechado las 4½ horas perdidas por el alto, no se habría logrado un resultado mayor ni habría llegado el cuerpo apreciablemente antes al campo de batalla. En el texto impreso dice que solo el alto le había permitido ese esfuerzo, lo cual es 1) lo contrario y 2) un disparate. En primer lugar, las tropas no estaban nada cansadas a las 6 de la mañana del día 3, porque acababan de ponerse en marcha, así que el alto no podía servirles de nada; y en segundo lugar, el alto les quitó las horas frescas de la mañana y les obligó a marchar con el mayor calor del mediodía. Para cualquier militar, la frase, tal como está, es de lo más bochornosa. Por lo demás, ¿de qué me sirven todos los embellecimientos de estilo mientras, a fuerza de erratas, me meten los disparates más colosales, por ejemplo, Rest («resto») en vez de Stoß («embestida»), y cosas así? Mis artículos se distinguen sobre todo por tales disparates; el resto está corregido bastante pasablemente.

Por cierto, ¿cómo puedes consentir que se meta el poema piojoso de Herwegh?1

Quanto al danaro,2 Dronke vuelve por aquí dentro de catorce días (es decir, ahora, dentro de unos diez días), así que tengo que aplazarlo todo hasta entonces. Tampoco sé nada de Lupus. De dónde sacar dinero entretanto es difícil de decir. Lo intento con Heckscher, pero ahora tengo las manos llenas de trabajo; el artículo sobre tu libro me quita mucho tiempo. ¡Si al menos estuviera aquí Strohn!3 Gumpert4 está enfermo en casa, con una laringitis, mudo. Pero ya veré; si es posible, Heckscher tiene que mantener con vida el periódico esta semana. Al tacaño de Freiligrath, sin embargo, habría que obligarle a aflojar la mosca.

Tiene gracia que también obtengas del señor Liebknecht un juicio tan bonito. Esa es la gente de verdad. Estos señores están tan acostumbrados a que pensemos por ellos que siempre y en todas partes quieren las cosas no solo servidas en bandeja, sino también masticadas, y en el menor espacio, no solo la quintaesencia, sino también el desarrollo detallado, ready cooked and dried.5 Hay que hacer milagros, ni plus ni moins.6 ¿Qué pide en realidad un asno así? Como si no pudiera enterarse ya por las tres primeras líneas del prólogo7 de que a este primer cuaderno tienen que seguir por lo menos otros quince antes de llegar a los resultados finales. Naturalmente, las soluciones de las delicadas cuestiones del dinero, etc., son pura basura para Liebknecht, porque esas cuestiones no existen en absoluto para él. Pero al menos se podría exigir que un buey así retuviera por lo menos las ideas que le vienen bien para su pobre tenderete. En fin, no se hizo la miel para la boca del asno.

El documento ruso no debería publicarse en bits8 tan pequeños; así nadie entiende la conexión. Las lucubraciones del señor Petersen también se vuelven aburridas con el tiempo. Aunque, claro, la semana pasada la cosa estaba apurada.

Los discursos del señor Bonaparte son cada vez más cómicos. El que hizo ante el cuerpo diplomático es demasiado divertido. ¡Y el tipo se echaba mano a la espada todo el tiempo! Pero el loco parece querer imponerse ahora muy en serio al mundo como el «Viejo»,9 por lo menos en lo que toca a los dehors.10

¡Kossuth había hecho correr la voz de que había partido para Lussinpiccolo!11

Muchos saludos.

Tu F. E.

  1. Georg Herwegh (1817-1875), poeta, emigrado en Suiza. Das Volk había publicado un poema suyo. ↩

  2. «En cuanto al dinero». ↩

  3. Wilhelm Strohn, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, comerciante en Bradford. ↩

  4. Eduard Gumpert, médico alemán de Manchester, amigo de Engels. ↩

  5. «Ya cocinado y listo». ↩

  6. «Ni más ni menos». ↩

  7. El prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política: Contribución a la crítica de la economía política. Prólogo. ↩

  8. «Trozos». ↩

  9. Napoleón I. ↩

  10. «Apariencias». ↩

  11. Isla del Adriático (hoy Mali Lošinj, en Croacia). ↩