Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 22 de julio de 1869. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1292, pp. 208-209) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

22 de julio de 1869.

Dear Fred:

La desvergüenza de Wilhelm al lanzar excomuniones en nombre del Consejo General de la Internacional es verdaderamente colosal. Yo le había escrito que personalmente me mantengo al margen de este escándalo (esa vieja marrana de la Hatzfeldt no desea nada con tanto ahínco como meterme en él), tanto más cuanto que estoy tan decididamente en contra de la camarilla lassalleana como del «Partido Popular». Le había añadido que Wilhelm podía anunciar (esto contra Schweitzer) que en Basilea solo se admitiría a representantes de afiliados reales (según los acuerdos del congreso de Bruselas).1 Eso lo hizo, además, en un párrafo del penúltimo número.

¡Y ahora, después de haberme solicitado en vano que tomara medidas oficiales contra Schweitzer, tiene la desvergüenza de meterme a la fuerza en este escándalo! En cuanto recibí el último Wochenblatt2 le escribí una carta de una grosería brutal, en la que le recuerdo cuántas veces me ha comprometido ya, y le declaré sin rodeos que lo desautorizaré públicamente en cuanto vuelva a cometer una desfachatez semejante. (Una desfachatez que encima miente, porque el Consejo General nunca ha sometido el asunto Schweitzer, etc., a discusión, y mucho menos a una resolución.)

Ahora depende de cómo se comporte Schweitzer, al que se ha provocado gravemente. Al señor Wilhelm me lo «sacudiré de encima» si me mete por tercera vez en una cochinada. El tipo no tiene siquiera la excusa de seguirnos contra viento y marea. Hace sus tonterías por su cuenta, nos traiciona cuando le parece bien y nos identifica con él en cuanto no sabe salir del paso de otra manera.

Desde hace unos 6 días tengo un fuerte ántrax en el brazo izquierdo, cosa que con «este calor» no es agradable.

He tenido además otro disgusto «familiar». Desde hacía algún tiempo notaba que a mi mujer no le llegaba el dinero que le doy cada semana, aunque los gastos no han aumentado en absoluto. Como no quiero de ninguna manera volver a endeudarme, y como el dinero que le di el lunes pasado ya se había «acabado» ayer, le pedí explicaciones. Y entonces salió a relucir la necedad de las mujeres. En la lista de deudas que me había preparado para ti, se había callado about 75 £, que ahora intentaba pagar by and by con el dinero de la casa.3 Pregunto por qué. Respuesta: ¡que le había dado miedo sacar la gran suma total! ¡Está visto que las mujeres siempre necesitan tutela!

Jennychen volvió ayer. Aunque ya ha pasado medio año, la señora Monroe todavía no le ha pagado. ¡Los escoceses se aferran al cash!4

Con lo del viaje no sé qué hacer. Ya sabes que mi único propósito en este asunto es dar a Jennychen una distracción que le es casi imprescindible. Pero la enfermedad de Kugelmann lo ha cambiado todo. No iría a Karlsbad para hacerle de compañero de enfermo, aunque el viaje lo hubiera querido para mí. ¡Y encima dejar a la niña instalada en casa de la señora Kugelmann como dama de compañía! De eso no puede salir absolutamente nada. Ya me escribirás tu opinión sobre lo que hay que hacer.

¡Muy buena la ocurrencia del señor Schweitzer de que el comité de Ginebra se compone preferentemente de obreros! ¡Bakunin y Schweitzer, consejeros de Estado!

Lo tambaleante que está Bonaparte provocará pronto deserciones entre los generales.

Entre Prusia y Rusia parece que hay una bronca no del todo «fingida».

A Meissner le escribí el lunes en términos secos y groseros.

Laura, Lafargue y el niño ya están alojados en Dieppe. Mi carta al viejo Lafargue desde París ha surtido el efecto deseado.

Salut.

Tuyo, Mohr.

Tanto por las cartas de Liebknecht como por las de Fritzsche se ve claramente que el encantador de Wilhelm ha sido quien ha mandado a este último a pedirme el dinero.

Qué ideas tienen en general los alemanes sobre nuestros medios económicos lo ves también en la carta adjunta de Kugelmann, en lo que dice de Bracke.5 Esos tipos no han mandado aquí ni un céntimo. El Consejo General debe 5 semanas de alquiler y le debe a su secretario. ¡Curiosas ideas!

La historia de la biografía no necesito verla. Parece una especie de manía de Kugelmann.6

  1. El congreso de la Internacional celebrado en Bruselas en septiembre de 1868. ↩

  2. El Demokratisches Wochenblatt de Liebknecht, en Leipzig. ↩

  3. About, «unas»; by and by, «poco a poco». ↩

  4. Jenny, la hija mayor de Marx, había trabajado como institutriz en casa de la familia Monroe. Cash: «dinero contante». ↩

  5. Wilhelm Bracke, de Brunswick, uno de los que rompieron con Schweitzer en 1869. ↩

  6. La biografía de Marx escrita por Engels (véase 1869-07-21 Engels a Marx). ↩