Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 7 de julio de 1866. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 987, pp. 343-345) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

7 de julio de 1866.

Dear Fred:

D'abord,1 mi más cordial agradecimiento por el suministro californiano.2 Con todo, no me ha sido posible pagar al landlord,3 que vuelve a tener dos trimestres por cobrar. Tuve que dar ante todo pagos a cuenta a los tipos que me atormentan a diario y a todas horas.

En cuanto a mi estado de salud, durante las dos últimas semanas he vuelto a bregar de firme y espero terminar a finales de agosto el primer tomo, que voy a publicar por separado, si conservo este grado de salud. Desde luego, me veo obligado a seguir tomando a diario la medicina para el hígado de Gumpert, porque si no caería enseguida en barbecho. Pregunta: ¿es compatible con ella el arsénico (que dejé hace ya muchas semanas)? Lo pregunto porque desde hace cuatro días vuelve a asomar un comienzo de ántrax sobre el esternón, a la derecha. Más que a todas las medicinas se lo debo al burdeos. Por lo demás, solo trabajo de día, porque el intento esporádico de trabajar de noche (una o dos veces) tuvo enseguida consecuencias muy desfavorables.

Antes de pasar a lo general, tradúceme al alemán «put stretches upon the mule» y dime cómo se llama en alemán «picks» en el tejido. ¿Qué es el «flyer» en la mule?4

Las manifestaciones obreras de Londres, fabulosas comparadas con lo que hemos visto en Inglaterra desde 1849, son obra pura y exclusivamente de la «Internacional». Mr. Lucraft,5 f. i.,6 el capitán de Trafalgar Square, is one of our council.7 Aquí se ve la diferencia entre actuar entre bastidores y desaparecer en público y la manera de los demócratas de darse importancia en público y no hacer nada.

El Commonwealth va a reventar pronto. Fox8 lo deja la semana que viene. ¡A propósito! Stumpf me escribe desde Maguncia que entre los obreros crece de día en día la demanda de tu libro «Situación, etc.»9 y que tienes que hacer sin falta la segunda edición, aunque solo sea por razones de partido. Opina también, por su experiencia personal, que en cuanto acabe la guerra «la cuestión obrera» pasará en Alemania al primer plano de manera notable.

Freiligrath ha soltado una pequeña cagarruta lírico-melancólica sobre la guerra fratricida, que su hija Kate ha vertido al inglés en el Athenaeum de hoy.10

Después de una gran derrota de los prusianos, que quizá (¡pero los berlineses!) habría llevado a una revolución, no podía pasar nada mejor que su inmensa victoria. Thiers había denunciado la política de Bonaparte de ayudar a «hacer» Prusia con tal éxito (porque, después de los ingleses, al único al que odia de verdad el francés es al prusiano)11 que Boustrapa12 tuvo que cambiar la Constitución impuesta a Francia y «abolir» por ordre du Moniteur13 el debate sobre el mensaje. (Te adjunto el discurso de J. Favre sobre México y los malos chistes de Glais-Bizoin,14 para que veas cuál era la situación de Boustrapa antes del estallido de la guerra.) El señor Bonaparte contaba con que la victoria y la derrota oscilarían de un lado a otro entre prusianos y austriacos, de modo que al final él podría plantarse como Jupiter Scapin15 entre los dos agotados. El éxito de los prusianos expone su régimen en Francia a un verdadero peligro de muerte (es su segundo gran error de cálculo desde la guerra civil norteamericana), si no consigue dictar las condiciones de paz. Por otra parte, ese mismo éxito (ya no estamos en 1815) hace imposible, o apenas posible, a la dinastía prusiana aceptar otras condiciones que las que Austria tiene que rechazar, por no hablar de la imposibilidad para el guapo Guillermo, alias Alejandro Magno, de ceder territorio alemán a Francia. La decisión de los prusianos dependerá del «sobrino» de Petersburgo.16 Es imposible decir qué hará, porque para ello habría que tener el material de la cancillería rusa. Pero yo, por mi parte, no entiendo cómo los rusos, ofendidos además por el rechazo austriaco de su ayuda, pueden permitir que Austria vuelva a tomar aliento y dejar pasar este momento favorable para sus maniobras turcas en el Danubio. El señor Víctor Manuel también está en un buen aprieto. Venecia pertenece ahora a Bonaparte. Si la acepta de él como regalo, su dinastía está acabada. Por otro lado, ¿qué puede hacer contra Francia, y dónde puede él atacar ahora a Austria?

Pero ¿qué me dices de nuestro Foxecito, que anteayer se precipitó sin aliento en nuestra casa exclamando: «¡Bonaparte ha salvado a Alemania!»? Esa es la opinión de Beesly, Harrison,17 etc., y de toda la camarilla comtista. Escríbeme pronto, ya que en este eventful period18 la tinta y el papel tienen que sustituir a la conversación.

Mis mejores recuerdos a Mrs. Lizzy.

Jennychen quiere saber qué tal les va a tus «africanos».19

Salut.

Tuyo, K. M.

Bonaparte, naturalmente, no quiere ahora ninguna guerra antes de haber introducido el needle gun20 o un equivalente. Un yanqui ha ofrecido aquí al Ministerio de la Guerra un fusil que, según me asegura un oficial prusiano refugiado (Wilke), deja tan atrás al fusil de aguja, por la absoluta sencillez de su construcción, porque no se calienta, necesita menos limpieza y es barato, como este a la «Old Bess».21 Nuestra teoría de que la organización del trabajo está determinada por los medios de producción, ¿se confirma en alguna parte de manera más brillante que en la industria de la matanza de hombres? Valdría de verdad la pena que escribieras algo sobre esto (a mí me faltan los conocimientos), que yo pudiera incluir con tu nombre en mi libro como apéndice. Piénsatelo. Pero, si se hace, tiene que ser pour le premier volume,22 donde trato este tema ex professo.23 Comprenderás la gran alegría que me daría que también en mi obra principal (hasta ahora solo he hecho cosas pequeñas) aparecieras directamente como collaborateur,24 y no solo por las citas.

Ahora estudio de paso a Comte, porque los ingleses y los franceses arman tanto ruido con el tipo. Lo que les seduce de él es lo enciclopédico, la synthèse. Pero eso es lamentable comparado con Hegel (aunque Comte, como matemático y físico de profesión, le es superior, es decir, superior en el detalle; Hegel, incluso aquí, es infinitamente más grande en el conjunto). ¡Y este positivismo de mierda apareció en 1832!25

  1. «Ante todo». ↩

  2. El dinero que le había enviado Engels; alusión al oro de California. ↩

  3. «Casero». ↩

  4. Términos técnicos ingleses de la hilatura y el tejido mecánicos (los tramos de hilo que estira en cada salida la mule, la hiladora intermitente; las pasadas de la trama en el telar; la aleta del huso), que Marx necesitaba para el capítulo sobre la maquinaria del tomo I de El capital. ↩

  5. Benjamin Lucraft, ebanista, miembro del Consejo Central de la Internacional y de la Reform League, uno de los dirigentes de los mítines por la reforma electoral celebrados en Trafalgar Square a finales de junio y comienzos de julio de 1866. ↩

  6. For instance, «por ejemplo». ↩

  7. «Es uno de los de nuestro consejo». ↩

  8. Peter Fox, periodista, miembro del Consejo Central, que trabajaba en la redacción de The Commonwealth. ↩

  9. La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845), de Engels. ↩

  10. Kate Freiligrath, hija del poeta, traducía al inglés poemas de su padre; The Athenaeum era una revista literaria londinense. ↩

  11. Discurso de Thiers en el Cuerpo Legislativo del 3 de mayo de 1866, contra la política de Napoleón III que había favorecido el engrandecimiento de Prusia. ↩

  12. Apodo de Luis Napoleón, por sus golpes de Boulogne, Estrasburgo y París. ↩

  13. «Por orden del Moniteur», el diario oficial. ↩

  14. Jules Favre y Alexandre Glais-Bizoin, diputados republicanos de la oposición. La expedición de México (1861-1867) fue el gran fracaso de la política exterior del Segundo Imperio. ↩

  15. «Júpiter Escapín» (Scapin, el criado embaucador de Molière): apodo que el abate de Pradt dio a Napoleón I. ↩

  16. El zar Alejandro II, hijo de una hermana de Guillermo I de Prusia. ↩

  17. Edward Spencer Beesly, historiador, y Frederic Harrison, jurista, positivistas discípulos de Comte; Beesly había presidido el mitin fundacional de la Internacional en Saint Martin's Hall (1864). ↩

  18. «Periodo tan agitado». ↩

  19. Jenny, la hija mayor de Marx. ↩

  20. «Fusil de aguja». ↩

  21. La Brown Bess, el viejo mosquete de avancarga de chispa del ejército británico. ↩

  22. «Para el primer tomo». ↩

  23. «Expresamente», con conocimiento de causa. ↩

  24. «Colaborador». ↩

  25. El Cours de philosophie positive de Auguste Comte se publicó entre 1830 y 1842. ↩