Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 27 de mayo de 1862 (el lugar lo añaden los editores de la MEGA¹). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 776, pp. 72-74) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

27 de mayo de 1862.

Querido Frederick:

Las niñas y la whole family1 te dan las gracias de todo corazón por la cesta espirituosa.

Por la carta adjunta de Eichhoff reconocerás, encantadoramente retratado, el género de polémica que tanto le gusta al cura Kinkel.2 ¡Qué sería Gottfried sin su meacamas!

El doctor Klein, de Colonia,3 ha ganado 35 000 táleros en la lotería prusiana, cosa que creo que aún no te había escrito. Su boda con la señora Daniels4 se vuelve ahora probable, si él sigue con sus antiguas ideas.

Bernard, siempre muy excéntrico y que además se había agotado trabajando estas últimas semanas, ha caído, en efecto, en «alucinaciones». Lo único sucio del asunto es que se aprovechó en el acto la ocasión para encerrarlo, cosa del todo superflua, porque la familia a la que daba clases en Dorking quería hacerse cargo de cuidarlo y responder de él. Ditto Allsop.5 Pero la presencia de este último, que dio el dinero para el atentado de Orsini, y que volviera a estar con Bernard, inquietaban desde hacía tiempo a la policía bonapartista, por encargo de la cual la policía inglesa vigilaba a Bernard desde hacía mucho.

El sábado pasado recibí de mi compañía de gas un requerimiento sumario de pagarle 1 libra y 10 chelines de aquí al sábado que viene; si no (es el último aviso), me «cortan». Como estoy sans sou,6 no tengo más remedio que recurrir a ti en esta porquería.

Volar el Merrimac7 me parece una evidente cobardía por parte de esos marranos confederados. Los perros aún podían arriesgar algo. Es de una belleza maravillosa cómo el Times (que defendió con tanto celo todas las coercion bills8 contra Irlanda) se lamenta de que «la libertad» tendrá que perderse si el Norte tiraniza al Sur. El Economist tampoco tiene desperdicio. En su último número declara que la suerte financiera de los yanquis —que su papel moneda no se deprecie— le resulta incomprensible (aunque la cosa es de una sencillez palmaria). Hasta ahora había consolado a sus lectores, semana tras semana, con esa depreciación. Y ahora que confiesa que no entiende lo que es de su oficio y que ha engañado a sus lectores al respecto, los consuela con sombríos reparos sobre las «operaciones militares», de las que oficialmente no entiende nada.

Lo que facilitó extraordinariamente a los yanquis las operaciones con papel moneda (dando por supuesto lo principal, la confianza en su causa y, por tanto, en su gobierno) fue, sin duda, que a consecuencia de la secesión el Oeste se quedó casi desprovisto de papel moneda, es decir, de circulating medium9 en general. Todos los bancos cuyas principales securities10 consistían en bonds11 de los slave states12 quebraron. Además, se esfumaron millones en currency13 que circulaban en el Oeste directamente en billetes de los southern banks.14 Y luego los yanquis, en parte a consecuencia del arancel Morrill15 y en parte por la guerra misma, que acabó en gran medida con la importación de artículos de lujo, tuvieron durante todo ese tiempo a su favor, frente a Europa, la balanza comercial y, por tanto, el tipo de cambio. Un tipo de cambio desfavorable habría podido afectar gravemente a la confianza patriótica de los filisteos en el papel.

Por lo demás, ¡qué ridícula esa preocupación de John Bull por los intereses de la deuda pública que tendrá que pagar el Tío Sam! Como si no fueran una bagatela al lado de la deuda pública de Bull, y como si, además, los United States no fueran hoy sin duda más ricos de lo que eran los Bull en 1815, con sus mil millones de deuda.

¡Qué bien ha metido Pam a Bonaparte en el lío de México!

Ahora estoy —aunque solo sea por desesperación— trabajando de firme y escribiendo como un condenado; me refiero a la cosa de economía.16 En la Presse sale un artículo por semana. Tampoco les mando más, de acuerdo con la carta del señor Friedländer.17

Salut.

Tuyo, K. M.

Mis saludos a Mrs. Bortman and sister.18

  1. «Toda la familia». ↩

  2. Gottfried Kinkel (1815-1882), poeta y profesor, teólogo de formación, figura de la emigración democrática alemana en Londres, al que Marx y Engels llamaban burlonamente «el cura». ↩

  3. Johann Jacob Klein, médico de Colonia, absuelto en el proceso de los comunistas de 1852. ↩

  4. Amalie Daniels, viuda de Roland Daniels (1819-1855), médico de Colonia, amigo de Marx y acusado en el mismo proceso. ↩

  5. «Lo mismo» Allsop. Thomas Allsop (1795-1880), radical inglés que había comprado en Inglaterra las bombas del atentado de Felice Orsini contra Napoleón III (1858). ↩

  6. «Sin un céntimo». ↩

  7. El acorazado confederado Merrimac (rebautizado Virginia), volado por su propia tripulación el 11 de mayo de 1862 al abandonar los confederados Norfolk. ↩

  8. «Leyes de coerción»: las leyes de excepción votadas una y otra vez por el Parlamento británico contra Irlanda. ↩

  9. «Medio de circulación». ↩

  10. «Valores», «garantías». ↩

  11. «Bonos». ↩

  12. «Estados esclavistas». ↩

  13. «Moneda», «billetes en circulación». ↩

  14. «Bancos del Sur». ↩

  15. El arancel proteccionista aprobado por el Congreso de los Estados Unidos en marzo de 1861 a propuesta de Justin Morrill. ↩

  16. El manuscrito económico de 1861-1863, continuación de la Contribución a la crítica de la economía política (1859). ↩

  17. Max Friedländer (1829-1872), primo de Lassalle, redactor de Die Presse de Viena. ↩

  18. «A la señora Bortman y a su hermana». ↩