Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que estaba en Manchester, escrita en Londres el 30 de mayo de 1873 (el lugar no figura en la carta). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1425, pp. 396-398) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

30 de mayo de 1873.

Querido Mohr:

Esta mañana, en la cama, se me ha ocurrido lo siguiente, en plan dialéctico, sobre las ciencias de la naturaleza:1

Objeto de la ciencia de la naturaleza: la materia en movimiento, los cuerpos. Los cuerpos no se pueden separar del movimiento; sus formas y especies solo se pueden conocer en él; de los cuerpos fuera del movimiento, fuera de toda relación con los demás cuerpos, no hay nada que decir. Solo en el movimiento muestra el cuerpo lo que es. Por eso la ciencia de la naturaleza conoce los cuerpos considerándolos en su relación mutua, en el movimiento. El conocimiento de las distintas formas de movimiento es el conocimiento de los cuerpos. El estudio de estas distintas formas de movimiento es, por tanto, el objeto principal de la ciencia de la naturaleza.2

  1. La forma de movimiento más simple es el cambio de lugar (dentro del tiempo, para darle gusto al viejo Hegel): el movimiento mecánico.

a. El movimiento de un cuerpo aislado no existe; pero, hablando en términos relativos, la caída puede valer como tal. El movimiento hacia un centro común a muchos cuerpos. Pero en cuanto el cuerpo aislado ha de moverse en una dirección distinta de la del centro, sigue cayendo, sí, bajo las leyes de la caída, pero estas se modifican3

b. en leyes de la trayectoria y llevan directamente al movimiento recíproco de varios cuerpos —movimiento planetario, etc., astronomía, equilibrio—, temporal o aparente en el movimiento mismo. Pero el resultado real de esta clase de movimiento es siempre, en definitiva, el contacto de los cuerpos que se mueven: caen unos sobre otros.

c. Mecánica del contacto: cuerpos que se tocan. Mecánica ordinaria, palanca, plano inclinado, etc. Pero el contacto no agota con esto sus efectos. Se manifiesta directamente en dos formas: rozamiento y choque. Ambos tienen la propiedad de producir, con cierto grado de intensidad y en determinadas circunstancias, efectos nuevos, ya no meramente mecánicos: calor, luz, electricidad, magnetismo.

  1. Física propiamente dicha, ciencia de estas formas de movimiento, que, tras investigar cada una por separado, comprueba que en determinadas condiciones se transforman unas en otras, y acaba por descubrir que todas ellas, con cierto grado de intensidad, que varía según los distintos cuerpos en movimiento, producen efectos que rebasan la física, cambios en la estructura interna de los cuerpos: efectos químicos.

  2. Química. Para estudiar las formas de movimiento anteriores era más o menos indiferente que se hiciera con cuerpos vivos o inertes. Los inertes mostraban incluso los fenómenos en su mayor pureza. La química, en cambio, solo puede conocer la naturaleza química de los cuerpos más importantes en sustancias que han salido del proceso vital; su tarea principal pasa a ser, cada vez más, producir esas sustancias artificialmente. Es el tránsito a la ciencia del organismo, pero el tránsito dialéctico solo podrá establecerse cuando la química haya dado el tránsito real o esté a punto de darlo.4

  3. Organismo: aquí, por ahora, no me meto en dialécticas.5

Como tú estás ahí en el centro de las ciencias naturales,6 estarás en mejores condiciones que nadie para juzgar lo que hay de cierto en esto.

Tuyo, F. E.

Si creéis que hay algo en todo esto, no habléis de ello, no vaya a ser que algún piojoso inglés me robe la idea; trabajarlo todavía llevará mucho tiempo.

  1. Es el primer esbozo del plan de la obra sobre la dialéctica de la naturaleza que Engels preparó durante años y dejó inacabada, y de la que se sirvió en el Anti-Dühring. La carta pasó por las manos de Carl Schorlemmer, químico y amigo de ambos, que anotó al margen sus comentarios; la MEGA¹ los da en nota y los recogemos en las nuestras. ↩

  2. Glosa de Schorlemmer al margen de este párrafo: «Muy bien; es mi propia opinión. C. S.». ↩

  3. Glosa de Schorlemmer: «¡Muy cierto!». ↩

  4. Glosa de Schorlemmer, en inglés: «That's the point!» («¡Esa es la cuestión!»). ↩

  5. En el manuscrito, por error, «3». Glosa de Schorlemmer: «Yo tampoco. C. S.». ↩

  6. En Manchester, con Schorlemmer, profesor de química en el Owens College, y con Moore. ↩