Tarjeta postal de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Londres, escrita en Argenteuil el 4 de julio de 1882 (el lugar no figura en la tarjeta). Se conserva completa. Marx mezcla constantemente inglés y francés; dejamos en esas lenguas, en cursiva, las expresiones con color propio y traducimos el resto. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1533, pp. 546-547) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
4 de julio de 1882.
Dear Fred:
En realidad el verano no empezó hasta el 1 de julio (or rather on the second only).1 Hasta ahora llevo 2 baños de azufre con duchas, mañana el 3.º; nunca me había pasado nada tan magnífico como el baño de chorro (alias douche); al salir del baño uno se sube a una tabla algo elevada, y además en «nature»;2 el bañero maneja entonces la manguera (del calibre de una manga de bomberos) como un virtuoso su instrumento, dirige los movimientos del corpus y le bombardea a uno el corpus por todas sus parts sucesivamente (save the head, la tapa de los sesos)3 durante 180 segundos (alias 3 minutes), ora más flojo, ora más fuerte, hasta las piernas y los pies inclus., y siempre en un crescendo progresivo.
Ya ves lo pocas ganas de escribir que puede tener aquí un hombre. Antes de las 8 y media de la mañana tengo que estar en el railway (i. e. this the time of leaving exactly for Enghien);4 de vuelta a Argenteuil about 12 o’clock; poco después, déjeuner; après, una gran necesidad de reposo, porque este azufre, en todas sus formas, cansa; luego, al aire libre, etc. En la sala de inhalación la atmosphere está oscura de vapores de azufre; ahí uno se queda 30-40 minutes; cada 5 minutos, en una mesa especial, se aspira un vapor especial, pulverizado, preñado de azufre (que sale de uno de los tubos (de cinc) (con grifos)); cada hombre, envuelto en caucho de la cabeza a los pies, y luego todos desfilan uno tras otro alrededor de la mesa; una inocente escena del Infierno de Dante.
Saludos a Schorlemmer.5 Todavía tengo para él una fotografía mía de Argel.
Lafargue se cree aquí un gros oracle.6 Para él, París es the only place of the world worth manhood.7