Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 9 de diciembre de 1869. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1325, pp. 254-256) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 9 de diciembre de 1869.

Querido Mohr:

En las crónicas del National Reformer1 también te han puesto en boca, es verdad, algunos disparates. Sin eso no hay manera. El Bee-Hive,2 por lo que veo, pasa por alto todo el debate.3 A eso se le llama publicidad, como en la vieja Didaskalia, «para el espíritu, el ánimo y la publicidad».4

Lo del Irishman5 me lo esperaba a medias. Irlanda sigue siendo la sacra insula,6 cuyas aspiraciones no deben mezclarse de ningún modo con las profanas luchas de clases del resto del mundo pecador. En parte, eso es sin duda locura sincera en esa gente; pero en parte, con la misma seguridad, es cálculo de sus portavoces para mantener su dominio sobre el campesino. A eso se suma que una nación campesina tiene que sacar siempre sus representantes literarios de los burgueses de las ciudades y de sus ideólogos, y Dublín viene a ser para Irlanda lo que Copenhague para Dinamarca (me refiero al Dublín católico). Para estos señores, en cambio, todo el movimiento obrero es pura herejía, y el campesino irlandés no debe saber en modo alguno que los obreros socialistas son sus únicos aliados en Europa.

Por lo demás, el Irishman está muy piojoso esta semana. Si a la primera amenaza de suspender el habeas corpus quería retirarse así, entonces el ruido de sables de antes estaba todavía más fuera de lugar. ¡Y encima el miedo a que se elija también a otros presos políticos!7 Por un lado se advierte a los irlandeses, y con toda razón, que no se dejen arrastrar a ninguna ilegalidad; por otro, se les quiere disuadir de hacer lo único legal que viene al caso y tiene carácter revolucionario, lo único que puede romper con éxito la práctica tradicional de elegir abogados cazadores de cargos e imponer respeto a los liberales ingleses. Aquí, evidentemente, Pigott tiene miedo de que lo adelanten.

Por cierto, ya recordarás cómo O'Connell azuzaba siempre a los irlandeses contra los cartistas, aunque, o más bien porque, estos también habían inscrito en su bandera la Repeal.8

La consulta a Applegarth es una joya.9 Se ve cómo estos lores piojosos y estos M. P.s10 se imaginan que ya tienen en el bolsillo todo el movimiento obrero porque Odger y Potter les hacen ojitos y el Bee-Hive está vendido. Ya se llevarán una sorpresa estos señores. Entretanto, conviene que no haya —según parece— nuevas elecciones a la vista tan pronto; antes estos señores tienen que ponerse en ridículo. Te devuelvo adjuntas las cartas de Applegarth y de Bracke.11

Por la consulta de Solingen que te adjunto verás todo lo que se espera de mí.12 ¿Qué se puede hacer? Si les mando a esa gente 50-100 táleros, no les sirve de nada, y más no puedo arriesgar, porque a la larga es dinero tirado, seguro. ¿Qué opinas tú?

Los buenos señores del tiers parti13 creen que ya están sentados en los sillones ministeriales, y ya han hecho un ridículo de lo más espléndido. Pues votan alegremente a favor de justificar a los prefectos del señor Forcade de la Roquette.14 Así no veo para qué hace falta un cambio de ministerio, si está all right todo lo que han hecho los ministros actuales. Por otro lado, Luis15 cree sin duda que ahora ha vuelto a asustar tanto a los burgueses con el espectro rojo que saldrá del paso con frases. La cosa se enreda muy bonitamente.

Qué piojosos son los prusianos. En cuanto sopla de París un viento aparentemente constitucional, enseguida hacen pequeñas concesiones. Eulenburg16 carga al Estado los gastos de suplencia de los diputados que son funcionarios, etc. A cambio, Camphausen17 le birla a la Cámara 8⅔ millones al año que hasta ahora se tenían que destinar por ley a amortizar la deuda; en adelante suprime la amortización, salvo que el Gobierno y las Cámaras acuerden que se amortice. Los tontos de los liberales lo habían pedido antes ellos mismos, y ahora tienen que votarlo.

China, con su expansión gradual del mercado, parece que va a salvar otra vez, al menos por un tiempo, el cotton trade.18 Las noticias de allí son bastante mejores, a pesar de que se ha consignado mucho género hacia allá, y desde entonces ha habido aquí un nuevo vuelco y se vuelve a trabajar a todo trapo. Naturalmente, eso volverá a hacer subir los precios del algodón, y todo el beneficio irá a parar al bolsillo del importador. Pero aquí trabajan, al menos, sin pérdidas.

Con Gottfried19 ya lo tengo todo arreglado. Ayer me pagó el último resto de mi dinero, y en adelante nos veremos, supongo, más o menos de espaldas el uno al otro.

Saludos cordiales.

Tuyo, F. E.

Qué miedo tiene Bracke a dar su opinión sobre gente a la que debería conocer bien. Parece que tiene también más bondad que resolución.

  1. The National Reformer, semanario librepensador y radical de Londres dirigido por Charles Bradlaugh, que publicó crónicas de las sesiones del Consejo General de la Internacional sobre la cuestión irlandesa. ↩

  2. The Bee-Hive, semanario sindical de Londres, dirigido por George Potter. ↩

  3. El debate del Consejo General de la Internacional, en noviembre de 1869, sobre la política del Gobierno británico hacia los presos fenianos, que acabó con la aprobación de las resoluciones redactadas por Marx (véase 1869-12-04 Marx a Engels). ↩

  4. Didaskalia, hoja literaria de Fráncfort cuyo subtítulo decía «Blätter für Geist, Gemüt und Publizität». ↩

  5. The Irishman, semanario nacionalista de Dublín dirigido por Richard Pigott, que no había dado noticia de las resoluciones del Consejo General. ↩

  6. «Isla sagrada». ↩

  7. El 25 de noviembre de 1869 el preso feniano Jeremiah O'Donovan Rossa había sido elegido diputado por el condado de Tipperary. ↩

  8. La derogación (repeal) de la Unión de Gran Bretaña e Irlanda de 1800, reivindicación del movimiento de Daniel O'Connell. ↩

  9. Robert Applegarth, secretario del sindicato de carpinteros y miembro del Consejo General. Un diputado le había preguntado, en nombre de un lord, si en el congreso de Basilea había votado por la abolición de la propiedad privada; Marx se lo cuenta a Engels en la carta del 4 de diciembre. ↩

  10. Members of Parliament, diputados. ↩

  11. Wilhelm Bracke, socialdemócrata de Brunswick. ↩

  12. Una cooperativa de producción de Solingen había pedido ayuda económica; véase la carta siguiente, 1869-12-10 Marx a Engels. ↩

  13. El «tercer partido», el grupo de bonapartistas liberales del Cuerpo Legislativo francés. ↩

  14. Jean-Louis-Victor-Adolphe de Forcade La Roquette, ministro del Interior de Napoleón III. ↩

  15. Luis Napoleón Bonaparte, Napoleón III. ↩

  16. Friedrich zu Eulenburg, ministro prusiano del Interior. ↩

  17. Otto von Camphausen, ministro prusiano de Hacienda desde octubre de 1869. ↩

  18. El comercio del algodón. ↩

  19. Gottfried Ermen, socio de la firma Ermen & Engels, de la que Engels se había retirado el 30 de junio de 1869. ↩