Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 28 de noviembre de 1860. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/2, Berlín, 1930, carta n.º 710, pp. 523-524) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
28 de noviembre de 1860.
Querido Engels:
Mi mujer ya está fuera de peligro. Díselo enseguida a Lupus,1 con mis mejores saludos. La cosa irá para largo, y cuando se cure, según dice Allen, tendrá que irse enseguida fuera por lo menos cuatro semanas.
En cuanto a mí, como el peligro de contagio es máximo a los diez días contados desde ayer, ayer me volvieron a vacunar. Ditto2 Lenchen.3 Una circunstancia que me vino muy bien fue un dolor de muelas espantoso. Anteayer me hice sacar la muela. El tipo (se llama Gabriel) me sacó, sí, la raíz, después de hacerme pasar grandes physical pains,4 pero me dejó dentro una astilla. Así que tengo toda la cara dolorida e hinchada, y la garganta medio cerrada. Esta presión física fomenta mucho la incapacidad de pensar y, por tanto, la fuerza de abstracción, pues, como [dice] Hegel,5 el puro pensar, o el puro ser, o la nada, son idénticos.
Durante estos diez días, pues, se ha hecho más riguroso el aislamiento.
Escribir, naturalmente, no puedo en este estado, y como la letra de 50 libras contra Dana6 que giré hace dos meses y medio tampoco se cubrió como era debido con artículos, porque mi mujer ya antes de enfermar tenía toda clase de nervous complaints7 y así hubo toda clase de faltas —de modo que estoy en un gran aprieto—, te ruego que, al menos durante dos semanas, me escribas lo más a menudo que puedas. En las circunstancias actuales parecería oportuno escribir a mi vieja. Pero desde que metió en casa por matrimonio al suboficial prusiano,8 todo intercourse9 ha cesado a raíz de unas observaciones mías. El acoso por todas partes ha aumentado de un modo espantoso. La mayor parte de las 10 libras las he soltado para calmarlo, al menos por algunos lados. A ti, que haces más de lo posible, no te escribiría nada de esto, pero que faire? ¿Qué le vamos a hacer? Además, no puedo hacer gestiones en ningún sitio, porque, cosa curiosa (se explicará seguramente por la mejoría), no puedo salir de casa, ya que mi mujer, justo ahora que debería verla lo menos posible (cosa que naturalmente no se le puede decir), quiere tenerme siempre a su lado.
Allen cree que, si no la hubieran vacunado dos veces, no habría salido de esta. Tal como están las cosas, él mismo considera la small pox10 una suerte. Porque, según me dijo ayer, el estado de sus nervios era tal que prefiere esta enfermedad a una fiebre nerviosa o algo parecido, que es en lo que habría acabado.
Las pobres niñas están muy asustadas. Allen las vacuna el viernes, a ellas y a toda la familia Liebknecht.
El señor Vogt lo recibirás seguramente el viernes. La semana pasada hubo algún retraso porque yo no pude corregir a tiempo los últimos pliegos.
Muchas gracias por el vino. Allen ya me había recetado vino antes de que llegara, además de otra medicina que no es tan agradable.
Tuyo, K. M.
Wilhelm Wolff; Marx escribe el nombre en dativo latino, lupo. ↩
«Lo mismo». ↩
Helene Demuth. ↩
«Dolores físicos». ↩
En el manuscrito falta el verbo. Alusión al comienzo de la Ciencia de la lógica de Hegel, donde el ser puro, en su absoluta indeterminación, resulta ser lo mismo que la nada. ↩
La letra que Marx giraba contra Charles A. Dana, de la New-York Daily Tribune, a cuenta de sus artículos. ↩
«Trastornos nerviosos». ↩
Johann Jakob Conradi, casado con Emilie, la hermana menor de Marx. «Mi vieja» es la madre de Marx, Henriette Marx, que vivía en Tréveris. ↩
«Trato». ↩
«Viruela». ↩