Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 6 de mayo de 1868. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1131, pp. 51-52) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 6 de mayo de 1868.
Querido Mohr:
Te felicito anyhow1 por el medio siglo, del que por lo demás tampoco yo estoy más que a un corto trecho. ¡Qué jóvenes entusiastas éramos hace veinticinco años, cuando presumíamos de que para esta época haría ya mucho que nos habrían cortado la cabeza!
Te devuelvo adjuntos a Kugelmann, Büchner, Schily, Reclus, Schweitzer y la Elberfelder Zeitung, y además algo sobre tu libro que me manda la mujer de Siebel;2 él mismo parece que ya no está en condiciones de escribir; está en Barmen y se va a Godesberg.
La historia de la ganancia es muy bonita, pero todavía tengo que pensarla más a fondo para captar su alcance en todas direcciones.
Ad vocem3 Schweitzer. Ese canalla solo aprovecha el asunto como pretexto para hacernos picar otra vez. Por supuesto, no tiene importancia que esta vez le des la información, pero principiis obsta!:4 procura que el tipo, después de haber pillado el dedo meñique, no atente contra la mano entera. En cuanto al fondo, para mí no admite ninguna duda que la industria siderúrgica alemana puede prescindir del arancel protector y, a majore,5 soportar también la rebaja del arancel del hierro en bruto de 7½ a 5 groschen por quintal (de 15 a 10 chelines por tonelada), y lo mismo la otra rebaja. La exportación de hierro aumenta cada año, y no solo a Bélgica. Lo que se iría a pique son algunas fundiciones aisladas que surgieron durante la fiebre especulativa de los años cincuenta, lejos del carbón y asentadas, por lo demás, sobre minas insuficientes y malas. Pero esas ya están casi todas en la ruina, y la cercanía de un ferrocarril les sería más útil que todos los aranceles protectores, si es que alguna vez han de volver a ser viables. (En Engelskirchen hay un trasto de esos, quinientos pasos más abajo de la fábrica de mis hermanos;6 el carbón tiene que traerse de Siegburg, a 2½ millas alemanas, en carro; no es de extrañar que esté parada. Esta clase de fábricas clama por el arancel protector y se aduce como prueba de que es necesario).
La cámara de comercio de Elberfeld-Barmen es la institución más repugnantemente proteccionista que existe, y es notorio. ¡Y eso que la industria principal de la comarca está pensada para la exportación! Pero allí siempre hay una masa de oficios que se hunden; de ahí los lamentos.
Por lo demás, tu plan está muy bien en lo que toca a la encuesta, y me gusta mucho. En cuanto a los ferrocarriles, las tarifas de mercancías son en Alemania más baratas que en otras partes, y como en Alemania el tráfico de mercancías es lo principal, no puede ser de otro modo. Aún podrían bajarse más, y los gobiernos tienen también poder para ello; pero lo más necesario es una mayor centralización e igualación en la administración y en las tarifas, y eso, según la constitución, ya es competencia del Reichstag. Los gritos de los tipos del hierro sobre los fletes altos carecen, pues, en conjunto de fundamento.
Liebknecht me manda la ley de industria, sobre la que le he prometido algunas observaciones críticas.7 Un progreso respecto al retroceso de los tiempos de Federico Guillermo IV, ¡pero qué fárrago burocrático! Te mando el mamotreto para que te diviertas.
Ayer vino el inevitable Leibel Choras y me impidió escribir. Le pregunté por las persecuciones de los judíos en Moldavia;8 se lamentó un poco, pero no parece que sea tan grave: «mir missen's halt dulden, mir Jiden haben nit die Macht»;9 él querría ser ruso o austriaco, pero no se le ocurre marcharse. El Hohenzollern,10 según él, es un mocoso tonto y el gobierno está en manos de los «escribanos» (boyardos venidos a menos que juegan a la burocracia), y estos son los que tanto atormentan a los judíos.
Muchos saludos a tu mujer, a las chicas y a monsieur y madame Lafargue.
Tuyo, F. E.
«De todos modos». ↩
Carl Siebel (1836-1868), poeta y comerciante de Barmen, pariente lejano de Engels, que había ayudado a dar a conocer El capital en la prensa alemana; enfermo desde hacía tiempo, moriría pocos días después, el 9 de mayo de 1868 (véase la carta de Engels del 15 de mayo). ↩
«A propósito de». ↩
«¡Resiste a los comienzos!» (Ovidio, Remedios contra el amor): hay que atajar el mal desde el principio. ↩
«Con mayor razón». ↩
La fábrica de Ermen & Engels en Engelskirchen, cerca de Colonia, dirigida por los hermanos de Engels. ↩
El proyecto de ley de industria (Gewerbeordnung) de la Confederación de Alemania del Norte, que se discutía en el Reichstag en 1868. ↩
En 1867 y 1868 hubo expulsiones y persecuciones de judíos en Moldavia, en los Principados Unidos (Rumanía). ↩
Engels remeda el habla judía del visitante: «Tenemos que aguantarlo, nosotros los judíos no tenemos poder». ↩
Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen (1839-1914), príncipe de los Principados Unidos de Moldavia y Valaquia desde 1866 y más tarde rey de Rumanía. ↩