Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 10 de febrero de 1866 en papel con membrete del Albert Club de Manchester. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 955, pp. 307-308) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 10 de febrero de 1866.
Querido Mohr:
Acabo de ver aquí a Gumpert1 y he tratado con él de tu estado. Es decididamente de la opinión de que pruebes el arsénico. Lo ha empleado en un caso de ántrax y en otro de forunculosis muy violenta, y en unos tres meses ha logrado la curación completa. Ahora se lo está dando a tres mujeres, y hasta el momento con el mejor resultado: se ponen gordas y lustrosas. Lo que receta es la solución de Fowler,2 creo que tres gotas tres veces al día (eso ya no lo sé con tanta exactitud), pero en total viene a tocar al paciente alrededor de 1 grano de arsénico diario.3 Dada la acción específica del arsénico en todas las enfermedades de la piel, también aquí hay toda perspectiva de que surta efecto. El hierro, opina, solo puede actuar como tónico y sobre los síntomas. Además, con el arsénico no hay que guardar ninguna dieta especial: basta con vivir bien.
De verdad que tienes que hacer de una vez algo sensato para salir de esta historia de los ántrax, aunque el libro se retrase con ello otros tres meses. La cosa se está poniendo de verdad demasiado seria, y si tu cerebro, como tú mismo dices, no está up to the mark4 para las cuestiones teóricas, déjalo descansar un poco de la alta teoría. Deja una temporada el trabajo nocturno y lleva una vida algo más regular. Cuando vuelvas a estar en forma, vente aquí quince días o así, para que cambies un poco de aires, y tráete tantos cuadernos como quieras para trabajar aquí algo, si te parece. Por lo demás, los 60 pliegos dan para dos tomos gordos. ¿No puedes arreglarlo para que al menos el primer tomo vaya antes a la imprenta y el segundo unos meses después? Así quedan contentos el editor y el público, y realiter5 no se pierde tiempo.
Piensa también que, tal como están ahora las cosas, la situación puede cambiar deprisa en el continente. En Prusia la historia va estupendamente deprisa. Bismarck lo lleva todo deprisa al extremo. Primero la resolución del Tribunal Supremo, y ahora la amenaza de una interpretación auténtica de la constitución a cargo del rey.6 La última ilusión de los filisteos sobre un desarrollo histórico pacífico se ha ido al diablo. El primer empujón que venga, aunque solo sea una complicación seria por lo de Schleswig-Holstein,7 puede hacer que la cosa estalle en cuanto las tropas estén concentradas en la frontera; aunque yo mismo no creo que pase nada sin un empujón más general, pero la posibilidad está ahí. ¿De qué servirá entonces que quizá estén listos unos cuantos capítulos del final de tu libro, si ni siquiera puede ir a la imprenta un primer tomo cuando los acontecimientos nos cojan por sorpresa? También en Francia puede pasar algo cualquier día, y en Austria el intento de reconciliación con Hungría8 no puede conducir más que a una ruptura más aguda.
Facit:9 procura ponerte bueno y, ad hoc, prueba con el arsénico.
Tuyo, F. E.
Muchos recuerdos a Madame y a las young ladies.10
Eduard Gumpert, médico alemán de Manchester, amigo de Engels y de Marx. ↩
Disolución de arsenito potásico, remedio de la época contra las enfermedades de la piel. ↩
El grano, unidad de peso de los boticarios, equivalía a unos 65 miligramos. ↩
A la altura. ↩
En realidad. ↩
En el conflicto constitucional prusiano, el Tribunal Supremo (Obertribunal) había resuelto en enero de 1866 que los diputados podían ser procesados por sus discursos en la Cámara, contra lo que garantizaba la constitución; Bismarck amenazaba además con que el rey diera por sí mismo una interpretación de la constitución. ↩
Los ducados arrebatados a Dinamarca en 1864, cuya administración enfrentaba a Prusia y Austria. ↩
Las negociaciones que llevarían al Compromiso austrohúngaro de 1867. ↩
Conclusión. ↩
Señoritas. ↩