Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 7 de mayo de 1870 en papel de cartas del Consejo General de la Internacional (el lugar no figura en el texto de la carta). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1368, pp. 316-319) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
7 de mayo de 1870.
Dear Fred:
Esta semana han pasado aquí toda clase de cosas interesantes. Pero el correo inglés es en este momento demasiado inquisitive,1 y no siento vocación de hacerle llegar noticias (supply) indirectamente. Así que de eso, más tarde, de palabra.
La Marseillaise no ha llegado hoy. Posiblemente la han secuestrado. El miércoles pasado le anunciamos por telégrafo que el jueves recibiría la resolución del Consejo General en el original francés y que no la tradujera del inglés. Ese telegrama, naturalmente, llegó enseguida a ojos de la policía de París, y quizá Piétri no deseaba nuestra declaración un día antes del plebiscito.2
Los insulsos telegramas de Reuter y Havas nos han dado por fin la ocasión, deseada desde hacía tiempo, de declarar públicamente en los periódicos de París que la so called3 London French Branch no pertenece a la Internacional.4
El Standard publicó ayer y anteayer dos artículos cochinos contra la Internacional, dictados directamente desde la embajada francesa, como ídem los artículos del periódico francés de Londres «L'International».
Todos los periódicos de Londres han recibido instrucciones de Bruce, y las cumplen naturalmente como perros natos, de no dejar caer en sus columnas ni una palabra sobre los pasos que la policía inglesa ha dado con todo sigilo durante la última semana respecto a Flourens y al General Council Internacional (hacen de ambos un hodge podge).5
Diez mil copies de esos mismos números del Standard se han enviado a Francia. ¿Es esto también una manera de pagar, o es que la Société du 10 Décembre ha aprendido inglés de repente?6
El martes pasado corría por Londres el rumor de que nos iban a detener en nuestro local de sesiones. Por eso, por excepción, se habían presentado también press reporters ávidos de noticias.
En Inglaterra, esos tipos olvidan en el momento de un pánico sus propias leyes y se dejan arrastrar por la prensa, en parte ignorante, en parte mentirosa a sabiendas.
Supongamos, por darle gusto a la policía, que todo lo que cuentan Grandperret, Reuter y el Journal Officiel sea Evangelio.7 Aun así, el gobierno inglés no podría hacer nada, salvo, a lo sumo, ponerse en ridículo.
De la extradición de Flourens (el Gaulois dice que se ha pedido) no se puede hablar d'abord8 en absoluto. Solo existe un tratado de extradición entre Francia y el Reino Unido, el de 1843. En 1865 el gobierno francés declaró que lo denunciaría al cabo de 6 meses, porque en la práctica era inaplicable por las English laws of evidence.9 En 1866 se cambiaron por eso algunas formalidades relativas a la prueba, sin ningún cambio en el contenido del tratado. En él se especifican con mucha precisión los delitos que dan lugar a la extradición, entre otros el asesinato (parricidio, infanticidio y envenenamiento) y la tentativa de asesinato, notabene,10 tentativa en el sentido de que qu'il y avait un commencement d'exécution, «the direct consequence of which would probably be the death of the individual whose life was attacked».11 Según este tratado, pues, Beaury, por ejemplo, si hubiera huido a Inglaterra, no podría ser extraditado, y mucho menos Flourens.12
La única cuestión es si un foreigner13 puede ser condenado aquí por un tribunal inglés por complicity in a conspiracy to commit the crime of murder abroad.14
Hasta 1828 nadie, ni inglés ni extranjero, podía ser perseguido aquí por murder committed out of the United Kingdom.15 Los duelistas ingleses se aprovechaban de ello. La sección 7 de la ley 9 de Jorge IV dispuso «that if any of H. M.'s 'Subjects' should be charged with murder or with any accessory to murder committed on land out of the United Kingdom he should be triable for such offences in the United Kingdom».16
La ley se hizo, en efecto, para los duelistas ingleses y por eso solo se refiere a los «Her Majesty's Subjects».
En 1858, en el trial del doctor Bernard, este alegó por eso «that the Court had no jurisdiction».17 El servil court dejó ese punto en reserva, sin decidir sobre él, y ordenó que de momento a Plea of Not Guilty should be recorded. Su acquittal18 impidió toda decisión posterior sobre ese legal point.
Justo después del Orsini plot de 1858, Palmerston presentó en la House of Commons una conspiracy bill, «with the object of making conspiracy to commit murder either within the United Kingdom or within the territory of any Foreign State a felony».19 Este bill se justificó con que
«conspiracy was only a misdemeanour»,20 y que según el law inglés una conspiracy to murder no era ni más ni menos que a conspiracy to blacken a man's character.21
Y esto lo demostró muy a fondo el Attorney General, sir R. Bethell: «that the 9 Geo. IV Sect. 7 only applied to national born British subjects, and that Foreigners resident in this United Kingdom could conspire to commit murder abroad with impunity».22
La Conspiracy Bill fracasó, como es sabido, y con ella cayó lord Palmerston for the time being.23
Todo el ruido de la prensa inglesa y francesa es, pues, un puro disparate. En el peor de los casos se podría procesar a Flourens por misdemeanour, para obtener por fin una judicial decision definitiva sobre la ley 9 de Jorge IV, sección 7, con la seguridad de fracasar y de verse obligados a presentar una Conspiracy Bill. Gladstone se guardará muy mucho de intentar lo que no le salió a Palmerston.
Si este plot, para el asesinato de Badinguet,24 no es un mero invento policial, es en todo caso la mayor tontería humanamente posible. Por suerte, el Imperio ya no puede salvarse ni siquiera con la estupidez de sus enemigos.
El agente de Bakunin Robin, que está ahora en París y es miembro de la Federación parisiense (de la Internacional), ha presentado en ella enseguida una propuesta para reconocer al nuevo Conseil Romand como el auténtico y anunciar públicamente en la Marseillaise que solo sus partidarios son verdaderos members de la Internacional.25 Pero habíamos avisado a nuestra gente de París. Así que Robin fracasó brillantemente con su propuesta. Se acordó que la Fédération Parisienne no tiene ninguna autorité para intervenir y que el asunto corresponde al Conseil Général de Londres. Pero la cosa es característica del modo de operar del gospodín26 Bakunin.
El plot de París acaba de golpe, y con espanto, con el plan, ya muy maduro, de celebrar el congreso en París y trasladar con esa ocasión también allí el Consejo General.
He recibido de Bakunin los 5 primeros números del Kolokol, junto con un supplément francés.27 Ya el programa ruso es muy característico. Este periódico no será en absoluto la expresión de un partido exclusivo (Выраженіе какой-либо исключительной партіи),28 sino de toda la gente honrada (честныхъ людей) que quiere la «liberación de Rusia» y está «descontenta con la situación actual». ¡Nada de manías de principios, ante todo práctico! Nosotros, en cambio, la Europa occidental y los United States, tenemos que limitarnos exclusivamente a la propaganda de la teoría del señor Bakunin (i. e. de la ausencia de toda teoría), y además como si ya estuvieran abolidas todas las naciones. Por eso nos prohíbe también toda injerencia, ya sea en la política interior o en la exterior. ¡Qué listo!
Lo de Borkheim avanza despacio, pero mejora. El jueves pasado estuve otra vez en su casa (y en esa excursión me pillé un resfriado asqueroso que casi me vuelve loco). Estaba encantado con tu carta. Por la «adjunta» suya verás su necesidad de ponerse en ridículo. ¡La distinción con que él, un Kladderadatsch nato, juzga a Lever (tuvo la condescendencia de reírse de vez en cuando, lo disculpa con su enfermedad), y la ingenuidad con que cree que se le pueden conseguir Harry Lorrequers par douzaines, como moras!29 Después de eso le mandé el Peter Simple, que en efecto le parece «mucho mejor».30
A Schapper lo enterraron el miércoles pasado. Lo que tengas en la cabeza de datos biográficos suyos, escríbemelo. Hay que hacer una breve necrológica.
Compliments to Mrs. Lizzy, Moore, Jollymeyer.
El Moro. (La barba se pone cada día más blanca.)
Recibes con esta: 2 números de la Égalité y, de los pamphlets plébiscitaires, «Aux Électeurs», «Par Alceste» (bien escrito), «Le Plébiscite Impérial», de Rogeard (malísimo), «Le Plébiscite de Boquillon», de A. Humbert (uno de los redactores de la Marseillaise; una burla estupenda, al estilo de la música de Offenbach).31
«Curioso, inquisitivo». ↩
Joseph-Marie Piétri, prefecto de policía de París. El plebiscito sobre las reformas del Imperio se celebró el 8 de mayo de 1870; en los días anteriores la policía anunció el descubrimiento de un complot para asesinar a Napoleón III y detuvo a numerosos miembros de la Internacional en París. ↩
«Llamada». ↩
La declaración del Consejo General de comienzos de mayo de 1870 contra la sección francesa de Londres, de Félix Pyat, a la que la prensa atribuía el complot. ↩
«Mezcolanza». Henry Austin Bruce, ministro del Interior. ↩
La Sociedad del 10 de Diciembre, la organización de lumpen bonapartista de 1849-1851 descrita por Marx en el Dieciocho Brumario. ↩
Jules Grandperret, fiscal general de París; el Journal Officiel, diario oficial del Imperio. ↩
«Para empezar». ↩
«Las leyes inglesas sobre la prueba». ↩
«Nótese bien». ↩
«Que hubiera un comienzo de ejecución», «cuya consecuencia directa fuera probablemente la muerte de la persona cuya vida fue atacada». ↩
Camille Beaury, joven detenido en París como presunto autor material del complot; Marx escribe «Burry». ↩
«Extranjero». ↩
«Complicidad en una conspiración para cometer el delito de asesinato en el extranjero». ↩
«Asesinato cometido fuera del Reino Unido». ↩
«Que si alguno de los súbditos de Su Majestad fuera acusado de asesinato o de complicidad en un asesinato cometido en tierra fuera del Reino Unido, podrá ser juzgado por tales delitos en el Reino Unido». ↩
«Que el tribunal no tenía jurisdicción». Simon Bernard, médico francés exiliado en Londres, procesado en 1858 como cómplice del atentado de Felice Orsini contra Napoleón III y absuelto por el jurado. ↩
A Plea of Not Guilty should be recorded: «que se registrara una declaración de no culpable»; acquittal: «absolución»; legal point: «cuestión jurídica». ↩
«Con el fin de convertir en delito grave (felony) la conspiración para cometer un asesinato dentro del Reino Unido o en el territorio de cualquier Estado extranjero». El Conspiracy to Murder Bill de 1858, tras el atentado de Orsini. ↩
«La conspiración era solo un delito menor». ↩
«Una conspiración para manchar la reputación de alguien». ↩
«Que la ley 9 de Jorge IV, sección 7, solo se aplicaba a los súbditos británicos de nacimiento, y que los extranjeros residentes en el Reino Unido podían conspirar impunemente para cometer un asesinato en el extranjero». Sir Richard Bethell, fiscal general. ↩
«Por el momento». El gobierno de Palmerston cayó en febrero de 1858 por este proyecto de ley. ↩
Apodo burlesco de Napoleón III. ↩
Paul Robin, maestro, partidario de Bakunin. Sobre la escisión de la Federación de la Suiza francesa, véase 1870-04-14 Marx a Engels. ↩
«Señor» (en ruso). ↩
El Kolokol («La campana»), el antiguo periódico de Herzen, reanudado en Ginebra en la primavera de 1870 por Nechaev con apoyo de Bakunin. ↩
«Expresión de un partido exclusivo cualquiera»; «gente honrada». ↩
Kladderadatsch, semanario satírico de Berlín; Charles Lever, novelista irlandés, autor de Harry Lorrequer; par douzaines: «por docenas». ↩
Peter Simple, novela de aventuras navales de Frederick Marryat. ↩
Folletos de la campaña del plebiscito; Auguste Rogeard, autor de los Propos de Labiénus; Alphonse Humbert, redactor de La Marseillaise. ↩