Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres el 8 de agosto de 1870 (el lugar no figura en la carta). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1392, pp. 357-360) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
8 de agosto de 1870.
Dear Fred:
No me voy hasta mañana (retenido por el business de la Internacional), y además no a Brighton, sino a Ramsgate, porque, según me he informado, en el primer sitio hace demasiado calor y además Arnold Winkelried Ruge1 hace inseguro el lugar.
L’Empire est fait,2 es decir, el imperio alemán. By hook and crook,3 ni por el camino previsto ni de la manera imaginada, parece que todas las trampas desde el Second Empire han llevado al final a cumplir los fines «nacionales» de 1848: ¡Hungría, Italia, Alemania! Me parece que esta clase de movimiento no habrá llegado a su término hasta que se llegue a la pelea entre prusianos y rusos. Lo cual no es nada improbable. La prensa del partido moscovita (he visto bastante en casa de Borkheim) ha atacado al Gobierno ruso por su actitud amistosa hacia Prusia con la misma violencia con que los periódicos franceses del espíritu de Thiers atacaron en 1866 a Boustrapa por sus mimos con Prusia. Solo el zar, el partido germano-ruso y el Journal de St.-Pétersbourg oficial tocaron la trompeta contra Francia. Pero tampoco esperaban en absoluto unos éxitos prusiano-alemanes tan decisivos. Creían, como Bonaparte en 1866, que las belligerent powers4 se debilitarían mutuamente en una larga lucha, de modo que la santa Rusia podría interponerse como árbitro supremo y dictar la ley.
¡Pero ahora! Si Alejandro no quiere que lo envenenen, something must be done5 para apaciguar al partido nacional. El prestigio de Rusia queda evidentemente aún más «herido» por un imperio prusiano-alemán que lo fue el prestigio del Second Empire por la Confederación de Alemania del Norte.
Así que Rusia, exactamente como hizo Bonaparte de 1866 a 1870, hará trampas con Prusia para obtener concesiones por el lado turco, y todas estas trampas, a pesar de la religión rusa de los Hohenzollern, acabarán en guerra entre los tramposos. Por necio que sea siempre el Michel alemán, su sentimiento nacional recién fortalecido (sobre todo ahora, que ya no se le puede hacer creer que tiene que aguantarlo todo para lograr primero la unidad alemana) difícilmente se dejará meter al servicio ruso, para lo que ya no hay ningún motivo, ni siquiera un pretext. Qui vivra verra.6 Si nuestro guapo Guillermo vive algún tiempo más, todavía podemos llegar a ver sus proclamas a los polacos. Cuando Dios quiere hacer algo especialmente grande, dice el viejo Carlyle, escoge siempre para ello a los hombres más tontos.
Lo que me angustia en este momento es la situación en la propia Francia. La próxima gran batalla difícilmente podrá acabar sino en contra de los franceses. ¿Y entonces? Si el ejército derrotado se repliega sobre París bajo la dirección de Boustrapa, se llegará a una paz de lo más humillante para Francia, quizá con restauración de los Orleans. Si estalla una revolución en París, la cuestión es si tienen los medios y los dirigentes para oponer a los prusianos una resistencia seria. No puede ocultarse que la farsa bonapartista de 20 años ha desmoralizado enormemente. Apenas hay derecho a contar con heroísmo revolucionario. ¿Qué piensas tú?
No entiendo nada de lo militar, pero me parece que rara vez se ha llevado una campaña de manera más descabezada, más desordenada y más mediocre que la de Badinguet.7 A eso, la bonita escena inaugural, puro melodrama de la Porte Saint-Martin8 del lower empire,9 el padre con el hijo junto al oído del cañón, y la infamia con que se mezcla este «sublime» momento: ¡el bombardeo de Saarbrücken! El tipo tal como es.
Mac Mahon insistió en el primitivo consejo de guerra de Metz en avanzar deprisa, pero Le Bœuf era de la opinión contraria.
Apropos! Por una carta de Viena (del primo de Eccarius, un anciano de 72 años) vemos que Bismarck estuvo allí con todo sigilo.
Muy conforme al espíritu del lower empire, esta guerra, su intendencia y su diplomacia muestran la consigna: robarse mutuamente y mentirse mutuamente, de modo que en Francia todo el mundo, del ministro al clerk,10 del mariscal al soldado raso, del emperador a su limpiabotas, se queda completamente perplejo en cuanto the true state of things11 se revela bajo el fuego de cañón.
El señor John Stuart Mill ha prodigado grandes elogios a nuestro manifiesto.12 En general ha causado mucho efecto en Londres. Entre otras cosas, la filistea Peace Society de Cobden se ha ofrecido por escrito a difundirlo.13
Ad vocem14 el manifiesto de Oswald: he hecho uso de tu permiso, porque de verdad me disgustaba figurar sin «ti». Con el retraso, el manifiesto se vuelve naturalmente todavía más tonto. Pero no nos importa, porque solo respaldamos its general sentiments,15 etc., en la medida en que, etc. Retirarse —a pesar del ridículo— ya no se puede, porque Louis Blanc, etc., creerían si no que la culpa es de las victorias prusianas.
Apropos! El viejo Ruge había escrito a Oswald hace 8 días que no podía firmar. ¿Por qué? ¡Está «convencido de que los prusianos proclamarán en París la república francesa»! ¿No reconoces ahí, en toda su gloria, al viejo animal de las confusiones y las construcciones?
Te adjunto algunas cosas del profeta Urquhart. Salut.
Tuyo, K. M.
P. S. En un artículo de la Fortnightly Review (número de agosto) sobre «Our uncultivated lands»16 hay lo siguiente sobre el suelo irlandés:
«That her soil is fertile is proved upon the testimony etc. etc. and M. de Laveleye: the latter gentleman says etc. etc.»17 (p. 204). Como Laveleye18 pasa entre los ingleses por gran autoridad agronómica por sus libros sobre la agricultura belga e italiana, este pasaje te es útil.
Arnold Ruge (1802-1880), el antiguo colaborador de Marx en los Anales franco-alemanes, que vivía en Brighton; Marx lo llama con burla por Arnold Winkelried, héroe legendario suizo. ↩
«El imperio está hecho». ↩
«Por las buenas o por las malas». ↩
«Potencias beligerantes». ↩
«Hay que hacer algo». ↩
«Quien viva lo verá». ↩
Apodo de Napoleón III, por el nombre del albañil cuyas ropas se puso para fugarse de la fortaleza de Ham en 1846. ↩
Teatro parisino del melodrama. ↩
«Bajo imperio». ↩
«Oficinista». ↩
«El verdadero estado de las cosas». ↩
El Primer manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la guerra franco-prusiana. ↩
La Peace Society, sociedad pacifista inglesa ligada a los librecambistas de Richard Cobden. ↩
«A propósito de». ↩
«Sus sentimientos generales». ↩
«Nuestras tierras sin cultivar». ↩
«Que su suelo es fértil lo prueba el testimonio, etc., etc., y del señor de Laveleye; este último caballero dice, etc., etc.» ↩
Émile de Laveleye (1822-1892), economista belga. ↩