Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que estaba en Bridlington Quay, escrita en Argenteuil el 9 de agosto de 1881 (el lugar no figura en la carta). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1504, pp. 508-510) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

9 de agosto de 1881.

Dear Fred:

Acabo de recibir tu carta. Certifico esta; de robo de cartas a lo Stieber, dice Longuet, no hay que pensar; pero las cartas certificadas, sobre todo en sitios apartados como Argenteuil, se despachan más deprisa.

El sábado llevamos a mi mujer a París, que vio desplegarse ante ella en coche abierto; le gustó mucho (a mí me da la impresión d'une foire perpétuelle),1 con algunas interrupciones, naturalmente, y sitting down before los cafés. En un momento de la vuelta se mareó; pero quiere volver.

El estado, como de costumbre: tan pronto insoportable, tan pronto mejor durante horas. Con el adelgazamiento continuo, aumento de la debilidad. Ayer, una pequeña hemorragia en un punto de la piel, que el médico considera síntoma de debilidad. Le dije que teníamos que pensar seriamente en el viaje de vuelta; dice que se puede esperar todavía unos días antes de tomar una decisión definitiva. Ella misma me ha jugado la mala pasada, cuando le hablé de volver a finales de esta semana, de mandar a lavar un montón de ropa que no devolverán antes de principios de la semana que viene. En todo caso te telegrafiaré cuándo salimos (si no hubiera tiempo de avisarte antes simply por carta). Curiosamente, aunque descanso condenadamente poco de noche y tengo durante el día no pocas inquietudes, todo el mundo habla de mi buen aspecto, y en efecto lo tengo.

Jennychen, mucha asma, porque la casa tiene muchas corrientes. La pequeña, como siempre, heroica.2

El domingo tenía que enseñar París a Helen, y por eso escribí antes a Hirsch, and in the nick of time.3 Estaba a punto de marcharse (con gran disgusto de Kaub y enfado de su mujer) a Alemania. Quiere mostrar a los dirigentes del partido en Alemania que no tiene nada de extraordinario exponerse al peligro de la policía. Ayer se largó.

Ayer vinieron aquí a déjeuner Jaclard y su rusa, una pareja encantadora.4 Hoy se espera para la misma performance a Lissagaray y a la mujer (con su hermana) de nuestro médico.5

Por Jaclard supimos que había asistido a una reunión electoral en Batignolles en la que se presentaban como candidatos Henry Maret, nuestro doctor Regnard y… Pyat, que apareció de pronto —selfunderstood,6 con permiso de la policía— y sin que nadie lo esperara.7 Pyat fue miserablemente abucheado. Cuando habló de la Comuna, grito general: «Vous l'avez lâchée!». No tuvo más éxito Regnard. Para parecer paradójico y profundo, el loco empezó declarando: «Je suis contre la liberté!». General howling! De nada le sirvió la aclaración posterior de que se refería a la «liberté des congrégations».8 El Kulturkämpfer fracasó, y lo mismo Henry Maret.

Es posible que la extrema izquierda aumente algo en número, pero el resultado principal será probably la victoria de Gambetta. Lo corto del periodo electoral da, en las condiciones francesas, la decisión a los faiseurs que tienen en sus manos numerosas «posiciones», a los previsibles repartidores de puestos en la maquinaria del gobierno y a quienes disponen de la «caja del Estado», etc. Los «grevystas» habrían podido derrotar a Gambetta si hubieran tenido la energía de echar del gabinete, tras los últimos failures de este, a sus satélites Cazot, Constans y Farre.9 Como no lo hicieron, los cazadores de cargos, los especuladores de bolsa, etc., etc., se dicen: Gambetta is the man! They have not dared to attack him in his strongholds, you cannot rely upon them.10 Los ataques generales diarios contra él en la prensa radical y reaccionaria contribute to enhance him despite all his tomfooleries.11 El campesino, además, considera a Gambetta el nec plus ultra del republicanismo posible.

A Tussychen le sale, a la vez que esta, una carta para darle instrucciones. Necesitaré todavía algo de dinero, porque esta vez el viaje será caro (el médico opina además que unos días en Boulogne, por el aire del mar, podrían sentar bien a la paciente), hay que contar con una considerable cuenta del médico y tendremos que compensar en cierta medida a Jennychen por los gastos que le cargamos.

Así que Gumpert funda una tercera (o segunda) familia. ¡Enhorabuena! Para un médico, el paso es sensato. A la Böcker de Manchester se la han elogiado mucho a mi mujer por varios lados.

Salut. Tuyo, Mohr.

Beesly se pone cada vez más en ridículo. La glorificación de Max Hirsch en el Labour Standard debería ser stopped por Weiler.12

  1. «De una feria perpetua». ↩

  2. Das Kind, «la niña»: la propia Jennychen. ↩

  3. «Y justo a tiempo». Helen: Helene Demuth. ↩

  4. Victor Jaclard (1840-1903), blanquista, antiguo miembro de la Comuna, y su mujer, la escritora rusa Anna Korvin-Krukóvskaia (1843-1887). ↩

  5. Prosper-Olivier Lissagaray (1838-1901), historiador de la Comuna de París, que había estado prometido con Eleanor Marx. ↩

  6. «Por supuesto», en inglés macarrónico. ↩

  7. Henry Maret, periodista radical; Albert Regnard, médico y publicista anticlerical; Félix Pyat (1810-1889), periodista y político, miembro de la Comuna. ↩

  8. «¡La abandonasteis!» (a la Comuna). «¡Estoy en contra de la libertad!». General howling: «abucheo general». «La libertad de las congregaciones» religiosas. ↩

  9. Los partidarios del presidente de la República, Jules Grévy. Théodore Cazot, Ernest Constans y el general Farre eran ministros. Failures: «fracasos». ↩

  10. «¡Gambetta es el hombre! No se han atrevido a atacarlo en sus baluartes; no se puede confiar en ellos». ↩

  11. «Contribuyen a encumbrarlo a pesar de todas sus payasadas». ↩

  12. Edward Spencer Beesly (1831-1915), historiador positivista inglés, que había presidido el mitin fundacional de la Internacional en 1864. Max Hirsch (1832-1905), fundador de los sindicatos liberales alemanes Hirsch-Duncker. Adolph Weiler, socialista alemán emigrado en Londres. Stopped: «parada». ↩