Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 22 de octubre de 1867. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 1063, pp. 438-439) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 22 de octubre de 1867.

Querido Mohr:

Te devuelvo las cartas de Becker y de Eccarius. La falta de dinero es, desde luego, una gran desgracia para el partido y mayor aún para esos pobres diablos.

Siebel me escribe desde Honnef, en el Rin; viene aquí a primeros de noviembre para embarcarse de nuevo en Liverpool hacia Madeira. Dice que le mande los artículos a vuelta de correo; me pongo esta noche a prepararle un par. Lo que escribo para la prensa alemana está, naturalmente, todo disfrazado; para América habría que escribir otra vez de otro modo, allí se puede hablar más claro.

Sam Moore me ha escrito desde Eisenach; parece que hace bastantes progresos en alemán.

Liebknecht me divierte mucho. Es una verdadera suerte que siga bastante metido en la salsa federalista del sur de Alemania, porque así puede plantarse contra el bismarckismo con gran singleness of purpose1 y con una indignación moral intacta. Una visión algo más crítica y dialéctica no haría más que sembrar confusión en su cabeza y desorientarlo. Está claro que ha tomado como modelo a Lupus en el Parlamento de Fráncfort, y se ha ganado a pulso su llamada al orden al llamar al Reichstag la hoja de parra del absolutismo desnudo.2 Ya habrás visto que ha metido en la ley de coaliciones un artículo para proteger a los niños de las fábricas.

El Partido Progresista ha rechazado la comisión de investigación por no ser de su competencia. Pero la Confederación es competente en todas las relaciones industriales; lo único es que el Reichstag no puede nombrar una comisión, aunque sí pedírsela al poder federal.

En el debate sobre la usura, Bismarck se negó a apoyar a los bancos hipotecarios con ayuda del Estado: si se trataba de ayuda estatal, en todo caso solo podría concederse a las asociaciones obreras. El canalla todavía cree que puede embaucar a los obreros.3

Víctor Manuel parece estar jugando un juego muy arriesgado. Con todo, el tumulto de Roma no ha terminado aún. El aire se carga cada día más de electricidad; no me extrañaría nada que la cosa estallara ya la próxima primavera.4

Muchos saludos a tu mujer, a las chicas y al doctor Eisenbart.5

Tuyo, F. E.

Me alegro de que el asunto con Borkheim esté en orden. En ningún caso puedo darle ahora a Gottfried Ermen un pretexto para rescindir el contrato conmigo por incumplimiento directo. Espero que el dinero te quite los carbuncos; no olvides hacer mucho ejercicio al aire libre.

Lo de la Fortnightly Review lo hago con gusto.6 Pero dime qué espacio puedo pedir más o menos. Supongo que preferirás que se haga en forma de resumen, de modo que los puntos principales del libro —origen del capital, plusvalía, jornada laboral, revisión de las leyes de Ricardo, etc., etc.— se expongan brevemente; criticar la cosa, de todos modos, no puedo. También me gustaría saber más o menos para cuándo tiene que estar. Para el número del 1 de noviembre es demasiado tarde; así que para el del 1 de diciembre.

  1. «Unidad de propósito». ↩

  2. Wilhelm Wolff («Lupus») había sido diputado de la Asamblea Nacional de Fráncfort en 1848-1849, donde se hizo célebre por sus ataques al gobierno del Imperio. ↩

  3. En el debate del Reichstag sobre la abolición de las leyes contra la usura, en octubre de 1867. ↩

  4. En octubre de 1867 Garibaldi intentó tomar Roma, defendida por las tropas pontificias y francesas; fue derrotado en Mentana el 3 de noviembre. ↩

  5. Paul Lafargue. El doctor Eisenbart, curandero de la tradición popular alemana, protagonista de una canción burlesca. ↩

  6. En el original, por error, «Saturday 14th Review»; corregimos con la MEGA¹. ↩