Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que estaba entonces en Lausana, escrita en Great Yarmouth, donde Engels pasaba las vacaciones, el 26 de agosto de 1882. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1540, pp. 555-557) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
10 Columbia Terrace, Great Yarmouth, 26 de agosto de 1882.
Querido Mohr:
Esta mañana ha llegado tu carta y la de Laura desde Lausana, y aprovecho la calma que reina de momento en la habitación para escribirte. Esta vez el mal tiempo no lo has traído tú, sino el New York Herald con su depresión anunciada.1 Si Tussy pudo atribuir el tiempo lluvioso que hizo aquí antes a que tú estabas demasiado cerca, en París, ahora tenemos que hacer constar que el último giro hacia lo húmedo coincide exactamente con tu alejamiento de nuestra vecindad, y que el miércoles por la noche tuvimos aquí exactamente el mismo violento diluvio que vosotros en Lausana. También esta mañana siguen cayendo chaparrón tras chaparrón, y el pronosticado finer later on se hace esperar todavía.2
Al Longuet, que se lo lleve el diablo con su falta de tacto. Pero ¿de verdad era absolutamente necesario, con un nordeste frío, entretener a Roy precisamente en el jardín?
La campaña egipcia empieza bien. La Kölnische Zeitung afirma lisa y llanamente que en 2½ horas los fuertes de Alejandría quedaron reducidos al silencio, y que las otras 5 horas los ingleses siguieron bombardeando solo para destruir la ciudad.3 La rápida ocupación del Canal se llevó bien a cabo, pero en cuanto vi que Wolseley, al embarcar, hacía pregonar a bombo y platillo que su objetivo era bombardear Abukir, lo vi todo claro y pude exponerle a Schorlemmer el plan de campaña entero, tal como se está ejecutando ahora.4 Por números atrasados de la Kölnische Zeitung he visto después que el plan de marchar sobre El Cairo por Ismailía era ya de dominio público en Londres desde hacía 10 o 12 días. ¡Así de bien se guardó el secreto! El plan en sí es aún el más racional que se podía adoptar en esas circunstancias. Pero la ejecución no irá tan deprisa. Los listísimos ingleses han mandado allí, sí, cañones de campaña, pero ni caballos ni mulas para tirar de ellos. Las mulas las están comprando ahora en el sur de Europa y en África. Los globos cautivos, indispensables para reconocer un país llano y sin árboles, fueron denegados, pero ahora se mandan con retraso. Se han hecho reconocimientos forzados contra la posición atrincherada de los egipcios delante de Alejandría, sin ningún sentido, porque nadie es tan tonto como para desplegar sus fuerzas delante de la posición atrincherada. El heroísmo de Schafuir es ridículo: ¡cinco horas de combate y 2 heridos ingleses! Wolseley, que ya tiene 30 000 hombres, pide ahora su 3.ª división, pero aún se está movilizando. Y cuando llegue, una vez ocupados Alejandría y El Cairo, apenas le quedará lo suficiente para limpiar el Delta y ocupar las ciudades de la costa. Si Arabi es lo bastante listo para esquivar todo golpe decisivo y retirarse al Egipto Medio o al Alto Egipto, la cosa puede hacerse larguísima. Por no hablar de que, si el Nilo crece algo pronto, basta con romper los diques para que a los ingleses se les vaya todo al agua. Con todo, es más que probable que el asunto se cierre no con una acción militar, sino con chanchullos diplomáticos entre bastidores.
Una bonita muestra de para qué sirve el red tape la ha sacado a la luz C. W. Siemens como presidente de la Asociación Británica.5 Hace varios años se legalizó en Inglaterra el metro junto a las medidas antiguas. Y se hicieron traer de París copias auténticas del metro y del kilogramo patrón. Pero si alguien quiere obtener de la autoridad competente una copia auténtica y contrastada de esas unidades, la autoridad declara que la ley del Parlamento en cuestión no la ha autorizado ni obligado a hacerlo. Y si vendes por metros y kilogramos no autorizados por esa autoridad, eso es fraudulento y delictivo. Esta pequeña omisión, tan sabiamente calculada, anula pues la ley entera, y basta: todo sigue como estaba. Por lo demás, Siemens afirma que aferrarse a las medidas antiguas perjudica enormemente a la industria inglesa desde que el sistema métrico se ha generalizado en el continente; una porción de máquinas, etc., ya no se pueden exportar, por estar hechas a otras unidades que el metro y el kilogramo.
Espero que la tos se te vuelva a calmar, y al final también a ti te llegará mejor tiempo. Cuando viajes, ten cuidado con el vapor: por la noche suele hacer frío y niebla en el agua. Hasta la próxima primavera aún tendrás que cuidarte, supongo; luego, la bronquitis eliminada definitivamente y un poco de gimnasia pulmonar en la alta montaña, y habremos salido del bache.
En el país de Vaud hay un vino excelente, el Yvorne, muy recomendable, sobre todo añejo. Luego se bebe un tinto de Neuchâtel, el Cortaillod, que hace un poco de espuma, y la espuma forma una estrella en medio del vaso: también muy bueno. Por último, el Veltliner (Valtellina), el mejor vino de Suiza. Además, en mis tiempos, el petit Bourgogne, el Mâcon y el Beaujolais eran muy buenos y nada caros.6 Bebe con brío de todas estas clases y piensa, si a la larga te aburre tanto ir de un lado a otro, que es la única manera de devolverte el viejo temple; aún puede descansar un poco, pero llegará el día en que nos hará muchísima falta. Saluda de mi parte a Becker y a Wróblewski si los ves.
Saludos cordiales de toda la compañía a ti y a Laura, que recibirá mi próxima carta.
Tuyo, F. E.
El New York Herald publicaba entonces pronósticos de las borrascas que, desde el Atlántico, debían alcanzar las costas de Europa. ↩
«Mejorando más tarde», fórmula de los partes meteorológicos ingleses. ↩
La flota británica bombardeó Alejandría el 11 de julio de 1882; en septiembre, el ejército de Garnet Wolseley derrotó al de Ahmed Arabi (Urabi) Bajá en Tel el-Kebir y ocupó Egipto. ↩
Abukir, en la costa al este de Alejandría. Wolseley ocupó por sorpresa el canal de Suez a mediados de agosto y desembarcó en Ismailía. ↩
El ingeniero Carl Wilhelm (William) Siemens presidió en 1882 la British Association for the Advancement of Science. Red tape: el papeleo burocrático. ↩
Engels había vivido en Suiza (Lausana, Berna) a finales de 1848 y comienzos de 1849. ↩