Carta de Friedrich Engels a Jenny Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 3 de enero de 1868. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1089, pp. 1-2) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 3 de enero de 1868.

Querida señora Marx:

Tengo que pedirle perdón por haber dejado tanto tiempo sin respuesta su carta. Pero la Navidad es la única época de todo el año que me hace notar, también fuera del negocio, que tengo un pie en la burguesía, y eso trae consigo aquí en Manchester mucho comer y beber y estómagos estropeados, con el obligado mal humor y la pérdida de tiempo. Ya ha pasado más o menos, y empiezo a respirar de nuevo.

Solo siento no haber podido encontrar de momento una caja más grande, pero tuve que tomar lo que había en el warehouse;1 ya lo arreglaré la próxima vez.

Le adjunto lo último de Siebel.2 La carta, y otra anterior mandada al Mohr, le ruego que me las devuelva cuanto antes; tengo que escribirle el día 8, solo hay correo dos veces al mes, y al pobre diablo le da mucho gusto ver que uno se acuerda de él. Hace honradamente lo que puede, a pesar de su enfermedad. Lo de la Barmer Zeitung es suyo.3 Lo que el Mohr piense del asunto de la Kölner Zeitung ya me lo dirá; si cree que es mejor que yo le escriba sobre eso a Meissner, puedo encargarme y mandarle a la vez el recorte de Barmen.

El pater peccavi4 de Hofstetten es divertidísimo. Naturalmente, en todas partes no huele más que a Liebknecht. En todo caso, a estos señores se les ha acabado ahora el intento de ahogar el libro y a la vez explotarlo.5

A Wilhelmchen le escribo uno de estos días.6 De Kugelmann no he vuelto a saber cómo han funcionado los artículos suabos.7

Con los artículos aparecidos hasta ahora, Meissner podría componer ya un anuncio muy bonito, que ahora que han pasado las fiestas vendría muy a propósito. Habría que incluir sobre todo los pasajes en que se invita a los economistas a defenderse.

Espero que el Mohr se haya librado ya de su carbunco. Pero no hay más remedio: tiene que hacer algo para quitarse de encima de una vez esta lata. El segundo tomo no puede sino ganar, también en cuanto al tiempo que tarde en terminarlo, si durante una temporada se combaten los carbuncos con todas las fuerzas. ¿Y si volviera a tomar arsénico?

Muchos recuerdos al Mohr y a toda la familia, y un cordial feliz Año Nuevo de parte de

su F. E.

  1. «Almacén». ↩

  2. Carl Siebel, poeta de Barmen, pariente lejano de Engels, enfermo de tuberculosis y retirado entonces en Madeira; colaboraba en dar a conocer El capital en la prensa alemana. ↩

  3. La Barmer Zeitung, diario de Barmen, la ciudad natal de Engels. ↩

  4. «Padre, he pecado» (Lucas 15, 18 y 21), la confesión del hijo pródigo. ↩

  5. Johann Baptist von Hofstetten, financiador y codirector del Social-Demokrat lassalleano de Berlín, había saqueado El capital sin citarlo; véase la carta de Marx del 7 de diciembre de 1867. ↩

  6. Wilhelm Liebknecht. ↩

  7. Las reseñas de El capital que Engels escribió para la prensa de Württemberg y que Ludwig Kugelmann se encargaba de hacer llegar a los periódicos. ↩