Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 29 de abril de 1864. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 853, pp. 167-169) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 29 de abril de 1864.
Querido Mohr:
Supongo que por fin te habrás librado de la forunculosis. Mientras tanto, Lupus1 sufre horrores con los dolores de cabeza reumáticos que ya tenía cuando estuviste aquí y que desde entonces no le han dejado, sino que, al contrario, han ido a peor, de modo que hace semanas que no duerme como es debido. Ya ha tenido que volver a guardar cama varias veces, y el cerdo de Borchardt2 no hace nada contra eso, le trata con cólquico el poquito de gota que tiene Lupus en el dedo del pie (que ahora no le molesta en absoluto, mientras que los dolores de cabeza y el insomnio le están hundiendo de verdad) y ni siquiera le da de vez en cuando un poco de opio. He hablado un par de veces con Lupus bastante en serio de este asunto, pero ya sabes lo poco que sirve. Cree estar en deuda con Borchardt, y no hay nada que hacer. ¡Lo único que ha hecho el quack3 ha sido mandar que le sacaran 10 onzas de sangre con ventosas! Anteayer. Esta noche vuelvo a casa de Lupus a ver cómo sigue. Hace 3 semanas yo también tuve un ataque violento y muy doloroso de reumatismo de los músculos respiratorios, pero Gumpert4 me lo curó en 24 horas.
El sainete de Garibaldi ha tenido un final digno. La manera en que pusieron al tipo de patitas en la calle, después de que los swells5 se lo hubieran quedado mirando boquiabiertos durante 8 días, es de lo más grandioso y solo puede pasar en Inglaterra. Para cualquier otro que no fuera Garibaldi eso sería la ruina, y aun para él el ridículo será siempre enorme: haberle servido a la aristocracia inglesa de nine days wonder6 y luego verse echado a la calle. Le han tratado como a un puro romántico. Cómo ha podido prestarse a eso ese hombre, y cómo ha podido ser tan tonto de ver en esos Dundrearys7 al pueblo inglés. Sea como sea, quien ahora no vea claro el carácter totalmente burgués del caballero, ya no habrá quien se lo aclare. Porque el respeto a la prensa inglesa, eso es casi peor todavía que el respeto a los peelers.8 Y el exit, el exit supera todo lo demás.
Pero también nuestro amigo Bismarck es una lumbrera. De él puede decirse incluso: n'est pas Soulouque qui veut.9 Primero imitó de Bonaparte las amonestaciones a la prensa, y ahora manda al bueno del cabo Guillermo a Schleswig para convencer a la gente de que vote la anexión a Prusia. Este burro parece imaginarse que Saboyas y Nizas10 se encuentran a montones en plena calle y que basta con agacharse a recogerlos. Por lo demás, el Dagblad11 dice con mucha razón que, después de la toma de Düppel, reina en la prensa reaccionaria prusiana tal euforia, y los tipos se sienten tan por encima de todo, que se puede contar con seguridad con una caída muy próxima y muy profunda de la banda.
Me ha sorprendido un tanto el ejército prusiano en el asalto.12 El ataque se hizo con 4 brigadas (24 batallones) contra 4 brigadas danesas (16 batallones), así que de ninguna manera con una superioridad numérica desproporcionada para semejante asalto. Es cierto que el fuego de la artillería había ablandado mucho a los daneses, pero eso también les pasó, y más, a los rusos en Sebastopol. Pero que los prusianos tomaran en 20 minutos los 6 primeros reductos, y luego en 2 horas —NB. sin orden, porque el buen príncipe13 quería darse por satisfecho con aquello— toda la península, incluida la cabeza de puente, y causaran a los aproximadamente 13 000 daneses una pérdida de 5000 hombres, es más de lo que se podía esperar de esos mozos. Por lo demás, recordarás que yo siempre he dicho que las armas de fuego prusianas —fusil y cañón— eran las mejores del mundo, y eso se ha confirmado aquí. Pero, en cambio, la conferencia mostrará pronto qué marionetas de diplomáticos tienen. Entre Rusia, Boustrapa y Palmerston, y con ayuda de la «graaan» política de Bismarck,14 la «caída» no se hará esperar mucho tras la soberbia. Pero ¿cómo andan de dinero? Los 22 millones del tesoro del Estado y los 6 millones del préstamo de los ferrocarriles ya se los tienen que haber bebido, ¿y luego qué?
Pronto me plantaré ahí un viernes por la noche, claro está que no sin escribírtelo antes.
Escríbeme pronto y saluda a la family.
Tuyo, F. E.
Wilhelm Wolff (1809-1864), el viejo amigo de Marx y Engels que vivía en Manchester; moriría el 9 de mayo de 1864. ↩
Louis Borchardt, médico alemán en Manchester. ↩
«Matasanos». ↩
Eduard Gumpert, médico alemán en Manchester, amigo de Marx y Engels. ↩
Los «encopetados», la buena sociedad. ↩
«Maravilla de nueve días», es decir, sensación pasajera. ↩
Lord Dundreary, el aristócrata necio de la comedia de Tom Taylor Our American Cousin (1858), proverbial en Inglaterra. ↩
Los policías ingleses, así llamados por sir Robert Peel, que creó la policía de Londres. ↩
«No es Soulouque quien quiere». Faustin Soulouque (1782-1867), presidente y luego emperador de Haití, cuya parodia del ceremonial imperial servía en la prensa de oposición francesa para burlarse de Napoleón III. ↩
Saboya y Niza, que Napoleón III se anexionó en 1860 tras un plebiscito. ↩
Dagbladet, diario de Copenhague. ↩
El asalto prusiano a los reductos daneses de Düppel (Dybbøl), en Schleswig, el 18 de abril de 1864. ↩
El príncipe Federico Carlos de Prusia (1828-1885), que mandaba las tropas prusianas. ↩
Graußen en el original, al parecer deformación burlona de großen, «grande». ↩