Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 19 de diciembre de 1861. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 760, pp. 50-52) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
19 de diciembre de 1861.
Querido Engels:
Ya sabes cómo surgió la historia con Dronke. No le escribí por lo de la letra, sino para apretarle. Naturalmente, con ese motivo tuve que ponerle al corriente de la crisis en que me encontraba, que él, como cualquier otro, tenía que encontrar natural, y encontró natural, a consecuencia del asunto americano. A raíz de esa comunicación vino a verme, y así salió el arreglo, en el que ni siquiera habría pensado si tu carta no hubiera dicho expresamente que aceptarías las letras si yo conseguía que me las descontaran Freiligrath «o cualquier otro». Baste esto para quitarme de encima la apariencia de indiscreción.
Con Freiligrath, como ya sabía de antemano, no hay nada que hacer. Solo tenía al sastre, y a ese ya lo había perdido en la época del asunto con la Tribune, porque dos de sus empleados, por recomendación suya, se llevaron ropa por valor de unas 70 £ y se largaron sin pagarla. Además, mis relations to Freiligrath so changed,1 que él solo de mala gana volvió a dejar que se descontaran las letras sobre la Tribune en casa de Bischoffsheim. Pero, aparte de la voluntad, no puede, tanto menos cuanto que la quiebra latente de su banco court par les rues de Londres.2
Al mismo tiempo que te escribo esta carta, he informado a Dronke de que entré por un malentendido en las transactions3 con él, y de que le ruego, por tanto, que las considere non avenues.4 Al mismo tiempo le he escrito que, si puede descontar las letras a mi nombre, without any intervention of other persons,5 la cosa me vendría bien. Tenía que escribirle esto porque no veo salida y estoy de verdad en el mayor peligro. Su dirección, para escribirle en privado, es: 49, Oldhall Street, Liverpool. Según lo que dijo Dronke (aunque creo que está en Newcastle y todavía no en Liverpool), él solo intentaría arreglar el asunto con su propio banker.6
Por desgracia, no pude evitar enterar a mi mujer del contenido de tu carta en lo que se refería a la transacción de las letras. Y esas noticias le provocan cada vez una especie de paroxismo.
En cuanto a la guerra con América, es posible que Pam7 consiga provocarla, pero no fácilmente. Necesita un pretext,8 y no me parece que Lincoln se lo vaya a dar. Una parte del gabinete, a saber, Milner Gibson, Gladstone y, plus ou moins,9 Lewis, no puede ser befooled10 como John Russell.11
Consideradas las cosas en sí mismas, los americanos, según el derecho marítimo inglés que rige entre ellos, no han faltado ni en lo material ni en lo formal. As to the question of material right,12 los propios crownlawyers13 ingleses han decidido en ese sentido. Por eso, como Pam quería un pretext, se han acogido a un error in forma, a una technicality, a legal quibble.14 Pero también eso es falso. Según el derecho marítimo inglés, hay que distinguir dos cosas: si a neutral ship15 transporta belligerent goods and persons, o contraband of war,16 consista esto último en cosas o en personas. En este último caso, el barco, con cargo y personas, debe ser seized and brought into a port for adjudication.17 En el primer caso —si no hay duda de que las goods (lo que con las personas es de por sí imposible) no han pasado a ser propiedad de los neutrales—, las belligerent goods o personas son confiscables on the high sea,18 mientras que el barco, etc., queda libre. Esta jurisprudencia —dejando aparte las authorities19— la ha hecho valer Inglaterra continuamente, como me he convencido repasando en el Cobbett's Register toda la trifulca con los neutrales desde 1793.20
Por otra parte, como los crownlawyers ingleses han reducido la cuestión a un error in forma y, por tanto, han reconocido a los yanquis el derecho a confiscar cualquier barco inglés que lleve beligerantes y remolcarlo a un puerto for adjudication, los yanquis pueden muy fácilmente —y en mi opinión lo harán— declarar que se dan por satisfechos con esta concesión, que en adelante no violarán la forma en las confiscaciones, etc., y entregar for the nonce21 a Mason y Slidell.
Si Pam quiere la guerra a toda costa, naturalmente puede provocarla. En mi opinión, ese no es su objetivo. Si los americanos actúan como yo supongo, Pam habrá dado al estúpido John Bull una nueva prueba de que es the truly English minister.22 Entonces el tipo podrá permitírselo todo. Aprovechará la ocasión:
para imponer a los yanquis el reconocimiento de la Declaración de París sobre los derechos de los neutrales, etc.;23
para, con ese pretexto, lo que hasta ahora no se ha atrevido a hacer, invitar y llevar al Parlamento inglés a sancionar la renuncia al old English maritime law24 que Clarendon firmó por encargo suyo (de Pam), a espaldas de la Corona y sin conocimiento del Parlamento.
Pam es viejo, y los rusos han intentado imponer desde Catalina II la declaración promulgada en París. Todavía les faltan dos cosas: la sanción del Parlamento inglés y la adhesión de los United States. Ambas se conseguirán en esta ocasión. El espectáculo bélico me parece solo un accesorio teatral para presentar al estúpido John Bull la renuncia definitiva a sus propias maritime laws en favor de Rusia como una victoria obtenida sobre los yanquis por el pluck25 del truly English minister.
Motivos accesorios del espectáculo bélico serían: desviar la atención de Polonia (ya que incluso tipos como Cunningham, de Brighton, exigen en mítines públicos la stoppage26 de los pagos pendientes del empréstito ruso-holandés)27 y desviarla de Dinamarca, donde Rusia está ocupada en este momento en apartar al heir presumptive28 que ella misma impuso, el Glücksburg.29
Of course, es posible que los yanquis no cedan, y entonces Pam se verá obligado a la guerra por sus preparativos y fanfarronadas de hasta ahora. Pero apostaría 100 contra 1 a que no.
Salut.
Tuyo, K. M.
«Mis relaciones con Freiligrath han cambiado tanto». Ferdinand Freiligrath (1810-1876), el poeta, antiguo redactor de la Neue Rheinische Zeitung, era en Londres director de la sucursal de un banco suizo; se había distanciado de Marx con el asunto Vogt. ↩
«Corre por las calles de Londres». ↩
«Operaciones». ↩
«Nulas, como no hechas». ↩
«Sin intervención de otras personas». ↩
«Banquero». ↩
Henry John Temple, vizconde de Palmerston (1784-1865), primer ministro británico desde 1859. ↩
«Pretexto». ↩
«Más o menos». ↩
«Engañado, tomado por tonto». ↩
Thomas Milner Gibson, presidente de la Junta de Comercio; William Ewart Gladstone, ministro de Hacienda; Sir George Cornewall Lewis, ministro de la Guerra; John Russell, ministro de Asuntos Exteriores. ↩
«En cuanto a la cuestión del derecho material». ↩
Los juristas de la Corona, asesores legales del gobierno británico. ↩
«Un error de forma, un tecnicismo, una sutileza jurídica». ↩
«Un barco neutral». ↩
«Mercancías y personas beligerantes» o «contrabando de guerra». ↩
«Carga»; «apresado y conducido a un puerto para que se juzgue». ↩
«Las mercancías»; «en alta mar». ↩
«Las autoridades» (los tratadistas de derecho). ↩
El Political Register, semanario de William Cobbett (1763-1835), publicado de 1802 a 1835. ↩
«Por esta vez». ↩
«El ministro verdaderamente inglés». ↩
La Declaración de París de 16 de abril de 1856, firmada al término de la guerra de Crimea, abolía el corso y protegía la mercancía enemiga bajo pabellón neutral, salvo el contrabando de guerra; los Estados Unidos no la suscribieron. Por Inglaterra la firmó el ministro de Asuntos Exteriores, lord Clarendon. ↩
«El viejo derecho marítimo inglés». ↩
«El coraje». ↩
«Suspensión». ↩
El empréstito contraído por Rusia con la casa Hope de Ámsterdam, cuyos intereses Inglaterra se había obligado a pagar en parte tras el Congreso de Viena. ↩
«Heredero presunto». ↩
Christian de Glücksburg (1818-1906), designado heredero del trono danés por el Protocolo de Londres de 1852; reinó desde 1863 como Cristián IX. ↩