Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 24 de julio de 1869. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1293, pp. 209-210) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

24 July 1869.

Dear Fred:

Hoy solo puedo escribirte unas líneas. La cosa está en plena supuración, y por eso duele mucho, pero también pasará pronto. Hay que volver a empezar con el arsénico.1

Esta mañana recibo el papelucho de Liebknecht que te adjunto. ¿Qué es más asombroso, la estúpida desvergüenza o la desvergonzada estupidez? ¿Así que este hombre de bien tiene las mentiras oficiales, como la de unas resoluciones del Consejo General que no existen, por muy lícitas en su boca, pero por sumamente reprobables en boca de Schweitzer? ¿Y por qué él se reconcilió en Lausana con el monstruo de Schweitzer? ¡Y su teoría de la acción! Consiste en que el señor Wilhelm tiene derecho a servirse «por su cuenta» de mi nombre y del del Consejo General donde le parezca oportuno. ¡Y encima la valentía de este hombre de bien! Pretende estar contra Lassalle y por eso toma partido por los lassalleanos «verdaderos» contra los «falsos». Su Bracke le reprocha a Schweitzer, ni más ni menos, haber declarado que la teoría lassalleana del crédito del Estado es un mero recurso de agitación y no creer en esa panacea.2 ¡Que me ha metido en «luchas»! En un «escándalo», le escribí yo.

Salut.

Tuyo, K. M.

Lamento no haber conocido antes de publicar mi primer tomo el escrito «Die Werkzeuge und Waffen, ihre Entstehung und Ausbildung, von Dr. Gustav Klemm, 1858».3 Lo que yo apunto bajo los epígrafes «Proceso de trabajo» y, más adelante, «División del trabajo» se encuentra aquí demostrado con abundante material.

  1. El ántrax del brazo (véase 1869-07-22 Marx a Engels). El arsénico era el remedio que Marx tomaba contra los forúnculos. ↩

  2. Lassalle reclamaba crédito del Estado para fundar asociaciones obreras de producción. ↩

  3. Las herramientas y las armas, su origen y desarrollo, de Gustav Klemm, historiador alemán de la cultura. El «primer tomo» es el de El capital (1867). ↩