Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 18 de diciembre de 1868. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1225, pp. 142-143) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 18 de diciembre de 1868.

Querido Mohr:

Muchas gracias por el Ténot y el proceso Baudin.1 En cuanto haya leído este último, te devuelvo las dos cosas. La Province puedes quedártelo ahí; he encargado los dos al librero, porque una cosa así hay que tenerla. El olvido total de la causalidad revolucionaria, o contrarrevolucionaria, es consecuencia necesaria de toda reacción victoriosa; en Alemania la generación joven no sabe absolutamente nada de 1848, fuera de las lamentaciones de la Kreuzzeitung que todos los periódicos corearon aullando en 1849-1852; allí la historia se acaba de golpe a finales de 1847.2 Las deliberaciones de la alcaldía del distrito X son de verdad preciosas; nunca las había leído tan completas.

La esquela de E. Strohn la leí por casualidad en la Kölnische Zeitung. Murió de reumatismo articular.

El documento de Ginebra es muy ingenuo.3 El viejo Becker nunca ha podido dejar la agitación de camarilla; donde hay 2 o 3 reunidos, allí tiene que estar él en medio; pero, si lo hubieras advertido a tiempo, probablemente se habría retirado. Ahora se asombrará del mal efecto de sus bienintencionados afanes. Que la Internacional no puede meterse en esta engañifa está más claro que el agua. Habría dos consejos generales e incluso dos congresos; es el Estado dentro del Estado, y desde el primer momento estallaría el conflicto entre el consejo práctico de Londres y el consejo teórico, «idealista», de Ginebra. No puede haber dos cuerpos internacionales (por profesión) dentro de la Internacional, como no puede haber dos consejos generales. Por lo demás, ¿quién os da derecho a reconocer una supuesta oficina central sin mandantes, cuyos miembros pertenecientes a la misma nacionalidad se constituyen (en el § 3 del reglamento se omite el «se», ¡y con razón!) en oficina nacional de su país? Estos señores, que no tienen más mandantes que ellos mismos, quieren que la Internacional se constituya en mandataria suya. Si la Internacional se niega a hacerlo, ¿quién reconocería al «grupo iniciador», dicho de otro modo, a la «oficina central», como representantes suyos? El consejo central de la Internacional al menos ha pasado por tres elecciones sucesivas y todo el mundo sabe que representa a miríadas de obreros; pero ¿y esos «iniciadores»?4

Y luego, si hacemos abstracción de la formalidad de la elección, ¿qué representan los nombres que forman ese grupo iniciador? ¿Ese grupo que pretende darse «como misión especial estudiar las cuestiones políticas y filosóficas, etc., etc.»? Será sin duda la ciencia lo que representen. ¿Encontraremos entre ellos a hombres de los que sea notorio que han pasado su vida entera estudiando esas cuestiones? Al contrario. Ni un nombre cuyo portador se haya atrevido siquiera, hasta ahora, a pretender pasar por hombre de ciencia. Si carecen de mandato como representantes de la democracia social, carecen de él mil veces más como representantes de la ciencia.

El resto ya lo has señalado tú en tus notas. Yo tengo la cosa, como tú, por un puro fruto local ginebrino nacido muerto. Solo podría tener vida si arremetierais con demasiada violencia contra ella y le dierais así importancia. Creo que lo mejor sería rechazar con calma, pero con firmeza, la pretensión de esa gente de colarse en la Internacional, y decir por lo demás que han elegido un terreno particular y que se esperará a ver qué hacen de él, y decir además que, de momento, nada impide que los miembros de una asociación sean también miembros de la otra. Como esos tipos no tienen otro campo de acción que la palabrería, pronto se aburrirán a muerte unos a otros, y como es de esperar que no encuentren adhesiones de fuera (con esas condiciones), el tinglado se deshará seguramente pronto. Pero si arremetes con violencia contra esta intriga rusa, soliviantarás inútilmente a los filisteos de la convicción, muy numerosos entre los artesanos (sobre todo en Suiza), y harás daño a la Internacional.5 Ante un ruso (y aquí hay 4, sin contar a las mujeres), ante un ruso no hay que perder nunca el temper.6

Nunca había leído nada más miserable que el programa teórico. Siberia, la barriga y la joven polaca han hecho de Bakunin un perfecto buey.7

Con mi viaje no va a haber nada antes de Año Nuevo; el maldito borrador del contrato sigue sin estar listo.

Muchos saludos.

Tuyo, F. E.

  1. Véase 1868-12-14 Marx a Engels. ↩

  2. La Neue Preußische Zeitung o Kreuzzeitung, el diario de la extrema derecha prusiana. ↩

  3. El programa y el reglamento de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, fundada en Ginebra por Bakunin y sus partidarios, que Marx había mandado a Engels; véase 1868-12-15 Marx a Engels. Johann Philipp Becker figuraba entre sus fundadores. ↩

  4. Desde «Habría dos consejos generales» hasta el final del párrafo siguiente, Engels escribe en francés, como le había pedido Marx, unas notas destinadas al Consejo General: Il y aurait deux conseils généraux et même deux congrès; c'est l'Etat dans l'Etat (…) ils le sont encore mille fois plus comme représentants de la science. ↩

  5. Knoten: los oficiales artesanos alemanes, término despectivo frecuente en Marx y Engels. ↩

  6. Temper: «la calma». ↩

  7. Bakunin había pasado años deportado en Siberia, de donde huyó en 1861; allí se había casado con Antonia Kwiatkowska, una joven polaca. ↩