Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 12 de septiembre de 1870. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1410, pp. 383-384) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 12 de septiembre de 1870.
Querido Mohr:
Nuestros amigos de allí —en Alemania como en Francia— rivalizan, desde luego, en habilidad política. ¡Esos asnos de Brunswick! Tenían miedo de que te molestara que elaboraran los puntos de vista que les habías dado, y por eso los dieron literalmente. Pero lo único verdaderamente desagradable es el pasaje sobre el desplazamiento del centro de gravedad. Imprimir eso supera todo en falta de tacto. Con todo, es de esperar que los parisinos tengan ahora otra cosa que hacer que dedicarse al estudio de este manifiesto, sobre todo porque no saben alemán. Su alemán en la proclama es precioso. Y Wilhelm, en su periódico, alaba este engendro chovinista. Longuet también es bueno. Como a ellos Guillermo I les ha regalado una república, ahora hay que hacer enseguida la revolución en Alemania. ¿Por qué no hicieron ellos una después de la española?1
El pasaje sobre Alsacia y Lorena del manifiesto está reproducido en la Zukunft2 de hoy, pero como procedente de los de Brunswick. Mándame 2 o más ejemplares del nuevo manifiesto en cuanto esté listo.
Si en París se pudiera hacer algo, habría que impedir que los obreros se alzaran antes de la paz. Bismarck estará pronto en condiciones de firmar la paz, sea con la toma de París, sea porque la situación europea le obligue a poner fin a la guerra. Como quiera que resulte la paz, tiene que estar firmada antes de que los obreros puedan hacer nada. Si ahora vencen —al servicio de la defensa nacional—, tendrán que recoger la herencia de Bonaparte y de la actual república piojosa, y los ejércitos alemanes los aplastarán inútilmente y los harán retroceder otros 20 años. Ellos mismos no pueden perder nada esperando. Los eventuales cambios de frontera son, de todos modos, solo provisionales y se volverán a deshacer. Batirse por los burgueses contra los prusianos sería una locura. El gobierno, sea cual sea, que firme la paz se volverá ya por eso imposible a la larga, y el ejército que vuelva del cautiverio no será muy de temer en los conflictos internos. Después de la paz, todas las posibilidades serán más favorables para los obreros de lo que nunca lo fueron antes. Pero ¿no se dejarán arrastrar otra vez, bajo la presión del ataque exterior, y proclamarán la república social en vísperas del asalto a París? Sería espantoso que los ejércitos alemanes tuvieran que librar, como último acto de guerra, una lucha de barricadas contra los obreros de París. Nos haría retroceder 50 años y lo trastocaría todo de tal modo que cada uno y cada cosa quedaría en una posición falsa, ¡y luego el odio nacional y el dominio de la frase que entonces surgirían entre los obreros franceses!
Es endiabladamente malo que sean tan pocos en París los que se atreven, en la situación actual, a querer ver las cosas como realmente son. ¿Dónde hay uno en París que se atreva siquiera a pensar que la fuerza activa de resistencia de Francia está rota para esta guerra y que con ello cae la perspectiva de expulsar la invasión mediante una revolución? Precisamente porque la gente no quiere oír la verdad de los hechos, temo que se llegue todavía a eso. Porque la apatía de los obreros antes de la caída del Imperio habrá cambiado ahora, seguramente.
Podrías decirme también cómo se titula el libro de Schäffle. Ahí tienes al verdadero adversario. El individuo estuvo en el Parlamento aduanero3 y es un economista vulgar de lo más corriente, ya más bien un Faucher,4 pero suabo. Con el libro te vas a divertir.
Como, por lo que parece, en todo caso se anexionará algo, sería hora de pensar en una forma en que los obreros alemanes y franceses se pongan de acuerdo para considerar todo esto nul et non avenu5 y deshacerlo en el momento oportuno. Mi opinión era que esto habría sido útil ya al estallar la guerra; pero ahora, cuando el destino de la cesión recae sobre los franceses, se vuelve necesario; si no, los tipos pondrán el grito en el cielo.
Dile a Tussy que mi mujer le agradece mucho su carta y que recibirá respuesta un día de estos. Con muchos saludos a todos.
Tuyo, F. E.
La revolución española de septiembre de 1868, que derrocó a Isabel II. ↩
Die Zukunft, diario demócrata de Berlín dirigido por Johann Jacoby y Guido Weiss. ↩
El Parlamento aduanero (Zollparlament) de 1868-1870, formado por el Reichstag de la Confederación de Alemania del Norte y diputados de los Estados del sur. ↩
Julius Faucher (1820-1878), economista librecambista alemán. ↩
«Nulo y sin efecto». ↩