Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 7 de septiembre de 1870. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1408, pp. 379-381) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 7 de septiembre de 1870.

Querido Mohr:

(Continuación.) Al filisteo alemán, con las victorias inesperadas y, por su parte, inmerecidas, el chovinismo se le ha subido horriblemente a la cabeza, y ya es hora de que se haga algo contra ello. ¡Si al menos el Volksstaat no fuera tan miserable! Pero no hay nada que hacer. Antes de que mi introducción a la Guerra campesina aparezca impresa como folleto,1 los acontecimientos la habrán dejado atrás hace tiempo. La nueva proclama de la Internacional (de la que esta vez, sin embargo, tienes que hacer tú también la versión alemana) es por eso tanto más necesaria.

Si la proclama de la Internacional de París ha llegado por telégrafo más o menos fielmente, demuestra desde luego que la gente sigue por completo bajo el dominio de la frase. Esas personas que han tolerado a Badinguet 20 años, que hace todavía 6 meses no pudieron impedir que obtuviera 6 millones de votos contra 1½ y que los lanzara contra Alemania sin motivo ni pretexto, esa gente exige ahora, porque las victorias alemanas les han regalado una república —et laquelle!—,2 que los alemanes abandonen inmediatamente el sagrado suelo de Francia; si no: guerre à outrance!3 Es exactamente la vieja presunción de la superioridad de Francia, del suelo santificado por 1793, que ninguna de las marranadas francesas posteriores puede profanar, de la santidad de la frase «república». En realidad, esta actitud recuerda a los daneses, que en 1864 dejaban acercarse a los prusianos a 30 pasos, les disparaban una descarga y luego rendían las armas con la esperanza de que, por esta formalidad, no se les pagara con la misma moneda.

Espero que la gente recobre el juicio en cuanto haya pasado la primera borrachera, porque si no sería endiabladamente difícil tratar con ellos internacionalmente.

Toda esta república, como su origen sin lucha, es hasta ahora una pura farsa. Como esperaba desde hace 14 días y más, los orleanistas quieren una república provisional que firme la paz vergonzosa, para que el onus4 no recaiga sobre los Orleans que se restaurarán más tarde. Los orleanistas tienen el poder real: Trochu el mando militar y Kératry la policía; los señores de la gauche tienen los puestos de charlatanería. Como los Orleans son ahora la única dinastía posible, pueden esperar tranquilamente el verdadero avènement au pouvoir5 hasta el momento oportuno.

Acaba de irse Dupont. Ha estado aquí esta noche y está furioso por esta bonita proclama de París. Que Serraillier vaya allí y haya hablado antes contigo le tranquiliza. Sus opiniones sobre el caso son perfectamente claras y justas: aprovechar la libertad que la República da inevitablemente para organizar el partido en Francia; acción, cuando se presente la ocasión una vez hecha la organización; contención de la Internacional en Francia hasta después de firmada la paz.

Los señores del Gobierno provisional y los burgueses de París (a juzgar por la correspondencia del Daily News) parecen saber muy bien que lo de continuar la guerra es pura palabrería. La lluvia apenas estorbará a los alemanes; la gente que está ahora en campaña ya se ha acostumbrado y está más sana con ella que con el calor. Pueden sumarse a eso, ciertamente, enfermedades epidémicas, sobre todo en la capitulación de Metz, donde seguro que ya las hay, pero eso es incierto. Una guerra de guerrillas que obligara a los prusianos a fusilamientos en masa tampoco parece muy probable, aunque podría estallar aquí y allá bajo la primera impresión de la revolución. Cuando sepamos qué impresión causa en París la capitulación de Metz, que se producirá a más tardar la semana que viene, se podrá juzgar también la marcha ulterior de la guerra. Hasta ahora, las medidas, es decir, las frases, de los nuevos gobernantes no me parecen prometer otra cosa que una pronta rendición.

Rochefort no se quedará mucho tiempo con esa chusma; si vuelve a salir la Marseillaise, pronto habrá choque entre él y ellos.

Schorlemmer se ha ido hoy con Wehner para llevar, de parte del comité de socorro de aquí, una masa de aguardiente, vino, mantas de lana, camisas de franela, etc. (por más de 1000 libras en total), directamente por Bélgica a Sedán, para los heridos. Si tiene algo de tiempo, irá a verte, pero todavía tienen allí un montón de cosas que resolver; no se empezó a comprar y a empaquetar hasta ayer por la mañana. De allí quieren ir, si es posible, a Metz, donde cada uno tiene un hermano en el ejército.

Es característico del gobierno piojoso de París que tampoco él se atreva a decirle claramente al público cómo están de verdad las cosas. Me temo que, si no ocurre un milagro, es inevitable un momento de dominio directo de la burguesía bajo los Orleans, para que la lucha se desarrolle en su forma pura. Sacrificar ahora a los obreros sería una estrategia a lo Bonaparte y MacMahon; antes de la paz no pueden hacer nada en ninguna circunstancia, y después necesitarán todavía tiempo, de momento, para organizarse.

La amenaza de alianza presionará seguramente algo a los prusianos. Pero saben que los fusiles de retrocarga rusos no sirven para nada, que los ingleses no tienen ejército y que los austriacos están muy débiles. En Italia, Bismarck parece haber hecho imposible toda resistencia de los gobernantes con el papa (pues el Gobierno de Florencia anuncia oficialmente que todavía en septiembre se trasladará a Roma) y, además, con la promesa de Saboya y Niza; el golpe fue fino. Por lo demás, Bismarck parece esperar solo un poco de presión para contentarse con dinero y con la ciudad de Estrasburgo y sus alrededores. Todavía puede necesitar a los franceses y quizá se imagina que podrían tomarlo por magnanimidad.

Adjüs,6 muchos saludos. Tuyo, F. E.

  1. La introducción de Engels a la segunda edición de La guerra campesina en Alemania (Leipzig, 1870). ↩

  2. «¡Y qué república!». ↩

  3. «¡Guerra a ultranza!». ↩

  4. «Carga» (latín). ↩

  5. «Llegada al poder». ↩

  6. «Adiós», en dialecto. ↩