Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que estaba entonces en Ventnor (isla de Wight), escrita en Londres el 19 de diciembre de 1882. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1566, pp. 584-586) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Londres, 19 de diciembre de 1882.

Querido Mohr:

Ayer a las 5 de la tarde recibí tu carta, y esta mañana, el manuscrito de vuelta.1 Tu juicio es muy halagador; yo no puedo compartirlo, al menos en lo que toca a la forma. Como hoy ha hecho un mediodía bonito y templado, ya te habrán levantado por fin el arresto domiciliario por unas horas. Aquí, eso sí, desde la 1 tenemos otra vez una niebla que va a más y que de vez en cuando se vuelve noche.

El asunto de Podolinski me lo explico así.2 Su verdadero descubrimiento es que el trabajo humano es capaz de retener la energía solar en la superficie de la tierra y de hacerla actuar durante más tiempo del que lo haría sin él. Todas las conclusiones económicas que saca de ahí son falsas. No tengo la cosa a mano, pero la leí hace poco en italiano en la Plebe.3 La cuestión de cómo la cantidad de energía contenida en una cantidad determinada de alimentos puede dejar, mediante el trabajo, una cantidad de energía mayor que ella misma, yo la resuelvo así. Supongamos que los medios de subsistencia que un hombre necesita al día representan una cantidad de energía expresada en 10 000 UC (unidades de calor).4 Esas 10 000 UC siguen siendo por toda la eternidad 10 000 UC y, en la práctica, al transformarse en otras formas de energía, pierden, como es sabido, por rozamiento, etc., una parte que no puede aprovecharse. En el cuerpo humano, una parte incluso considerable. Por tanto, el trabajo físico realizado en el trabajo económico nunca puede ser igual a 10 000 UC; siempre es menor. Pero no por eso el trabajo físico es todavía, ni mucho menos, trabajo económico. El trabajo económico realizado con las 10 000 UC no consiste en modo alguno en la reproducción de esas mismas 10 000 UC, en todo o en parte, en esta o aquella forma. Al contrario, estas se pierden en su mayor parte, en calor corporal aumentado e irradiado, etc., y lo que queda de ellas aprovechable es la capacidad fertilizante de los excrementos. El trabajo económico que un hombre realiza gastando esas 10 000 UC consiste más bien en fijar, por un tiempo más o menos largo, nuevas UC que el sol le irradia y que no tienen con las primeras 10 000 UC otra relación que la de ese trabajo. Que las nuevas UC fijadas gastando las 10 000 UC del alimento diario asciendan a 5000, a 10 000, a 20 000 o a un millón depende únicamente del grado de desarrollo de los medios de producción.

Esto solo puede representarse en cifras en las ramas de producción más primitivas: la caza, la pesca, la ganadería, la agricultura. En la caza y en la pesca ni siquiera se fija energía solar nueva: solo se aprovecha la que ya estaba fijada. Y está claro que, suponiendo que el cazador o pescador esté normalmente alimentado, la cantidad de proteína y de grasa que caza o pesca es independiente de la cantidad de esas sustancias que consume.

En la ganadería se fija energía en la medida en que partes de plantas que, si no, se marchitarían, morirían y se descompondrían rápidamente se transforman de manera planificada en proteína, grasa, piel, huesos, etc., animales, y quedan fijadas así por más tiempo. Aquí el cálculo ya se complica.

Y más aún en la agricultura, donde también entra en la cuenta el valor energético de las materias auxiliares, el abono, etc.

En la industria se acaba del todo cualquier cálculo: el trabajo añadido al producto ya no puede expresarse casi nunca en UC. Si con una libra de hilo todavía puede hacerse, a lo sumo, porque su tenacidad y su resistencia aún pueden reflejarse a duras penas en una fórmula mecánica, aquí ya parece pura pedantería inútil, y con una pieza de tela cruda, y más aún con una blanqueada, teñida o estampada, se vuelve absurdo. El valor energético de un martillo, de un tornillo o de una aguja de coser, según sus costes de producción, es una magnitud imposible.

Querer expresar relaciones económicas en medidas físicas es, a mi juicio, pura y simplemente imposible.

Lo que Podolinski ha olvidado por completo es que el hombre que trabaja no solo fija calor solar presente,5 sino que es un derrochador mucho mayor todavía de calor solar pasado. Lo que hacemos en dilapidación de reservas de energía, carbón, minerales, bosques, etc., lo conoces tú mejor que yo. Desde este punto de vista, también la caza y la pesca aparecen no como fijación de calor solar nuevo, sino como consumo y derroche incipiente de energía solar acumulada ya antes.

Además, lo que el hombre hace a propósito con el trabajo, la planta lo hace sin saberlo. Las plantas —esto ya es una vieja historia— son las grandes absorbentes y depositarias de calor solar en forma transformada. Mediante el trabajo, en la medida en que fija calor solar (cosa que en la industria, y también fuera de ella, no ocurre ni mucho menos siempre), el hombre consigue, pues, unir las funciones naturales del animal, que consume energía, con las de la planta, que la acumula.

Podolinski se ha extraviado a partir de su valiosísimo descubrimiento porque quería encontrar una nueva prueba científico-natural de la verdad del socialismo y por eso ha mezclado lo físico con lo económico.

Te adjunto un cheque de 40 £, para que lo cobres cuando quieras y tengas las espaldas cubiertas.

Sobre la venida de Tussy hablaré con ella esta noche. En cuanto a nosotros, Jollymeyer ha aceptado enseguida, naturalmente;6 los detalles no podrán arreglarse hasta que venga. Mañana, más.

Tuyo, F. E.

  1. «La marca» (Die Mark), apéndice de Engels a la edición alemana de Del socialismo utópico al socialismo científico (1882), que Marx le había devuelto con un «¡muy bien!»: 1882-12-18 Marx a Engels. ↩

  2. Serguéi Podolinski (1850-1891), médico y socialista ucraniano, autor de un ensayo sobre el trabajo humano y la conservación de la energía (Le socialisme et l’unité des forces physiques, 1880). Marx había pedido a Engels su opinión. ↩

  3. La Plebe, periódico socialista italiano dirigido por Enrico Bignami, que publicó una versión italiana del ensayo. ↩

  4. Engels escribe «WE», Wärmeeinheiten: unidades de calor, es decir, calorías. ↩

  5. El texto de la MEGA¹ dice «ein fixierter gegenwärtiger», que solo tiene sentido como «ein Fixierer gegenwärtiger [Sonnenwärme]», «un fijador de calor solar presente»; traducimos así. ↩

  6. Jollymeyer, apodo de Carl Schorlemmer (1834-1892), químico, catedrático en Manchester y amigo íntimo de Marx y de Engels. Engels le había propuesto ir con él unos días a Ventnor a primeros de enero: 1882-12-16 Engels a Marx. ↩