Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que estaba entonces en Margate, escrita en Manchester el 10 de abril de 1866. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 973, pp. 324-326) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 10 de abril de 1866.
Querido Mohr:
Por lo que parece, los rusos quieren la guerra; el fin parece ser el restablecimiento de Polonia bajo dominio ruso y, a ser posible, la anexión de Moldavia. La Kölnische Zeitung, que naturalmente tiene un miedo cerval a la guerra, ha mandado a Bohemia a J. von Wickede,1 su experto militar, para que inspeccione los supuestos armamentos austriacos. El tipo llega allí —el 3 de abril, es decir, 14 días después de la nota de Bismarck—2 y se encuentra en todas partes el más completo pie de paz; solo que un par de regimientos bohemios se han trasladado a sus distritos del oeste para poder ponerse más deprisa en pie de guerra. Ni un solo hombre de permiso llamado a filas, ni una fortaleza artillada, nada. Así que todo el escándalo lo ha provocado Bismarck a propósito.
Además: los rusos concentran tropas en la frontera austriaca y en la frontera prusiana de Polonia, y los soldados cuentan abiertamente que los que están en la frontera prusiana ocuparán próximamente Posen en cuanto las tropas prusianas salgan contra los austriacos. Aparte de que así los rusos se aseguran de paso el resto de la Polonia prusiana, tendrán también la misión de aplastar los posibles movimientos revolucionarios de Berlín. Pero eso sería, con toda probabilidad, un cálculo equivocado y, en todo caso, haría imposibles a los Hohenzollern en el futuro.
Por último, el artículo de fondo del Times de hoy, que, de forma tonta, mentirosa y torpe, pero decidida, se pasa al lado prusiano y presenta a Austria como la parte agresora. Está escrito por encargo.
Después de esto la guerra me parece segura y, por la nueva nota austriaca que apela a la Confederación3 y por la propuesta de monsieur Bismarck de un Parlamento alemán4 —¡qué animal tiene que ser el tipo para creer que eso le serviría de algo, ni un átomo!—, inevitable también por razones internas de Alemania. La nota austriaca parece presuponer la conciencia de que al final se llegará a las manos. Si no, por lo menos se habrían dejado abierta la puerta trasera de facilitar la retirada a los prusianos con la dimisión de Bismarck. Pero en cuanto apelan a la Confederación, eso se acaba; a una mayoría de la Confederación no se somete tampoco otro ministerio prusiano.
Bonaparte seguramente se estará quieto, al menos por ahora; Bismarck ya le ha ofrecido Saarbrücken, etc., y en caso de necesidad le regala también el Palatinado bávaro. Si ve a los rusos comprometidos del lado prusiano, no se meterá en nada arriesgado.
Si de verdad se llega a las manos, por primera vez en la historia el curso de las cosas depende de la actitud de Berlín. Si los berlineses se lanzan en el momento oportuno, la cosa puede salir bien; pero ¿quién se puede fiar de esos?
En cuanto al Congreso de la Internacional, no veo bien cómo pensáis esquivarlo. Tampoco veo que un nuevo aplazamiento fuera a mejorar mucho las cosas. Après tout,5 toda manifestación de este tipo será siempre en cierto sentido —al menos ante nosotros mismos— un ridículo. ¿Pero ante Europa? Creo que eso todavía se puede evitar. Los alemanes, por sus capacidades políglotas, tendrían en la mano todo el asunto, y los alemanes son justamente nuestra gente. Que el Congreso acuerde algo bueno es secundario con tal de que se pueda evitar todo escándalo, y eso, a estas alturas, seguramente será así. Acuerdos generales de naturaleza teórica, o que se refieran al apoyo internacional a las huelgas, etc., podrán tomarse sin peligro. Pero eso tú debes de saberlo mejor que yo; desde aquí no puedo juzgarlo bien. Ahora, yo en ningún caso iría por eso a París. No te protege nadie y la policía, por tanto, te echará mano sin miramientos: emisario de una sociedad obrera pública de tendencia abiertamente revolucionaria, detrás de la cual se pueden meter fácilmente otras cosas secretas, cela suffit.6 Todo el asunto no vale la pena el riesgo.
Más vale que te quedes todavía en Margate hasta que el último sitio curado haya perdido del todo la irritación, y que camines a buen paso al aire libre. Quién sabe lo pronto que volverás a necesitar un buen corpachón. La atmósfera está muy cargada de electricidad, y quizá pronto estemos otra vez en plena tormenta; eso ayudará seguramente también a salvar la dificultad del Congreso.
Algo de dinero te lo consigo lo antes posible. También intentaré ver a Gumpert7 y preguntarle por cuándo acabar la cura de mar y cómo tienes que arreglarte luego con el arsénico.
Tuyo, F. E.
Julius von Wickede, oficial y escritor militar alemán, colaborador de la Kölnische Zeitung. ↩
La nota circular de Bismarck a los gobiernos alemanes del 24 de marzo de 1866, que acusaba a Austria de prepararse para la guerra. ↩
La Confederación Germánica, cuya Dieta federal se reunía en Fráncfort. ↩
El 9 de abril de 1866 Prusia propuso en la Dieta federal reformar la Confederación y convocar un Parlamento alemán elegido por sufragio universal. ↩
«Después de todo». ↩
«Con eso basta». ↩
Eduard Gumpert, médico alemán de Manchester, amigo de Engels y de Marx. ↩