Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 12 de julio de 1861. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 747, pp. 36-38) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

12 de julio de 1861.

Querido Engels:

Recibida, con mucho agradecimiento, la última carta con lo que venía dentro, o más bien lo que venía dentro sin carta.

La gran tragicomedia de Gottfried Kinkel ha llegado a un final digno, y al poor Gottfried lo han derrotado de mala manera.

Para resumir brevemente lo grande, este fue el verdadero curso de las cosas: el 15 de junio, Gottfried y compañía, como ya te conté,1 habían celebrado por su cuenta una sesión especial en la que tomaron los acuerdos que a ellos mismos les convenían. El 18 de junio hubo una sesión extraordinaria presidida por Heintzmann, en la que la gran cuestión en disputa no estaba en el orden del día, porque aún se esperaba la respuesta de Coburgo.

Por fin, el 6 de julio se celebró la sesión decisiva, having meanwhile arrived2 la respuesta del oráculo de Coburgo. Estaban presentes todas las fuerzas de ambos partidos, incluidos los 35 miembros de la Liga de los Hombres Alemanes que Gottfried había comprado al contado. Pero antes del día de la sesión ya había habido agitaciones considerables. Así, por ejemplo, Heintzmann y compañía habían arengado a la «Liga de los Hombres Alemanes» y la habían informado de los manejos de Gottfried. El presidente de esa Liga, un shipagent3 llamado Schmidt (de Hannover), se había pasado naturalmente al lado «patriótico».

Heintzmann —by the by— persigue naturalmente un doble interés: por un lado, caer en gracia al gobierno prusiano y, por otro, pescar a ser posible, hac via,4 algún cargo importante y trustive5 de dicho gobierno para la próxima Exposición Industrial.6 El tipo, según me dicen, desempeñó su presidencia a la genuina manera grosera de un procurador real prusiano de Elberfeld. Lo cual, frente al melodramático Gottfried, es desde luego lo más adecuado.

Pues bien, abierta la sesión (el 6 de julio), Heintzmann hizo leer las actas del 8 y del 18 de junio. Ni Kinkel ni Zerffi se atrevieron siquiera a pedir que se leyera su acta del 15. Con ello reconocen la ilegalidad de la sesión que habían montado a escondidas. Luego Heintzmann leyó la carta de Coburgo. El oráculo de allí escribía: expulsar de la Asociación, es verdad, solo puede hacerlo el Senado de Coburgo; en cambio, expulsar del comité (que es de lo que se trata en el caso de Zerffi) es asunto local, que debe decidirse, pues, en Londres.

Pero dio la casualidad de que el 8 de julio7 tocaban de todos modos nuevas elecciones de cargos de la Asociación Nacional de Londres. Así que se aprobó la propuesta de Schmidt de pasar al orden del día y dejar que las propias elecciones decidieran el asunto.

Gottfried pronunció un discurso larguísimo y se comportó en general de la manera más melodramáticamente agitada. Los cuatro pelos que tiene en la cabeza se le erizaban sin parar hacia el cielo. Gottfried estuvo alternativamente amargo y amenazador, y hasta buscó a ratos el terreno de la ironía, que tan ajeno le es. Mientras hablaba, el mayor tumulto, sin interrupción. Siseos. Sobre todo, a menudo, el grito de «¡Gottfried!», que siempre le ofende dolorosamente. Lo más curioso, según parece, fue que Gottfried, en el curso del debate, aun cuando ya no tenía la palabra, se levantaba de un salto una y otra vez para interrumpir; pero entonces Heintzmann, con el brazo alzado en gesto amenazador —con el mero gesto—, lo devolvía de golpe a su asiento.

En la elección, Gottfried y toda su banda fueron completamente derrotados. En la elección del presidente, Heintzmann tuvo 133 votos y Gottfried 5. O sea, que hasta los tipos que había comprado votaron en su mayoría contra él. En cuanto se proclamó este resultado, se dice que se exhibió de la manera «más digna» como una síntesis del «gladiador moribundo»8 y del «Cristo colgado». ¿Se ha merecido esto Gottfried de «su querida Alemania»?

Entretanto, el tritón Blind9 —que, como «republicano», naturalmente no es miembro de la Asociación Nacional—, a fuerza de rastrerías, trampas y poses de toda clase, ha conseguido que en las dos sesiones de la Asociación Nacional del 15 de junio y del 8 de julio se le dieran vivas como valiente y patriótico campeón de Schleswig-Holstein.

Y basta de esta guerra de ranas y ratones.10 Habrás visto que hasta el Kladderadatsch11 ha publicado un par de chistes contra el noble poeta.

Salut!

Tuyo, K. M.

  1. Véase la carta del 1 de julio (1861-07-01 Marx a Engels). ↩

  2. «Habiendo llegado entretanto». ↩

  3. «Agente marítimo». ↩

  4. «Por esta vía». ↩

  5. «De confianza». ↩

  6. La Exposición Internacional de Londres de 1862. ↩

  7. Así en la carta, aquí y más abajo («del 15 de junio y del 8 de julio»), aunque antes ha fechado la sesión decisiva el 6 de julio. ↩

  8. El Gálata moribundo, estatua de los Museos Capitolinos de Roma, conocida entonces como «el gladiador moribundo». ↩

  9. Karl Blind (1826-1907), demócrata badense emigrado en Londres. Marx lo llama Molch, «tritón». ↩

  10. Froschmäuslerkrieg: alusión a la Batracomiomaquia («guerra de las ranas y los ratones»), parodia de la épica homérica, y a su imitación alemana, el Froschmeuseler de Georg Rollenhagen (1595). ↩

  11. Semanario satírico de Berlín, fundado en 1848. ↩