Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 22 de febrero de 1866. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 959, pp. 310-311) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 22 de febrero de 1866.

Querido Mohr:

Gracias por Klein Zaches, etc., que tomo como prueba de que has recibido las 10 £.

Vengo ahora mismo de ver a Gumpert, al que, por mi gripe y por no haberlo encontrado varias veces, no he podido ver hasta esta noche. Opina que debes empezar enseguida con el arsénico. No puede hacerte daño en ningún caso, solo bien. Lo que dice Allen,1 que no te conviene, es una tontería. Además, el tratamiento con cataplasmas también le parece un disparate: solo favorecen la inflamación de la piel, que es justo lo que hay que reprimir, y en cambio no favorecen la supuración. Las compresas de hielo serían mucho mejores, pero mientras estés en manos de Allen, naturalmente solo se podrían aplicar si él las recetara. Pero, sobre todo, aire de mar, para que recuperes las fuerzas. Un sitio de la costa sur sería preferible, porque en esta época del año allí hace más días buenos que aquí arriba, pero si prefieres estar cerca de Gumpert, aquí en la costa hay sitios de sobra within an hour's ride from Manchester.2

Ya ves que he conseguido hacer cambiar de idea a Gumpert, de modo que ahora insiste en que tomes el arsénico enseguida, incluso mientras Allen te siga tratando por fuera, cuando antes no quería saber nada de ello por razones de etiqueta. Pero ahora hazme el favor de tomarte el arsénico, y vente aquí en cuanto tu estado lo permita como sea, para que de una vez por todas te pongas mejor. Con este eterno titubear y dar largas no haces más que arruinarte; nadie puede aguantar a la larga esta historia crónica de los ántrax, aparte de que al final puede salirte uno que tome tal forma que te lleve por delante. ¿Y dónde quedan entonces tu libro y tu familia?

Sabes que estoy dispuesto a hacer lo posible, y en este caso extremo incluso más de lo que podría arriesgar en otras circunstancias. Pero sé también razonable y haznos a mí y a tu familia el único favor de dejarte curar. ¿Qué va a ser de todo el movimiento si te pasara algo? Y tal como procedes, tiene que pasar. De verdad, no tengo descanso ni de día ni de noche hasta haberte sacado de esta historia, y cada día que no sé nada de ti estoy intranquilo y pienso que has vuelto a empeorar.

Notabene. Que no vuelvas a dejar que se llegue a no sajar un ántrax que habría que haber sajado. Eso, dice, es sumamente peligroso.

Muchos recuerdos a las ladies.

Tuyo, F. E.

  1. El doctor Allen, médico de la familia Marx en Londres. ↩

  2. A menos de una hora de tren de Manchester. ↩