Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 11 de septiembre de 1867. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 1048, pp. 421-423) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 11 de septiembre de 1867.
Querido Mohr:
Parece que esta vez los franceses se han llevado de verdad el congreso por delante; el número de acuerdos proudhonianos es realmente excesivo. Está bien que la próxima vez vaya a Bélgica; para entonces quizá se pueda hacer también algo en el norte de Alemania y, con ayuda de los ingleses, ponerle un dique a la riada. De todos modos, mientras el Central Council siga en Londres, lo que allí se acuerde en conjunto no sirve para nada. Notre cher Philipp Becker también parece haber metido otra vez algunas de sus patas instintivas, que al viejo agitador hay que perdonarle cuando no está bajo dirección.1
Que Eccarius escribió las crónicas del Times tiene que mantenerse en secreto. Tal como le han redactado la historia, podría perjudicarle enormemente. La próxima vez que informe para ese periódico tendrá que distinguir mejor hasta qué punto su humor puede ser aprovechado por los burgueses de la redacción para ridiculizar todo el asunto y no solo a un par de crapauds.2
Ya que estás en contacto con Vermorel, ¿no podrías moderar las tonterías del tipo sobre Alemania? Es muy fuerte que el burro pida que Bonaparte se vuelva liberal, liberal burgués, y luego empiece una guerra para liberar a Alemania de la tiranía de Bismarck. Esos crapauds, que, incluso si hacen una revolución, tendrán que tratar a Alemania con mucho tiento, se creen que con un suave giro liberal podrían volver a desempeñar su viejo papel. Me parece muy importante, precisamente para el caso de una revolución, acostumbrar a esos señores a tratar con nosotros d'égal à égal.3 El bismarckismo en Alemania es, según ellos, una propiedad natural de Alemania que hay que hacer pedazos con su intervención; pero el bonapartismo, en su casa, es un puro accidente que puede abolirse e incluso convertirse en su contrario con un simple cambio de ministros.
El gran Schweitzer ha salido felizmente elegido con ayuda de los pietistas de Elberfeld y Barmen y ahora tendrá ocasión de proclamar en el «Reichstag» varios puntos de tu libro, desfigurados.4 Que lo hará, puedes jurarlo. Pero eso solo será útil y nos dará motivo de mucha diversión; en cuanto el libro haya salido, esas cosas ya no pueden más que ayudar.
A propósito de Barmen, me acuerdo de Siebel. El pobre diablo ha vuelto a ponerse malísimo y tiene que marcharse de nuevo de Barmen, no sé adónde; es posible que no pase del invierno. Debe de estar tan mal que no cuento con él para armar algún ruido en los periódicos en torno a tu libro. Ha escrito aquí muy desponding.5
La Trades outrage Commission no hace más que constatar aquí viejas paparruchas que ya estaban constatadas hace 7 años.6 Si no sacan nada mejor, ya pueden recoger sus bártulos. ¡Imagínate ver tratados el brickmaking and bricklaying como ramas industriales principales de Manchester!7
Los defectos que han salido a la luz en las pruebas que se han hecho aquí del fusil Chassepot son exactamente los mismos que ya se habían constatado en Berlín y que me contó Bölzig en Hannover.8 Entonces creí que a los prusianos les habían hecho llegar adrede ejemplares malos; ahora parece más bien que algo hay de cierto, y entonces el fusil no vale ni la mitad que el fusil de aguja de los prusianos.
La gente de Meissner en Leipzig parece tardar muchísimo en hacer circular el libro. Todavía ningún anuncio en ninguna parte. ¿Qué te parece? Para poner en marcha la cosa, ¿ataco el libro desde el punto de vista burgués? Meissner o Siebel lo colocarían en algún periódico. En cuanto a la prohibición, yo mismo no creo en ella, pero nunca se puede responder del celo de algún fiscal, y, una vez en marcha el proceso, podrías contar con tu amigo Lippe.9
Muchos saludos a tu mujer y a las chicas, que ya habrán vuelto.
Recibidas, con gracias, las Diplomatic Reviews.
Tuyo, F. E.
«Nuestro querido». Johann Philipp Becker (1809-1886), veterano de la revolución de Baden de 1849, organizador de las secciones alemanas de la Internacional desde Ginebra. ↩
«Sapos», mote despectivo de los franceses. ↩
«De igual a igual». ↩
En las elecciones al Reichstag de la Confederación de Alemania del Norte de agosto de 1867, Johann Baptist von Schweitzer salió elegido por Elberfeld-Barmen. ↩
«Desanimado». Carl Siebel, enfermo de tuberculosis, murió en mayo de 1868. ↩
La comisión de investigación de los «atropellos» sindicales (trade outrages), que, después de la de Sheffield, investigaba en Manchester en septiembre de 1867 las violencias en el oficio de los ladrilleros. ↩
«La fabricación de ladrillos y la albañilería». ↩
El Chassepot, fusil de retrocarga adoptado por el ejército francés en 1866; el fusil de aguja (Zündnadelgewehr) de Dreyse era el del ejército prusiano. ↩
El conde Leopold zur Lippe (1815-1889), ministro de Justicia de Prusia desde 1862, conservador intransigente; fue destituido en diciembre de 1867. ↩