Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 22 de octubre de 1868. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1197, pp. 115-116) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 22 de octubre de 1868.

Querido Mohr:

El pequeño ruso Ermen, cuyas andanzas verás por la nota adjunta, con el pretexto de que ahora tiene que hacerse un hombre formal, lleva una semana casi viviendo en nuestra oficina, y nunca salía de ella sino bien entonado, para ir a ver a su novia.1 Como toda la oficina se convirtió en una taberna, no había manera de trabajar, y por eso no he podido escribirte hasta ahora.

De los Social-Demokrat no he podido leer todavía las actas del congreso, que además son muy aburridas. Por lo demás, Schweitzer muestra que va muy en serio con su secta. No solo se ha vuelto a fundar la Asociación General de Obreros Alemanes, con domicilio en Berlín y unos estatutos nuevos en los que los cambios respecto a los antiguos solo están calculados para la ley de asociaciones, sino que de cada detalle se desprende que la Asociación General de Obreros Alemanes ha de desempeñar en las nuevas trade unions el mismo papel (solo que públicamente) que nuestra antigua sociedad secreta en las asociaciones públicas.2 Las trade unions solo han de formar el partido exotérico de la iglesia lassalleana, fuera de la cual no hay salvación, pero la única que salva sigue siendo esta. Si Eichhoff forma en Berlín una asociación aparte, se le garantiza graciosamente la tolerancia, siempre que su asociación se muestre «amistosa» con la Asociación General de Obreros Alemanes. Pero Schweitzer y su asociación siguen siendo «el partido», y los demás pueden venir y adherirse, o bien seguir siendo herejes y dissenters.3

Por lo demás, el tipo es mucho más claro que todos los demás en su visión de la situación política general y de la actitud ante los otros partidos, y más hábil en la exposición. Llama a «todos los viejos partidos, frente a nosotros, una única masa reaccionaria, cuyas diferencias apenas cuentan para nosotros». Reconoce, ciertamente, que 1866 y sus consecuencias arruinan los reinos de taifas, socavan el principio de legitimidad, sacuden la reacción y han puesto en movimiento al pueblo, pero —ahora— arremete también contra las demás consecuencias, la presión fiscal, etc., y con Bismarck se comporta de manera mucho más «correcta», como dicen los berlineses, que, por ejemplo, Liebknecht con los príncipes destronados.4 Habrás visto que cita al príncipe elector de Hesse como autoridad histórica —en cosas archisabidas— y que en el último número deja a un fiel hanoveriano entonar gimoteos güelfos.5 Estaría bien que, sobre este último punto, le hablaras claro a Wilhelm de una vez; es mucho pedirnos que apoyemos un periódico en el que se permite semejantes porquerías.

Haz venir a Londres al menos una parte de los Anti-Proudhon; estos pocos últimos ejemplares no se pueden sustituir. Yo mismo no tengo ninguno. A Vieweg habría que pedirle cuentas de los ejemplares vendidos desde 1865. Por lo demás, seguro que es bueno que sigas la pista del asunto, aunque sea ahora. Siempre cabe la posibilidad de que todavía salga algo.

Lo de la Westminster está muy bien. No dejes pasar el tiempo, para que el artículo entre todavía en el número de enero; mándame, pues, la cosa lo antes posible, para que yo haga lo mío.6 Está muy bien que esos tipos no puedan aprovechar una exposición sencilla de un nuevo desarrollo científico sin la fraseología de sus «essays», que no solo vuelve la cosa más confusa, sino también todavía más árida. Pero yo le preguntaría también al señor Beesly de cuántos pliegos se dispone. Lo que te mandé habría ocupado 1 pliego en la Fortnightly, pero en la Westminster, cerca de 1½. Según el espacio —y como aquí solo es posible un artículo—, habría que pensar si conviene excluir del todo algunas partes del libro, y cuáles; yo no creo, por ejemplo, que sea posible meter el capítulo de la acumulación sin apretar demasiado el espacio para lo principal.

He leído el primer tomo de Darwin sobre la domestication. Novedades solo en el detalle, y tampoco mucho importante.7

Con los mejores saludos,

Tuyo, F. E.

  1. Uno de los Ermen, la familia de los socios de Engels en la firma Ermen & Engels de Manchester. ↩

  2. La Asociación General de Obreros Alemanes, disuelta por la policía de Leipzig en septiembre de 1868, se refundó en Berlín en octubre. La «antigua sociedad secreta»: la Liga de los Comunistas. ↩

  3. Dissenters: «disidentes», nombre de los protestantes ingleses separados de la Iglesia oficial. ↩

  4. La guerra de 1866, tras la cual Prusia se anexionó Hannover, el electorado de Hesse, Nassau y Fráncfort. Zaunkönigtum, literalmente «reinado de los reyezuelos» (Zaunkönig es el pájaro reyezuelo): los pequeños Estados alemanes. Liebknecht, desde su oposición a Prusia, defendía en su periódico a los príncipes destronados en 1866. ↩

  5. Federico Guillermo I, último príncipe elector de Hesse-Kassel, destronado en 1866. Los güelfos: la casa real de Hannover, también destronada en 1866, y sus partidarios. ↩

  6. La reseña de El capital que Beesly quería colocar en la Westminster Review; véase 1868-10-15 Marx a Engels. ↩

  7. Charles Darwin, The Variation of Animals and Plants under Domestication (La variación de los animales y las plantas bajo domesticación, 2 tomos, Londres, 1868). ↩