Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 25 de julio de 1866. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 991, pp. 349-350) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 25 de julio de 1866.
Querido Mohr:
Supongo que ya habrás recibido como es debido los billetes; con el despiste debí de meter en el sobre, en lugar de ellos, el papelito en que me había apuntado los números. Los billetes los había metido bajo la tapa de mi carpeta de escribir, donde efectivamente los encontré cuando me repuse de la primera sorpresa de tu telegrama.1 Espero que llegaran todavía a tiempo.
El asunto de Alemania me parece ahora bastante sencillo. Desde el momento en que Bismarck llevó a cabo el plan burgués de la Pequeña Alemania2 con el ejército prusiano y con un éxito tan colosal, la evolución en Alemania ha tomado esa dirección tan decididamente que tenemos que reconocer el fait accompli,3 igual que los demás, we may like it or not.4 En lo que toca al lado nacional de la cosa, Bismarck establecerá en todo caso el imperio pequeñoalemán con la extensión que pretendían los burgueses, es decir, incluida la Alemania del suroeste, porque las frases sobre la línea del Meno y sobre la optional South German separate confederacy5 están calculadas en todo caso para los franceses, y mientras tanto los prusianos marchan sobre Stuttgart. Por lo demás, las provincias germanoaustriacas también acabarán cayendo en ese imperio dentro de no mucho tiempo, toda vez que Austria tiene que hacerse ahora húngara y los alemanes van a ser la tercera nación del imperio, por debajo incluso de los eslavos.
Politice,6 Bismarck se verá obligado a apoyarse en la burguesía, que necesita contra los príncipes del Imperio. Quizá no en este momento, porque todavía le bastan el prestige7 y el ejército. Pero ya solo para asegurarse del Parlamento las condiciones necesarias para el poder central tiene que dar algo a los burgueses, y el curso natural de las cosas le obligará siempre a él o a sus sucesores a apelar de nuevo a los burgueses; de modo que, aunque Bismarck quizá no dé ahora a los burgueses más de lo que tiene que darles, se verá empujado cada vez más hacia lo burgués.
La cosa tiene de bueno que simplifica la situación, que facilita una revolución al eliminar los alborotos de las pequeñas capitales y que, en todo caso, acelera el desarrollo. Al fin y al cabo, un parlamento alemán es algo muy distinto de una cámara prusiana. Todo el particularismo de los pequeños Estados se verá arrastrado al movimiento, cesan las peores influencias localistas y los partidos se vuelven por fin verdaderamente nacionales, en lugar de meramente locales.
El principal inconveniente es la inevitable inundación de Alemania por el prusianismo, y es muy grande. Luego, la separación momentánea de la Austria alemana, que traerá consigo un avance inmediato del elemento eslavo en Bohemia, Moravia y Carintia. Contra ambas cosas, por desgracia, no hay nada que hacer.
Así que, a mi juicio, no podemos hacer otra cosa que aceptar sin más el hecho, sin aprobarlo, y aprovechar en lo que podamos las mayores facilidades que ahora por fuerza han de ofrecerse para la organización y la unión nacionales del proletariado alemán.
Que el brother8 Liebknecht iba a meterse a fondo en una austrofilia fanática no hacía falta que me lo escribiera Stumpf;9 no podía ser de otro modo. Por cierto, en la Neue Frankfurter Zeitung tenía unas corresponsalías rabiosas desde Leipzig que se le reconocían enseguida. Esa Neue Frankfurter Zeitung blindiana y matapríncipes10 había llegado al extremo de reprochar a los prusianos su vergonzoso trato al «venerable príncipe elector de Hesse»11 y de entusiasmarse con el pobre güelfo ciego.12
En el Guardian no he escrito nada más.13
Tuyo, F. E.
Muchos recuerdos a las ladies.
Marx había pedido dinero en su carta del 21 de julio (1866-07-21 Marx a Engels); al recibir el sobre de Engels sin los billetes le telegrafió. ↩
La «solución pequeñoalemana» (kleindeutsch) era la unificación de Alemania bajo Prusia y sin Austria, programa de la burguesía liberal desde 1848; la «granalemana», con Austria. ↩
«Hecho consumado». ↩
«Nos guste o no». ↩
«Confederación separada y facultativa de la Alemania del Sur». Los preliminares de paz de Nikolsburg (26 de julio de 1866) dejaron a Prusia el norte del Meno y previeron para los Estados del sur una unión propia. ↩
«En lo político». ↩
«Prestigio». ↩
«Hermano». ↩
Paul Stumpf, obrero de Maguncia, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas. ↩
La Neue Frankfurter Zeitung, de Leopold Sonnemann, era el diario de la democracia del sur de Alemania, hostil a Prusia; Karl Blind escribía en ella. «Fürschtenmörderisch» remeda burlonamente la pronunciación del sur («Fürscht» por Fürst, príncipe): alude al tiranicidio de que alardeaban los demócratas como Blind. ↩
Federico Guillermo I, príncipe elector de Hesse-Kassel, aliado de Austria; los prusianos ocuparon su Estado en junio de 1866 y lo llevaron prisionero a Stettin. ↩
Jorge V, rey de Hannover, de la casa de los güelfos, que era ciego; perdió su reino, anexionado por Prusia. ↩
Los artículos de Engels «Notas sobre la guerra en Alemania» en The Manchester Guardian, el último de los cuales salió el 6 de julio de 1866. ↩