Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que estaba en Ramsgate, escrita en Londres el 1 de agosto de 1877 (el lugar no figura en la carta). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1472, pp. 470-472) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

1 de agosto de 1877.

Dear Fred:

Te adjunto una carta de Höchberg a Hirsch, que volvió el sábado a París. Ten la bondad de devolverme la carta después de leerla, porque tengo que hacérsela llegar otra vez a Hirsch.

Creo que la carta de Höchberg caracteriza al hombre mejor que todo lo que Liebknecht (que vuelve a lucirse con su recomendación del Confucio Acollas y del faiseur Lacroix) dice o puede decir de él.1 Höchberg es el primero que —a mi juicio, con las mejores intenciones— se compra un sitio en el partido y quiere rehacerlo a su imagen. Es evidente que conoce muy poco o nada a los hombres de partido y escritores «extranjeros» que quiere agrupar «internacionalmente» a su alrededor. ¡Al digno B. Malon, al que hasta la Liberté belga rechazó por fabricante de libros superficial, se lo toma au sérieux!2 En cuanto a Élisée Reclus, el hijo de cura protestante, debería saber en todo caso que él y su hermano Pólux son el «alma» (por hablar como nuestro antiguo inspirador de la Neue Rheinische Zeitung) del periódico suizo Le Travail (otros colaboradores: Zhukovski, Lefrançais, Razoua et tutti quanti), en el que, aunque en forma jesuíticamente más fina que la que está al alcance del desdichado Guillaume, se libra una lucha a muerte contra el movimiento obrero alemán, y muy especialmente se denuncia a sus dirigentes (a Liebknecht, etc., naturalmente, no se les nombra) como gente que, a costa de los obreros, no hace nada, sino que más bien frena el movimiento y derrocha las fuerzas del proletariado en combates fingidos y en enredos parlamentarios.3 ¡Y en agradecimiento, Höchberg quiere invitarlo desde Berlín a colaborar!

Hace un par de días turned up4 —para desaparecer poco después otra vez rumbo a Alemania— el alegre jorobadito Wedde.5 Traía el encargo urgente de Geib de ganarnos a ti y a mí para la Zukunft. No le he ocultado en absoluto nuestros propósitos de abstención ni sus razones, para gran disgusto suyo, y le he dado a entender al mismo tiempo que, si nuestro tiempo lo permite o las circunstancias exigen volver a actuar como propagandistas, nosotros, como Internacional, no estamos en modo alguno atados ni obligados a unirnos a Alemania, «a la patria, a la querida patria».6

En Hamburgo había visto al doctor Höchberg y, ditto, a Wiede; este último tiene un barniz algo superficial de arrogancia berlinesa; el primero le gustó, pero todavía padece mucho de la «mitología moderna». Es que, cuando el hombrecillo (Wedde) estuvo por primera vez en Londres, usé la expresión «mitología moderna» para designar a las diosas, otra vez en boga, de la «Justicia, Libertad, Igualdad, etc.», lo que le causó una profunda impresión, porque él mismo había servido mucho a esos seres superiores. Höchberg le pareció algo «dühringizado», y su olfato es más fino que el de Liebknecht.

Habrás recibido el Mehring.7 Hoy mismo te mando además un folleto pequeño contra Treitschke, muy aburrido y superficial, pero que por algunos puntos tiene cierto interés.

Lo que en Turquía es el mal principal es la vieja historia de todas las monarquías absolutas. El partido del serrallo —que es a la vez ruso, igual que el partido de Carlos I, Carlos II, Jacobo II, Luis XVI, Federico Guillermo IV, que intentaron todos sostenerse intrigando con el extranjero— se dobla, pero está lejos de estar roto. Con el primer susto, Abdul Kerim y Redif fueron citados ante un consejo de guerra, Mahmud Damad cayó en desgracia y se invitó a Midhat Pachá a volver. Apenas pasado el primer pánico, Damad vuelve a mandar, protege a sus fieles, mantiene lejos a Midhat, etc.8 Estoy convencido de que la diplomacia moscovita sigue con más expectación las maniobras de Constantinopla que las de uno y otro lado del Balcán.

A propósito del «valor», Kaufman hace, en el primer capítulo (muy deficiente, incluso absolutamente erróneo, pero no carente de interés) de la Teoria kolebania tsen,9 sobre el «valor», tras pasar revista a todas las elucubraciones de epígonos de los escolásticos alemanes, franceses e ingleses contemporáneos, la siguiente observación, absolutamente justa: «En nuestra revista de las doctrinas sobre el valor… vimos que los economistas políticos han comprendido bien la importancia de esta categoría… Sin embargo… todos los que se ocupan de la ciencia económica conocen el hecho de que de palabra se exalta al máximo la importancia del valor, pero en realidad se lo olvida lo más deprisa posible, una vez que se ha predicado más o menos sobre él en la introducción; es imposible citar ni un solo ejemplo en que lo que se dice sobre el valor tenga una conexión orgánica con lo que se dice sobre otras cuestiones, en que lo dicho en la introducción sobre el valor ejerza alguna influencia en las exposiciones siguientes. Aquí, naturalmente, solo tengo en cuenta la categoría pura “valor”, separada del precio».

Esa es, en efecto, la marca de toda la economía vulgar. Adam Smith la había iniciado; sus pocas aplicaciones profundas y sorprendentes de la teoría del valor se encuentran en observaciones ocasionales que no tienen influencia alguna en sus desarrollos ex professo.10 El gran pecado de Ricardo, el que lo hizo indigesto desde el principio, fue precisamente el intento de demostrar la exactitud de su teoría del valor con los hechos económicos que en apariencia más la contradicen.

Los señores sobrinos me regalaron ayer los cinco gruesos tomos de The Native Races of the Pacific States of North America, de Bancroft.11 Que el libro haya salido en Longmans les vino muy bien: pudo entrar sin más en la cuenta entre Longmans y el viejo.

El doctor Wiede ha contestado con una carta muy cortés a mi escrito de excusa.

En cuanto a la Zukunft, no voy a contestar en absoluto, considering that an anonymous circular, signed by nobody, is from its very nature — unanswerable and not to be answered.12

Las escaramuzas irlandesas en la House of Commons son muy divertidas. Parnell y los demás le dijeron a Barry que lo malo es la actitud de Butt, que especula con un puesto de juez y los ha amenazado con dejar su puesto de leader. Podría hacerles mucho daño en Irlanda. Barry habló de la letter de Butt to the General Council of the International.13 Les gustaría tener ese documento, como prueba de que sus melindres con los intransigentes no son más que comedia: pero ¿dónde voy a encontrar ahora esos papeles?

Salut.

Tuyo, Mohr.

  1. Émile Acollas (1826-1891), jurista y publicista republicano francés; Sigismond Lacroix (1845-1909), periodista radical de París. Faiseur: «intrigante», «chapucero». ↩

  2. Benoît Malon (1841-1893), antiguo miembro de la Comuna de París, por entonces cercano a los anarquistas. La Liberté, periódico socialista de Bruselas. Au sérieux: «en serio». ↩

  3. Élisée Reclus (1830-1905), geógrafo anarquista, y su hermano Élie (1827-1904); Marx los compara con los gemelos Cástor y Pólux. Nikolái Zhukovski, Gustave Lefrançais y Eugène Razoua, emigrados de tendencia anarquista en Suiza; James Guillaume (1844-1916), el principal dirigente bakuninista de la Federación del Jura. Et tutti quanti: «y todos los demás». ↩

  4. «Apareció». ↩

  5. Johannes Wedde (1843-1890), socialdemócrata y poeta de Hamburgo. ↩

  6. Verso del Guillermo Tell de Schiller («Ans Vaterland, ans teure, schließ dich an»: «únete a la patria, a la querida patria»). ↩

  7. El folleto de Franz Mehring Die deutsche Socialdemokratie. Ihre Geschichte und ihre Lehre (1877), entonces hostil a la socialdemocracia. ↩

  8. Mahmud Damad Pachá, cuñado del sultán Abdul Hamid II y ministro, cabeza del partido de la corte; Redif Pachá, ministro de la Guerra; Midhat Pachá, el gran visir reformista, padre de la Constitución de 1876, desterrado en febrero de 1877. ↩

  9. Teoría de las oscilaciones de los precios (San Petersburgo, 1867), del economista ruso Illarión Kaufman (1848-1916), autor de una reseña de El capital que Marx citó en el epílogo a la segunda edición alemana. ↩

  10. «Expresamente», «en el tratamiento sistemático». ↩

  11. Hubert Howe Bancroft, The Native Races of the Pacific States of North America («Los pueblos indígenas de los estados del Pacífico de Norteamérica», 5 tomos, 1874-1875). Los sobrinos son, probablemente, hijos de Louise Juta, hermana de Marx, y del librero de Ciudad del Cabo Jan Carel Juta, «el viejo». ↩

  12. «Considerando que una circular anónima, no firmada por nadie, es por su misma naturaleza imposible de contestar y no merece respuesta». ↩

  13. En julio de 1877 los diputados irlandeses Charles Stewart Parnell y Joseph Biggar paralizaron con la obstrucción los debates de la Cámara de los Comunes, contra el criterio de Isaac Butt (1813-1879), jefe del partido autonomista irlandés. Maltman Barry, periodista que había sido miembro de la Internacional. Letter… to the General Council of the International: «carta al Consejo General de la Internacional». ↩