Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Londres, escrita en Montecarlo el 8 de mayo de 1882. Se conserva completa. Marx mezcla constantemente inglés y francés; dejamos en esas lenguas, en cursiva, las expresiones con color propio y traducimos el resto. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1526, pp. 538-540) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

8 de mayo de 1882.

Hôtel de Russie, Montecarlo.

Dear Fred:

Ya 2 o 3 semanas antes de mi partida de Argel (a primeros de mayo) los meteorólogos anunciaban temporal en el mar. En efecto, durante mis últimos días africanos el siroco se desató a sus anchas, y con él un gran calor, pero estropeado por las ráfagas de viento, los remolinos de polvo y, de vez en cuando, enfriamientos inesperados, aunque a menudo pasajeros. Mi catarro bronquial se agravó en esos días y todavía no está bastante sofocado. La tormenta en el mar (en la noche del 4 al 5 de mayo) hizo notar la corriente de aire hasta en el camarote; llegué a Marsella con un fuerte aguacero (el 5 de mayo por la mañana), y la lluvia siguió hasta Niza. También a Montecarlo importé 1 día de lluvia (ayer); hoy hace un tiempo espléndido. Ya ves que he sido consecuente, pues antes de mi llegada llevaba meses sin llover en Niza y en Montecarlo. Pero esta vez fue una broma, no tan en serio como en Argel.

En Niza, donde me quedé el 5 y el 6, pronto descubrí que allí el viento es caprichoso y que no hay que esperar en absoluto una temperatura constante y uniforme. Hoy mismo me ha confirmado mi breve experiencia el doctor Delachaux, médecin-chirurgien (con residencia en Interlaken), que se aloja en el mismo hotel. En un viaje de vacaciones ha visitado Niza, los alrededores y, generally, los lugares más famosos de la Riviera, con un ojo puesto en el negocio, para averiguar qué sitios podría recomendar mejor a quienes padecen enfermedades de pulmón, catarro bronquial crónico, etc. Se pronunció decididamente en contra de Niza, y prefería Montecarlo incluso a Mentón.1 El doctor Delachaux regresa hoy mismo a su patria suiza.

Del encanto de la belleza natural de aquí lo sabes everything, sea por haberlo visto con tus propios ojos, sea por lo impreso o lo pintado. En muchos rasgos me recuerda vivamente lo africano.

En general, en lo que toca al «aire cálido y seco», pronto se podrá pillar en todas partes. Las manchas solares profetizan una intensa acción de los rayos, y en Francia se teme la escasez de agua.

For conscience sake2 consultaré aquí mañana al doctor alemán Kunemann. Llevo conmigo la consulta escrita del doctor Stephann (solo por sus tarjetas de visita me he enterado de que Stephann es además professeur suppléant à l’École de Médecine de la facultad de Argel),3 lo que me ahorra más palabrería. En cuanto Stephann dio por terminada la pleuresía, empecé de inmediato, por prescripción suya (de Stephann), a frotarme con tintura de yodo las partes más altas (del lado izquierdo) del pecho y de la espalda. Desde que subí al barco hasta hoy4 he interrumpido estas operaciones, que además difícilmente puedo hacerme yo en persona en mi propia espalda, aunque el doctor Delachaux me aconsejó que lo intentara con ayuda de un espejo. Qui vivra verra;5 en todo caso, antes quiero hablar con el doctor Kunemann. Quiero corretear al aire libre todo lo que pueda.

En el casino de Montecarlo, la sala de lectura tiene una prensa parisina e italiana casi completa; los periódicos alemanes, bastante representados; los ingleses, muy poco. Por el Petit Marseillais de hoy me he enterado de «l’assassinat de lord Cavendish et de M. Burke».6 El público de aquí, en cambio, por ejemplo mis compañeros de table d’hôte del Hôtel de Russie, se interesa mucho más por lo que ocurre en las salles de jeu del casino (tables de roulette et de trente-et-quarante).7 Me divirtió sobre todo un hijo de Gran Bretaña, malhumorado, avinagrado, enfurruñado, and why? Porque había perdido unas cuantas monedas de oro cuando estaba firmemente decidido a «birlarlas». No comprendía que a la Fortuna no se la puede avasallar («to bully») ni siquiera con la grosería británica.

Estas líneas tienen que terminar aquí, porque desde este hotel las cartas hay que mandarlas por recadero hasta Mónaco para echarlas al correo.

Muchos saludos a todos.

Tuyo, Mohr.

  1. Desde «con un ojo puesto en el negocio» hasta aquí, en inglés en el original. ↩

  2. «Por cargo de conciencia». ↩

  3. «Profesor suplente de la Escuela de Medicina». ↩

  4. Los editores de la MEGA¹ advierten que aquí falta, al parecer, la palabra «ayer». ↩

  5. «Quien viva, verá». ↩

  6. «El asesinato de lord Cavendish y del señor Burke». Lord Frederick Cavendish, recién nombrado secretario para Irlanda, y Thomas Henry Burke, subsecretario, fueron asesinados en el Phoenix Park de Dublín el 6 de mayo de 1882 por un grupo de nacionalistas irlandeses, los Invencibles. ↩

  7. Las «salas de juego» del casino, con sus «mesas de ruleta y de treinta y cuarenta» (juego de naipes). ↩