Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 20 de julio de 1861. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 748, pp. 38-39) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
20 de julio de 1861.
Querido Engels:
No creo que puedas dirigirte a la legación prusiana de Londres para pedir un «certificado de conducta» sin poner en manos de esos tipos un documento muy comprometedor por tu parte.1
Ni según el derecho prusiano ni según el derecho internacional es la legación prusiana una autoridad de vigilancia que tenga que extender testimonia2 sobre la conducta de extranjeros o de prusianos. Solo en la medida en que extiende pasaportes tiene que comprobar si alguien consta notoriamente como delincuente, bien por sentencia judicial, bien por rumor publicus.3 Por lo demás, es supposed to know nothing4 sobre los private individuals. Lo que sabe, lo sabe per abusum,5 como institución de soplones. Un certificado de conducta suyo equivale, pues, a un certificado de conducta de la policía política secreta, contraria a la ley (y por eso oficialmente inexistente), sub auspiciis6 del escribiente de la legación, Alberts.7 Pero tú no puedes reconocer semejante autoridad, y el director de policía de Barmen se vería en un buen aprieto si le pidieras que te indicara el artículo del Código prusiano según el cual la legación prusiana en Londres tiene esas atribuciones.
Otra cosa es el cónsul prusiano en Manchester. Los cónsules son representantes comerciales, no políticos, de su Estado. Así que se da por supposed que conocen el comercio de su plaza, y en particular el que pertenece a su propia nacionalidad. Pueden, por tanto, certificar que X. X. vive en Manchester desde hace 10 años como comerciante respetable y es conocido como tal. Otro testimonio no tiene el gobierno prusiano ningún derecho a exigirlo, y se guardará mucho de reclamarlo oficialmente. Eso sí puede exigirlo, porque, al pedir la renaturalización, estás al mismo nivel que los foreigners,8 a quienes, cuando se naturalizan en Prusia, se les pueden pedir esa clase de certificados, etc.
Un certificado sobre tu conducta política tiene el gobierno prusiano tan poco derecho a exigirlo como, pongamos, una profesión de fe política redactada por ti mismo.
De Viena no he vuelto a saber nada,9 y tampoco de Dana,10 aunque este me manda la Tribune todas las semanas.
Brockhaus11 no quiere decidirse definitivamente hasta que le hayan mandado el manuscrito. Esta no es en absoluto una condición agradable, porque allí someterá el manuscrito al juicio de sus asnos de asesores literarios. Por lo demás, no avanzo tan deprisa como quisiera, porque hay mucho trouble en casa.
¿Has leído algo del libro de Lassalle? ¿Le has mandado el libro a mi primo? Esto último me importa, porque necesito mucho los bons offices12 de ese jovencito.
Lassalle y la condesa13 están en un balneario cerca de Fráncfort del Meno. Un emisario polaco —que me trajo a la vez, de parte de Schily,14 todo un paquete de cartas de J. Ph. Becker15 que todavía no he leído del todo— estuvo en mi casa. No ha vuelto a visitarme, seguramente porque no le gustó el vino claro que le serví sobre las malas perspectivas de cualquier conspiracy en Prusia en este momento.16 Recibirás los escritos de Becker en cuanto los haya leído; ditto una carta de Lassalle a mí, en cuanto la haya contestado.
¿No sabes nada de lupus?
Salut.
Tuyo, K. M.
Tras la amnistía de enero de 1861, Engels pensaba pedir la recuperación de la ciudadanía prusiana, y las autoridades le reclamaban un certificado de buena conducta. ↩
«Certificados». ↩
«Voz pública», la fama pública. ↩
«Se supone que no sabe nada». ↩
«Por abuso». ↩
«Bajo los auspicios». ↩
Secretario de la legación de Prusia en Londres; véase la carta del 5 de julio (1861-07-05 Marx a Engels). ↩
«Extranjeros». ↩
Marx esperaba la respuesta de Die Presse de Viena, en la que acabaría colaborando desde octubre de 1861. ↩
Charles A. Dana (1819-1897), director de redacción de la New-York Daily Tribune, para la que Marx escribía desde 1852. ↩
La editorial F. A. Brockhaus, de Leipzig. ↩
«Buenos oficios». ↩
La condesa Sophie von Hatzfeldt (1805-1881), amiga y protectora de Lassalle. ↩
Victor Schily, abogado de Tréveris, emigrado en París, amigo de Marx. ↩
Johann Philipp Becker (1809-1886), veterano revolucionario alemán, emigrado en Ginebra. ↩
«Servir vino claro» (klaren Wein einschenken) es en alemán decir las cosas claras. ↩