Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 5 de septiembre de 1869. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1307, pp. 224-226) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 5 de septiembre de 1869.
Querido Mohr:
Ayer a mediodía llegué otra vez aquí desde Ostende. Llegué a Londres a las 6¼ de la mañana, encontré un tren para aquí a las 7½ y seguí de un tirón, porque casi no había dormido en toda la noche y no servía para nada más. Además, creía que te habías ido con Jenny, y solo aquí me enteré de lo contrario. Este retraso de tu partida me resulta algo extraño; no puedo creer que la culpa sea solo del congreso de Basilea,1 y tengo que preguntarme si no será, quizá, cuestión de dinero. Cuando me pediste las 75 £ te mandé 100, pensando que podías emplear el resto en el viaje; pero como no lo dije expresamente, puede que se le haya encontrado otro uso, y si es así, telegrafíame mañana temprano (antes de las 10, si es posible) cuánto necesitas. Porque mañana por la noche probablemente salimos para Dublín, y yo iré a la ciudad hacia las 11 o las 12 para arreglar los asuntos de dinero, y así puedo despachar también eso.
Estuve unos días en Engelskirchen.2 La gente en Alemania se vuelve cada vez más tonta. El movimiento obrero se les acerca amenazadoramente, sí, y todos coquetean con él y tienen nostrums3 de todo tipo, pero no por eso se les ha afilado el entendimiento, al contrario. Mi señor hermano, por ejemplo, quería resolver la cuestión social «amortizando el trabajo», igual que amortiza las instalaciones fabriles, los edificios, la maquinaria, etc., y eso, por ejemplo, cargando un Groschen por cada libra de hilo sobre el precio y liquidando con eso a los obreros que se han vuelto viejos, enfermos e inválidos. El bonhomme4 se quedó asombradísimo cuando le expliqué lo insondablemente ingenua y absurda que era esa historia, y al final prometió leer tu libro. Sobre las cajas de socorro mineras prusianas me dio un artículo de la revista estadística de Engel, según el cual las infamias más escandalosas de los estatutos sajones no se dan allí, pero por lo demás todo es igual.5
El hombre más grande de Alemania es sin duda Strousberg. El tipo será pronto emperador de Alemania. Vayas donde vayas, todo el mundo habla solo de Strousberg. Por lo demás, el tipo no es tan malo. Mi hermano, que ha tenido tratos con él, me lo ha pintado muy vivamente. Tiene mucho humor y algunos rasgos geniales, y en todo caso es infinitamente superior al Railwayking Hudson.6 Ahora compra toda clase de establecimientos industriales y en todas partes reduce en el acto la jornada a 10 horas sin rebajar el salario. Y tiene plena conciencia de que acabará como un pobre diablo. Su principio fundamental es: estafar solo a los accionistas, y ser complaciente con los proveedores y los demás industriales. En Colonia vi su retrato expuesto: nada mal, jovial. Su pasado es oscurísimo: según unos, estudió derecho; según otros, tuvo un burdel en Londres.
Wilhelmchen ha caído ahora tan bajo que ya ni siquiera se atreve a decir que Lassalle te copió, y encima mal. Con eso a toda la biografía se le han cortado los cojones, y para qué la sigue imprimiendo, solo él lo sabrá.
¡Y ha hecho nombrar órgano de los Knoten7 en Suiza al miserable Felleisen, ni siquiera al Vorbote!8 Bonita compañía. Véase el debate en el congreso de Eisenach sobre si Partido Obrero socialdemócrata, demócrata-social o socialdemócrata + demócrata-social. ¡Y Rittinghausen su profeta!9
Del 18 Brumario Wilhelm sigue sin decir nada. ¡También tendría que «omitir» ahí muchas cosas que «podrían ofender» a él y a otros!
Con los mejores saludos de todos nosotros a todos vosotros.
Tuyo, F. E.
Te adjunto un retrato para que se lo hagas llegar al zoólogo Vogt. Liebknecht puede hacérselo llegar por medio de su amigo Goegg. Por delante es demócrata y por detrás socialista; o sea, del todo ortodoxo y demócrata-socialista.10
El cuarto congreso de la Internacional, en Basilea, del 6 al 12 de septiembre de 1869. ↩
Localidad renana donde la familia Engels tenía su fábrica. ↩
«Remedios milagrosos». ↩
«Buen hombre». ↩
La Zeitschrift des Königlich Preußischen Statistischen Bureaus, que dirigía el estadístico Ernst Engel. Tu libro: el tomo I de El capital (1867). ↩
Bethel Henry Strousberg, especulador y empresario ferroviario, el «rey de los ferrocarriles» alemán, arruinado pocos años después. George Hudson, el Railway King inglés, cuyo imperio ferroviario se hundió en 1849. ↩
Término despectivo para los oficiales artesanos alemanes. ↩
Der Felleisen, periódico de las asociaciones obreras alemanas en Suiza; el Vorbote, la revista de Johann Philipp Becker en Ginebra. ↩
Moritz Rittinghausen, demócrata renano, propagandista de la «legislación directa por el pueblo». ↩
Carl Vogt, el naturalista contra el que Marx había escrito Herr Vogt (1860). Amand Goegg, demócrata de Baden, de la Liga de la Paz y la Libertad. ↩