Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 15 de abril de 1869. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1266, pp. 182-184) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Londres, 15 de abril de 1869.

Dear Fred:

Jennychen llegó el miércoles sana y salva. En el viaje de vuelta tuvieron en el mar tal niebla que el barco estuvo a un pelo de naufragar.

De Wilhelm, el papelito adjunto. Verás d’abord su respuesta a mi pregunta sobre las «porquerías» que le reprocha a Schweitzer. Lo «político» sobre eso son solo las 2 cosas electorales adjuntas. Tienes que devolvérmelas, porque Wilhelm a su vez me las pide, y parecen constituir todo su «material de acusación» político.

Lafargue me ha mandado su traducción francesa del Manifiesto comunista para que la revisemos.1 Te mando hoy el manuscrito por correo. De momento el asunto no corre prisa. No deseo en absoluto que Lafargue se queme los dedos antes de tiempo. Pero si la cosa ha de imprimirse tarde o temprano en Francia, habría que reducir a unas pocas líneas algunas partes, como la del socialismo alemán o «verdadero», porque allí no tienen interés.

Volviendo al trato con Wilhelm: yo le escribo en qué condiciones quieres darle La guerra campesina. Él te escribe a ti que Eccarius (que no sabía nada del asunto) le ha comunicado que tú quieres mandar la cosa y que él no cumple las condiciones que pusiste. Me escribe además que le debe a Eccarius 30 táleros de 2 trimestres y que se los adelante yo, ya que él los devolverá «bajo palabra de honor» en un plazo —indeterminado—. No estoy en absoluto dispuesto a esta operación, porque ya le he prestado algo más que esa suma a mi amigo Dupont.

Ludlow es barrister at law, uno de los principales colaboradores del Spectator, hombre de las cooperativas, piadoso, enemigo decidido de los comtistas.2 A causa de la colaboración de Beesly, Harrison, etc., se apartó públicamente de nuestro Commonwealth.3 Ya antes me había mandado un par de sus folletitos; es amigo de Jones Lloyd o Lloyd Jones, como se llame el sastre. Hace unos días, después de ver el número de la Fortnightly en cuestión, le mandé my last available copy de Das Kapital. (Acuse de recibo adjunto, n.º 1.) Sabía, naturalmente, que lee alemán. Al mismo tiempo le mandé una carta en la que hago algunos jokes sobre su artículo, en el que hace primero a Lassalle propagar mis principios en Alemania y luego a mí propagar los principios de Lassalle en Inglaterra. (Respuesta en el n.º 2.) Espero, por este medio, llevar todavía una reseña de mi libro a algún periódico inglés. Ludlow es ditto gran admirador de Ricardo, lo cual, hoy día, cuando Mill lo ha echado todo a perder, ya es algo excepcional.4

Hoy descubro by accident que hay en casa dos ejemplares de Le Neveu de Rameau, así que te mando uno.5 Esta obra maestra única te dará un nuevo placer. «La desgarradura de la conciencia, consciente de sí y que se expresa», dice de ella el viejo Hegel, «es la carcajada de burla sobre la existencia, así como sobre la confusión del todo y sobre sí misma; es al mismo tiempo el eco, todavía perceptible, de toda esa confusión… Es la naturaleza de todas las relaciones que se desgarra a sí misma y el desgarrarlas consciente… En ese lado del retorno a sí, la vanidad de todas las cosas es su propia vanidad, o es vana… pero como autoconciencia indignada conoce su propia desgarradura, y en ese saberla se ha elevado inmediatamente por encima de ella… Cada parte de este mundo llega aquí a que se exprese su espíritu, o a que se hable de ella con espíritu y se diga de ella lo que es. La conciencia honrada (el papel que Diderot se da a sí mismo en el diálogo) toma cada momento por una esencialidad permanente y es la falta de pensamiento inculta que no sabe que hace igualmente lo contrario. La conciencia desgarrada, en cambio, es la conciencia de la inversión, y precisamente de la inversión absoluta; lo dominante en ella es el concepto, que junta los pensamientos que para la honradez están muy alejados entre sí, y cuyo lenguaje es por eso ingenioso. El contenido del discurso del espíritu de y sobre sí mismo es, pues, la inversión de todos los conceptos y realidades, el engaño universal de sí mismo y de los demás, y la desvergüenza de decir ese engaño es precisamente por ello la mayor verdad… A la conciencia tranquila, que honradamente pone la melodía de lo bueno y lo verdadero en la igualdad de los tonos, es decir, en una sola nota, este discurso le parece “una sarta de sabiduría y locura, etc.”» (sigue un pasaje de Diderot).6

Más divertido que el comentario de Hegel es el del señor Jules Janin, que encontrarás en extracto en el apéndice del librito. Este cardinal de la mer echa de menos en el Rameau de Diderot la moraleja, y por eso ha arreglado el asunto con el descubrimiento de que toda la perversión de Rameau procede de su despecho por no ser un gentilhomme de nacimiento.7 La porquería a lo Kotzebue que ha amontonado sobre esa piedra angular se representa en Londres como melodrama.8 De Diderot a Jules Janin hay seguramente lo que los fisiólogos llaman la regressive metamorphosis. ¡El espíritu francés antes de la Revolución francesa y bajo Luis Felipe!

A Collet le preguntaré por la fuente de la sentencia de Brunnov.9 No me extrañaría nada que figurara en el Blue Book inglés, en una carta de la legación inglesa de Atenas. Cosas parecidas de Brunnov las he encontrado en un Blue Book de 1839 sobre los Syrian-Egyptian Affairs.10

Eichhoff me manda siempre el Social-Demokrat de Schweitzer en grandes cantidades. Así que pronto llegará.

El señor Thornton ha publicado un libro gordísimo sobre «Capital and Labour».11 No lo he visto todavía, solo en extracto en el Daily News: dice que ve despuntar en un futuro lejano la desaparición del capital como poder separado del trabajo.

Ten cuidado con el ojo.

Salut.

Tuyo, K. M.

  1. Véase nuestra traducción del Manifiesto del Partido Comunista. La traducción de Lafargue no llegó a publicarse entonces. ↩

  2. Barrister at law: abogado. The Spectator, semanario liberal de Londres. ↩

  3. The Commonwealth, semanario londinense ligado a la Internacional (1866-1867). Frederic Harrison (1831-1923), jurista positivista. ↩

  4. John Stuart Mill (1806-1873). ↩

  5. Le Neveu de Rameau (El sobrino de Rameau), diálogo de Denis Diderot. ↩

  6. Hegel, Fenomenología del espíritu, apartado sobre «el espíritu extrañado de sí; la cultura». Marx cita abreviando. ↩

  7. Jules Janin (1804-1874), crítico y folletinista francés. Le llamaban burlonamente «cardenal del mar» por haber llamado así a la langosta, que solo se vuelve roja al cocerla. Janin escribió un Neveu de Rameau de su cosecha. ↩

  8. August von Kotzebue (1761-1819), autor alemán de comedias y dramas sentimentales de gran éxito. ↩

  9. Collet Dobson Collet, director de la Diplomatic Review de Urquhart. Véase 1869-04-14 Engels a Marx. ↩

  10. Los Blue Books son las colecciones de documentos oficiales que el gobierno británico presentaba al Parlamento. ↩

  11. William Thomas Thornton (1813-1880), economista inglés, autor de On Labour (1869). ↩