Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 8 de agosto de 1862. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 791, pp. 93-94) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 8 de agosto de 1862.
Querido Mohr:
Si te hice la cuenta de mis gastos, no fue en absoluto con la intención de quitarte las ganas de seguir «apretando», como tú dices. Al contrario, creo que también en adelante nos ayudaremos mutuamente siempre que se pueda, y para el caso da exactamente igual cuál de los dos es en este momento el que «aprieta» y cuál el «apretado»; los papeles pueden volver a cambiar. El único motivo de toda la exposición era demostrarte que de momento me era imposible reunir más de las 10 libras.
Las 15 libras de Lassalle las habrás reclamado enseguida al contado, ¿no?, ¿o cómo hay que entender lo de «hasta enero»? ¿Es que no piensa pagar hasta entonces? En cuanto a letras de cambio, puedo girar contra Lassalle a tres, y si es posible a cuatro meses fecha, por 40 à 45 libras, digamos, o unos 260 a 300 táleros, si Borkheim quiere convertirlas en dinero. También puedo mandarte otras 10 libras al contado si hago esperar a Borkheim hasta septiembre por el dinero que le debo del vino. Eso daría 10 de mi parte, 45 por la letra y 15 de Lassalle: summa, 70 libras. Con eso yo quedaría, eso sí, completamente agotado por bastante tiempo, pero eso no importaría si con ello salieras del atolladero y Jennychen pudiera ir a la seaside.1 Como Borkheim tiene que hacer continuamente pagos en el continente —y sabe que yo tengo que cubrir la letra en cualquier caso, si no quiero arruinar aquí mi posición—, puedes ir tranquilamente a verle y preguntarle si le conviene hacernos de intermediario. Puedes decirle que, con la mala época que pasa el algodón, estoy obligado a sacar de la firma el menor dinero posible y que por eso prefiero este procedimiento. Tú tienes en este asunto aún menos motivos que yo para cortarte con él; así que ve enseguida y arregla la cosa para que yo pueda girar en el acto contra el señor barón.
Lupus llegó el lunes con gripe y reúma, que lo tuvieron en Londres un día en cama, el único que estuvo allí; en cuanto se encontró algo mejor se vino directamente. Esa es la razón de que no fuera a verte. Ahora está mejor, pero in monetibus2 también completamente vaciado, y vino enseguida a verme por las 10 libras.
Por lo demás, tienes que dar sin remedio otro golpe financiero, porque si no, no veo de ningún modo cómo vamos a cubrir el hueco de la Tribune. Los otros periódicos de Nueva York tampoco están en condiciones de sustituirte a la Tribune ni de lejos; aunque el intento, en una ocasión adecuada, no podría hacer daño: siempre caería algo. El libro, con 30 pliegos, daría en el mejor de los casos unas 70 libras; pero ¿cómo está lo de Brockhaus?3 ¿Has acordado algo de eso con Lassalle? ¿Y cuánto falta todavía? Con la Allgemeine Militär-Zeitung he vuelto a entablar relación y veré cómo va, aunque allí el máximo es un artículo cada seis semanas. ¿Podrías conseguirme, por medio de tu Mussures o de otro modo, la colaboración en cosas militares en algún periódico inglés de Londres? Pero todo esto son cosas secundarias, y si no inventamos el arte de cagar oro, difícilmente quedará otra salida que sacarles a tus parientes algo de una manera o de otra. Réfléchis-là-dessus.4
Sobre los planes de guerra de Lassalle y tu teoría de la renta —en la que todavía no veo nada clara la existencia de la renta «absoluta», porque eso primero tendrías que demostrarlo—, uno de estos días. Tengo unas almorranas espantosas y no puedo seguir sentado.
Saluda a la family.
Tuyo, F. E.