Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 15 de noviembre de 1862. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 807, pp. 108-110) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 15 de noviembre de 1862.
Querido Mohr:
Tienes razón, estoy muy blank1 y me dedico intensamente a hacer «economías», como el gobierno prusiano. Con la esperanza de cubrir este déficit con vida casera en Hyde Road,2 te mando adjunto el billete de cinco libras O/L 28076, Manchester, 28 de enero de 1862. Al mismo tiempo sale para ti, por Chaplin and Horne,3 una cesta de vino con cerca de una docena de burdeos y 2 botellas de vino del Rin viejo de 1846 para Jennychen, y el resto completado con vino del Rin de 1857. En total, 24 botellas.
Espero con impaciencia el vapor que traiga las noticias de las elecciones de Nueva York. Si los demócratas ganan en el estado de Nueva York,4 ya no sé qué pensar de los yanquis. Que un pueblo puesto ante un gran dilema histórico, en el que se trata a la vez de su propia existencia, pueda volverse reaccionario en su masa después de 18 meses de lucha y votar por rendirse, me sobrepasa un poco, la verdad. Por bueno que sea, por un lado, que la república burguesa haga también en América un ridículo completo, de modo que en el futuro no se la pueda volver a predicar nunca on its own merits,5 sino solo como medio y forma de transición a la revolución social, da rabia, sin embargo, que una oligarquía piojosa con solo la mitad de habitantes se muestre tan fuerte como la democracia torpe, grande y desvalida. Por lo demás, si ganan los demócratas, el bueno de McClellan y los de West Point6 tendrán viento en popa, y la gloria se acabará pronto. Esos tipos son capaces de hacer la paz si el Sur vuelve a la Unión on condition7 de que el presidente sea siempre un Southerner y el Congreso se componga siempre a partes iguales de Southerners y Northerners.8 Son capaces incluso de proclamar enseguida a Jefferson Davis9 presidente de los United States y de entregar todos los Border States, si no hay paz de otro modo. Entonces, adiós, América.
De la emancipación de Lincoln tampoco se ve hasta ahora más efecto que el de que el Noroeste ha votado a los demócratas por miedo a una inundación de negros.
Para bajar de lo más grande a lo más pequeño, ¿qué dices del bueno de Guillermo? El tipo por fin vuelve a ser él mismo; ha hecho penitencia por sus pecados liberales y le ha dicho a la coja Isabel:10 mater peccavi.11 A cambio, el Señor le ha dotado de poder para azotar a la escrofulosa chusma de los liberales, y para eso, dice Guillermo, «para eso necesito a los militares». El tipo está tan rabioso que ni siquiera Bismarck es ya bastante reaccionario. «Que eres tonto, Schapper, lo sabemos, y lo sabes tú mismo, pero tan tonto», etc., etc.12 La cosa va de maravilla, y no podía salir más bonita: que la burguesía liberal, 14 años después de 1848, se vea empujada al dilema revolucionario más extremo por unos miserables 6 millones de táleros, unas 850 000 libras esterlinas.13 Con tal de que el viejo burro no vuelva a aflojar. Está, es cierto, en la mejor racha, pero con estos prusianos no se puede contar con nada, ni siquiera con su estupidez. Si esto sigue así, el tumulto es del todo inevitable, y si se llega al extremo, Guillermo se va a llevar una sorpresa con la manera en que «los militares» tendrán su palabra, es decir, los soldados rasos, que se negarán a batirse por los tres años de servicio contra los dos.14
Saludos cordiales a tu mujer y a las chicas.
Tuyo, F. E.
¡Apropos!
Mándame los 4 últimos números de la Free Press;15 aquí no consigo nunca tenerlos si no voy justo el día, cosa que siempre olvido.
«Sin blanca». ↩
Donde Engels vivía con Mary Burns. ↩
Empresa de transportes. ↩
En las elecciones de noviembre de 1862 el demócrata Horatio Seymour ganó el gobierno del estado de Nueva York. ↩
«Por sus propios méritos». ↩
Los oficiales salidos de la academia militar de West Point. ↩
«Con la condición». ↩
«Sudista»; «sudistas y norteños». ↩
Jefferson Davis (1808-1889), presidente de los Estados Confederados. ↩
Isabel de Baviera (1801-1873), viuda del rey Federico Guillermo IV. ↩
«Madre, he pecado». ↩
Karl Schapper (1812-1870), uno de los jefes de la fracción Willich-Schapper en la escisión de la Liga de los Comunistas de 1850. ↩
El gasto anual de la reforma del ejército que la Cámara de diputados prusiana negaba al gobierno. ↩
La reforma del ejército de Guillermo I y de Roon imponía tres años de servicio en filas; la oposición liberal defendía dos. ↩
The Free Press, revista de David Urquhart. ↩