Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 8 de abril de 1863. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 828, pp. 134-136) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 8 de abril de 1863.

Querido Mohr:

Hace 6 días que ando con la idea de escribirte y siempre me han interrumpido. Sobre todo el buen Eichhoff.1 El pobre diablo se ha dejado engañar tan por completo en Liverpool por tenientes prusianos fugados y estafadores comerciales que ha sacado unas 100 £ de deudas, over and above2 el capital que no él, sino su socio, ha despilfarrado. Viene seguro, dice; se quedará algún tiempo, aceptará cualquier empleo que se le ofrezca, se hace el muy misterioso con lo que hace aquí, etc. Pero pronto se ve que, en lugar de buscar empleo, se dedica a toda clase de misteriosos negocios de agencia, y ahora tengo claro que aquí hace para el pequeño Dronke, que se ha metido muy a fondo en ese ramo, blockaderunning business to the Confederate States.3 De ahí todo el secreto, que con la greenness4 de nuestro amigo (que de verdad pasa de todos los límites) se le escapa a cada momento. Enfin,5 el tipo tiene ahora poco que hacer y por las tardes me cae encima a cada momento. Como tampoco me habla claro, naturalmente no puedo ni siquiera hacer gestiones por él, salvo en los casos directos en que me pide consejo.

Me temo que lo de Polonia sale mal. En el Reino6 parece que ya se nota la derrota de Langiewicz, y si el movimiento lituano, que es con mucho el más importante, porque 1. va más allá de las fronteras de la Polonia del Congreso y 2. porque aquí los campesinos participan más y hacia Curlandia el asunto se vuelve directamente agrario —si este no avanza muy bien y reanima el movimiento en el Reino, no creo que haya grandes posibilidades. La conducta de Langiewicz me parece muy dudosa. Qué partido rompió primero el pacto de alianza, absolutamente necesario para el éxito de la insurrección, será difícil de establecer. Pero sería interesante saber hasta qué punto son ciertos los rumores que alían a Mierosławski, por un lado, y a Kościelski, por otro, con Plon-Plon. Branicki,7 si no me equivoco, era ya plonplonista desde hacía mucho.

El buen Kugelmann parece tener contigo, desde luego, unas intenciones nobilísimas. Que la gente de genio también tenga que comer, beber, tener casa e incluso pagar por ello es un pensamiento demasiado prosaico para estos honrados alemanes como para que puedan siquiera tenerlo; casi equivaldría a una ofensa. Me gustaría saber quién ha sido el listo que le ha contado que yo reniego de mi libro.8 Supongo que tú sacarás de dudas al buen hombre sobre este punto. En cuanto a la nueva edición (que, según las premisas, sería además anything but9 oportuna), desde luego no es el momento, cuando toda la energía revolucionaria se ha esfumado casi por completo del proletariado inglés y el proletario inglés se declara del todo conforme con la dominación de la burguesía.

He leído las cosas nuevas de Lyell y Huxley,10 las dos muy interesantes y bastante buenas. Lyell tiene todavía más fraseología, pero también algunos chistes finos, p. ej. cuando, después de citar en vano a todos los naturalistas para establecer una diferencia cualitativa entre el hombre y el mono, cita por último al arzobispo de Canterbury, que sostiene que el hombre se distingue del animal por la religión. Por lo demás, ahora llueven aquí de verdad los ataques contra la vieja fe, y por todos lados. Pronto se verán obligados a fabricar, para proteger la religión, un aguado sistema de racionalismo. En la Edinburgh Review, Owen11 hace que alguien le conteste a Huxley; la respuesta concede todos los puntos esenciales en el fondo y solo discute por expresiones.

El pequeño Dronke parecía considerar algo enormemente heroico querer levantar 250 £ con su banquero sobre mi aceptación,12 e incluso cargar con los gastos e intereses, que no llegaban a 15 £. Que yo, frente a semejante heroísmo, no quisiera comprometerme a reunir las 250 £ en el plazo de un año —tú sabes mejor que nadie por qué no podía—, le pareció de lo más mesquin13 por mi parte. Te aseguro que, de no haber sido por ti, le habría dado una patada en el culo al pequeño Lumpazius.14 Del disgusto me emborraché y en plena borrachera te escribí una carta furiosa sobre el asunto, en la que habrá cosas bonitas, porque no tengo absolutamente ningún recuerdo de lo que escribí. Pero para que veas cómo fue de verdad la cosa, he vuelto a mencionar ahora el asunto.

Vale.15 Tuyo, F. E.

  1. Karl Wilhelm Eichhoff (1833-1895), periodista berlinés, emigrado en Inglaterra desde 1861. ↩

  2. «Además de». ↩

  3. «Negocio de burlar el bloqueo hacia los Estados Confederados». ↩

  4. «Ingenuidad», «candidez». ↩

  5. «En fin». ↩

  6. El Reino de Polonia (la llamada Polonia del Congreso), sometido al zar. ↩

  7. Ludwik Mierosławski (1814-1878), Władysław Kościelski y Ksawery Branicki, emigrados polacos. ↩

  8. La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845); véase nuestra traducción. ↩

  9. «Cualquier cosa menos». ↩

  10. Charles Lyell, The Geological Evidences of the Antiquity of Man (Londres, 1863); Thomas Henry Huxley, Evidence as to Man's Place in Nature (Londres, 1863). ↩

  11. Richard Owen (1804-1892), anatomista y naturalista, adversario de Darwin y de Huxley. ↩

  12. Es decir, sobre una letra de cambio aceptada por Engels. ↩

  13. «Mezquino». ↩

  14. Por el protagonista de la farsa de Johann Nestroy Der böse Geist Lumpazivagabundus (1833): un vagabundo, un pelagatos. ↩

  15. «Adiós». ↩