Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 1 de octubre de 1860. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 699, pp. 510-513) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 1 de octubre de 1860.

Querido Mohr:

¿Pues adónde había ido tu familia, si ya está otra vez felizmente en casa? Yo no sabía nada. ¿A la seaside1 o al campo, supongo? Espero que les haya sentado bien.

Lo de Navy2 me viene ahora muy a destiempo. Estoy metido hasta el cuello en el fango con los lawyers3 por los asuntos del negocio4 —en Alemania no se tiene ni idea de las dilaciones que hay aquí—, y justo esta semana tienen que echárseme encima esos tipos con un montón de expedientes, etc. De todos modos haré lo que pueda, pero muy deprisa no irá ni puede ir: no estoy en absoluto au fait.5

Quant à Vogt:6 he de decirte que tu título no me gusta nada.7 Si quieres ponerle un mote, tiene que ser uno que se entienda sin haber leído el libro, o bien no debe aparecer en el libro mismo hasta después del pasaje que lo explica. Creo que cuanto más sencillo y menos rebuscado sea el título, mejor; solo que, además de Vogt, debería figurar en él, si es posible, Bonaparte o por lo menos Plon-Plon.8 Si te molesta «Carl» Vogt, llámalo Herr Vogt, aunque no veo por qué el «Carl» no puede ir delante del «Karl»: nadie te va a hacer un chiste por eso.

La impresión en Londres: no me fío de una edición en la que tengamos que poner nosotros todo el dinero o la mitad. La carta adjunta de Siebel9 te demuestra que él no daba ni mucho menos el asunto por perdido, al contrario, y que solo esperaba instrucciones para actuar (devuélvemela, que aún no la he contestado). Ya he visto demasiadas veces eso de imprimir en el extranjero, y me temo que esta vez pasará exactamente lo mismo. Si Vogt es una excepción (¡y eso que lo suyo se imprimió en Fráncfort!), es porque la prensa le dio bombo, cosa que a nosotros seguro que no nos pasará. Además, el señor Petsch,10 como es él quien tiene que pagar los anuncios, etc., no estará muy dispuesto a anunciar demasiado. Tu verras.11 En todo caso, en Alemania habrías podido tener editor hace tiempo, sin duda alguna, si hubieras puesto a Siebel en movimiento como es debido, y eso me sigue pareciendo mejor; además, la pequeña imprenta de Hirschfeld no se va a dar demasiada prisa. En fin, la cosa está en marcha y ahora tenemos que ver cómo sale. En el anuncio creo que lo mejor es que no añadas al título nada más que los epígrafes de los capítulos; con eso bastará de sobra. Y, sobre todo, mete prisa para que el asunto quede terminado.

Cuando tengas impresos tres o cuatro pliegos, podrías mandarme una prueba.

¡A propósito! ¿Cuánto son en Dana cinco o diez páginas? No tengo ni idea.

Lamoricière12 ha sido vergonzosamente sorprendido por los piamonteses. Por ese lado no estaba preparado en absoluto; solo se cubría frente a Garibaldi y había ocupado las malas ciudadelas de las ciudades con pequeñas guarniciones, suficientes únicamente contra sublevaciones. De ahí la serie de capitulaciones: los piamonteses eran en todas partes seis contra uno. En Castelfidardo los austriacos se batieron muy bien, y lo mismo en Ancona, que por el lado de tierra no es fortaleza en absoluto; pero, en conjunto, el ejército pontificio demuestra lo poco que se puede hacer con tropas que, aunque en parte sean buenas, son heterogéneas y están mandadas por oficiales extranjeros de toda laya. Claro que los piamonteses eran tres contra uno.

A Garibaldi parece que militarmente se le acaba el aliento. Ha repartido tanto sus buenas tropas entre los batallones sicilianos y napolitanos que ya no le queda nada organizado, y en cuanto llega a una línea fluvial medianamente defendida, con una fortaleza no dominada como Capua, se queda parado. Por ahora eso no es grave, porque los 30 000 napolitanos no pueden vivir en esa pequeña franja de terreno y en quince días tendrán que disolverse o avanzar, cosa que no conseguirán. Pero al Quirinal13 difícilmente llegará Garibaldi tan pronto, a no ser por circunstancias muy especiales. A eso se suma ahora el griterío de los cavourianos;14 esos miserables burgueses son capaces de volverle insostenible la posición en poco tiempo, de modo que tenga que atacar como pis aller15 antes de estar en condiciones de vencer. Lo importante sería, por lo demás, hacer trizas a los napolitanos cuanto antes y luego llevar a los piamonteses a fraternizar antes de que Víctor Manuel se presente ante ellos, porque entonces será demasiado tarde y seguirán fieles a Víctor Manuel. Pero es de la máxima importancia que Garibaldi haya puesto públicamente a los franceses de Roma en la misma categoría que a los austriacos de Venecia; que eso se lleve ahora enseguida a la práctica, que se les expulse o no, importa menos.

En Austria la cosa pinta de maravilla. Un filisteo del Nationalverein,16 renano de Prusia que vive en Baviera (en Franconia), cuenta que los muniqueses que fueron hace poco a Viena a la fiesta del ferrocarril, creyendo de buena fe lo que decía la Allgemeine Zeitung de Augsburgo de la situación austriaca, volvieron con el rabo entre las piernas: tan distinto lo habían encontrado todo. Los austriacos les explicaron que todo aquello era un camelo y que la situación allí ya no se podía aguantar. Además, los burgueses de Austria tenían ya su specificum17 contra los embrollos financieros: en Austria el 20 % de toda la propiedad territorial pertenece a los curas, y hay que confiscarla. ¿Se puede imaginar una situación revolucionaria más estupenda? ¿Qué queda, frente a semejante programa, de toda la sabiondez prusiana, con su Nationalverein incluido?

Por los escritos del príncipe Federico Carlos18 y del señor Waldersee19 me he convencido ya definitivamente de que los prusianos han organizado y adiestrado su ejército de una manera tan estupenda que por fuerza tienen que salir derrotados. Para sortear los inconvenientes de cuarenta y cinco años sin experiencia de guerra, se han inventado en las maniobras una guerra artificial y convencional en la que todo es distinto de la guerra de verdad, en la que se enseña expresamente a soldados y oficiales a retirarse con cualquier pretexto y se les meten en la cabeza ideas y cosas completamente falsas. Por ejemplo: en una maniobra, como es natural, los soldados no pueden entrar en las casas y ocuparlas; así que se figura que las casas están ocupadas colocando a los soldados alrededor, por fuera. Un capitán prusiano recibió en Schleswig20 la orden de ocupar una granja en combate, ¡y va y coloca a su gente por fuera, alrededor de la cerca, como en las maniobras! Esto lo vio el propio Waldersee. Por lo demás, el príncipe Federico Carlos no es nada mal tipo como soldado y detesta la rutina de cuartel prusiana. Pero si como jefe vale algo, eso no se puede decir.

Tuyo, F. E.

  1. «La costa», «el mar». Marx contesta al día siguiente que su familia había pasado ocho días junto al mar. ↩

  2. El artículo «Navy» (Marina de guerra) que Engels debía escribir para la New American Cyclopaedia, dirigida en Nueva York por Charles A. Dana y George Ripley, para la que Marx y Engels redactaban artículos. ↩

  3. «Abogados». ↩

  4. Tras la muerte de su padre en marzo de 1860, Engels negociaba con los Ermen su situación en la firma Ermen & Engels de Manchester. ↩

  5. «Al corriente». ↩

  6. Carl Vogt (1817-1895), naturalista, diputado en la Asamblea Nacional de Fráncfort en 1848-1849, emigrado en Ginebra, que en Mein Prozeß gegen die Allgemeine Zeitung (1859) había calumniado a Marx. La respuesta de Marx, que se estaba imprimiendo, salió en Londres en diciembre de 1860 con el título Herr Vogt (El señor Vogt). ↩

  7. En su carta del 25 de septiembre Marx había propuesto el título «Dâ-Dâ Vogt», por Dâ-Dâ, un escritor árabe al que Bonaparte utilizaba en Argelia como a Vogt en Ginebra; tampoco quería «Karl Vogt», por no poner a «Karl Marx» detrás de «Karl Vogt». ↩

  8. Apodo del príncipe Napoleón (Napoléon Joseph Charles Paul Bonaparte, 1822-1891), primo de Napoleón III. ↩

  9. Carl Siebel, poeta de Barmen y pariente de Engels, que había buscado en Alemania un editor para el libro de Marx. ↩

  10. A. Petsch & Co., librería alemana de Londres, que editó Herr Vogt; la composición se hacía en la imprenta de Hirschfeld, también en Londres. ↩

  11. «Ya verás». ↩

  12. Christophe Louis Léon Juchault de Lamoricière (1806-1865), general francés que mandaba el ejército del papa. Los piamonteses invadieron los Estados Pontificios en septiembre de 1860, lo derrotaron en Castelfidardo el 18 de septiembre y tomaron Ancona, que capituló el 29. ↩

  13. El palacio del papa en Roma; es decir, Roma. ↩

  14. Partidarios de Camillo Benso, conde de Cavour (1810-1861), jefe del gobierno piamontés. ↩

  15. «Último recurso». ↩

  16. La Asociación Nacional Alemana (Deutscher Nationalverein), fundada en 1859 por liberales que querían la unificación de Alemania bajo la dirección de Prusia. ↩

  17. «Remedio específico». ↩

  18. Federico Carlos de Prusia (1828-1885), sobrino del rey, autor en 1860 de un escrito militar sobre la manera de combatir a los franceses. ↩

  19. Friedrich von Waldersee (1795-1864), general y escritor militar prusiano. ↩

  20. En la guerra de 1848-1850 entre la Confederación Germánica y Dinamarca por Schleswig-Holstein. ↩