Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 27 de julio de 1866. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 992, pp. 350-352) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
27 de agosto1 de 1866.
Querido Fred:
Muchas gracias por las 10 £. Llegaron justo a tiempo.
A Stumpf no le escribí precisamente porque quería normas de «conducta», y mi opinión era que lo mejor que podía hacer era no «conducirse» de ninguna manera hasta que los acontecimientos decidieran. Era una opinión que rather2 me pareció mejor no darle por escrito. Ahora Maguncia, que yo sepa, sigue sitiada,3 así que seguramente el correo también está cortado. ¿Le has escrito tú a Stumpf?
La comedia de Fráncfort compensa un poco del olor de los vencedores. ¡Gritando au wai!,4 25 millones! ¡Y el señor alcalde se ahorca!5 Y los prusianos, por su parte, declaran oficialmente que Fráncfort tiene que apoquinar porque sus periódicos han «ofendido» a Su Majestad Guillermo el Conquistador. Stieber,6 como su puesto de gobierno en Brünn solo es interino, acabará siendo alcalde de los de Fráncfort del Meno, que por cierto siempre me parecieron unos canallas insoportables. Y a Edgar Bauer se lo impondrán como censor mayor.7 Y en cuanto a la Eschenheimer Gasse,8 el consejero privado Duncker…, pero si ese ya gobierna en Kassel.9
Estoy completamente de acuerdo contigo en que hay que tomar la porquería como es. Pero resulta agradable estar lejos durante este tiempo juvenil del primer amor. La arrogancia de los prusianos y la necedad del guapo Guillermo, que cree que desde el sueño de la victoria no ha cambiado nada, salvo que él se ha convertido en gran potencia, etc., ya harán su efecto. Los austriacos están ahora donde los querían en 1848 los fanáticos eslavos de Praga.10 Sin embargo, por ahora la pérdida de Venecia y la concentración forzosa de sus fuerzas no favorecen en absoluto a los rusos. Como imperio paneslavista por sí mismo, serán tanto más antagónicos de los moscovitas. Dada la extraordinaria degeneración de los Habsburgo, es cierto que hay que temer que by and by11 se dejen arrastrar por los rusos a un ataque conjunto contra Turquía.
Para los obreros es naturalmente favorable todo lo que centraliza a la burguesía. En todo caso la paz, aunque se firmara mañana, es todavía más provisional que la de Villafranca y Zúrich.12 En cuanto se haya hecho por las distintas partes la «reforma del armamento», se volverá a «sacudir», como dice Schapper.13 En todo caso, también Bonaparte se ha llevado un revés, aunque la formación de reinos militares a derecha e izquierda encaja en el plan plonplonista14 «de la démocratie générale».15
Aquí el Gobierno casi ha conseguido provocar una émeute.16 El inglés necesita primero, naturalmente, la educación revolucionaria, para lo que bastarían dos semanas si sir Richard Mayne17 tuviera el mando absoluto. En efecto, la cosa pendió de un hilo. Si las railings18 —y estuvo a punto de pasar— se hubieran usado para atacar y defenderse de la policía y hubieran matado a unos veinte de estos, el ejército habría tenido que «intervenir», y no solo desfilar. Y entonces se habría puesto la cosa divertida. Lo seguro es que estos John Bull cabezotas, cuyos cráneos parecen fabricados expresamente para las bludgeons19 de los guardias, no llegarán a nada sin un choque realmente sangriento con los que mandan.
La escena enternecedora entre el viejo burro de Beales20 y el no menos burro y viejo Walpole,21 y en medio el Holyoake,22 de voz fina, entrometido, presuntuoso, que por «amor a la verdad» siempre encuentra el camino hacia el Times: nada más que paz y relajo. Mientras tanto, mientras esa chusma se deshace en cumplidos y se babea mutuamente, el perro de Knox,23 el magistrado de policía de Marylebone, condena a la gente de una manera sumaria que muestra lo que pasaría si Londres fuera Jamaica.24
Disraeli se ha puesto muy en ridículo, primero con su elegíaca declaración en la Cámara de los Comunes de que «no sabía si todavía tenía casa», y luego con la fuerte ocupación militar de esa misma casa, aunque, en tercer lugar, la mob25 (instruida de antemano por la gente de la Reform League) dejó adrede untouched26 la casa del señor «Vivian Grey».27 A esa casa no se le tocó ni un pelo. En cambio, los cristales de Elcho28 lo pagaron [tanto] más. Yo les había dejado caer a Cremer y a otros managers29 el hint30 de si no sería oportuno hacerle una visita al periódico Times. Como no se «entendió» la indirecta enseguida, o no se quiso entender, no volví sobre ella.
El cólera nos ha hecho (a los londinenses, quiero decir) su visita de cortesía muy en serio, y el informe del doctor Hunter,31 en el VIII Report del Health Board, salido la semana pasada, sobre el «housing de los poor»,32 servirá seguramente a madame Cólera de directory33 de los sitios que debe visitar con preferencia.
My best compliments to Mrs. Lizzy.34
Tuyo, K. M.
Así en el manuscrito, por julio. ↩
«Más bien». ↩
Maguncia, fortaleza de la Confederación Germánica con guarnición austriaca y de los Estados del sur, estaba cercada por los prusianos. ↩
Exclamación de lamento en el habla de los judíos alemanes, «¡ay de mí!». ↩
Tras ocupar Fráncfort el 16 de julio de 1866, los prusianos exigieron a la ciudad, además de una primera contribución de guerra, otra de 25 millones de florines; el alcalde, Karl Fellner, se ahorcó el 24 de julio. ↩
Wilhelm Stieber, jefe de la policía política prusiana, organizador del proceso de los comunistas de Colonia de 1852; en la guerra de 1866 dirigió la policía de campaña. ↩
Edgar Bauer, el antiguo joven hegeliano, había entrado al servicio del Gobierno prusiano. ↩
La calle de Fráncfort donde tenía su sede la Dieta federal. ↩
Max Duncker, historiador y alto funcionario prusiano, era entonces administrador civil del electorado de Hesse ocupado. ↩
El congreso eslavo de Praga de junio de 1848, cuya mayoría quería una Austria federal en la que dominaran los eslavos. ↩
«Con el tiempo». ↩
Los preliminares de Villafranca (julio de 1859) y la paz de Zúrich (noviembre de 1859), que cerraron la guerra de Italia. ↩
«Ans Haun», como pronunciaba Karl Schapper, el viejo compañero de la Liga de los Comunistas. ↩
De «Plon-Plon», apodo del príncipe Napoleón (Jérôme Napoléon), primo de Napoleón III. ↩
«De la democracia general». ↩
«Motín». ↩
Comisario jefe de la Policía Metropolitana de Londres. ↩
«Verjas». El 23 de julio de 1866, prohibido un mitin de la Reform League en Hyde Park, la multitud derribó las verjas del parque y hubo choques con la policía durante varios días. ↩
«Porras». ↩
Edmond Beales, abogado, presidente de la Reform League. ↩
Spencer Walpole, ministro del Interior del Gobierno conservador de Derby, que, según se contó, lloró al recibir a la delegación de la Reform League. ↩
George Jacob Holyoake, cooperativista y librepensador. ↩
Alexander Knox, magistrado de policía de Marylebone, que juzgó a los detenidos de Hyde Park. ↩
Alusión a la sangrienta represión de la revuelta de Morant Bay (Jamaica) por el gobernador Eyre en octubre de 1865. ↩
«Populacho». ↩
«Intacta». ↩
Disraeli, entonces ministro de Hacienda, autor de la novela Vivian Grey (1826). ↩
Lord Elcho, diputado contrario a la reforma electoral. ↩
«Dirigentes». ↩
«Insinuación». ↩
Henry Julian Hunter, médico, autor de los informes sobre la vivienda obrera del funcionario médico del Consejo Privado, que Marx utilizó en El capital. ↩
«La vivienda de los pobres». ↩
«Guía», «directorio». ↩
«Mis mejores saludos a la señora Lizzy». ↩