Alarma, nueva serie, n.º 5, junio 1964 (pág. 30). PDF del número completo
La economía americana se encuentra en plena expansión, "bate records", acostumbran decir allá. A pesar de ello, el número de obreros parados, entre 4 y 5 millones, sigue aumentando ligeramente en lugar de descender. La demanda de brazos que la expansión crea no llega siquiera a absorber el número de obreros jóvenes y pequeño-burgueses proletarizados que se presentan en el mercado del trabajo. Según la revista citada, en el mes de abril trabajaron 752.000 hombres más, pero el número total de obreros aumentó en 823.000, o sea 71.000 parados más que en el mes de febrero. Y no hay perspectiva alguna de que la situación mejore en tal aspecto, al contrario. Causa de tal calamidad es la nueva técnica, la automación ya implantada en buena parte de la industria y en la minería. Su aplicación irá extendiéndose, perfeccionándose y dejando sin ocupación ni medios de vida a un número creciente de hombres. A la calamidad del paro hay que añadir la del trabajo en las industrias automatizadas. Contrariamente a lo que el nombre sugiere, el obrero es sometido en ellas a una tensión física y psíquica mucho mayor. Los trabajadores americanos llaman a las nuevas máquinas "men killer", asesinas de hombres. Su funcionamiento es refinado: hacen supérfluo el trabajo a destajo, por piezas, las primas etc. porque el obrero no puede dejar de producir tanto y más que por aquellos otros procedimientos. En muchas empresas, los sindicatos se entienden con el capital para restablecer la paga a la jornada, pero sin incorporar a ella todo lo cobrado antes por concepto de destajos. Para los millones de sintrabajo la miseria, para los que trabajan la extenuación física —tal es la suerte del proletariado americano.
En rigor, a los 4 o 5 millones de parados hay que sumar cerca de 7 millones de hombres dedicados a la insutria de guerra o movilizados, que las industrias útiles no absorberían si aquellas "ocupaciones" fuesen suprimidas. Y todo eso pone de relieve que en ningún país del mundo es tan general y violenta la contraposición entre sistema capitalista y necesidades socialistas inmediatas del proletariado. Incorporando al trabajo útil los millones de personas que realizan trabajos inútiles o perjudiciales, sin hablar de los obreros parados, se podría reducir la jornada de trabajo a 4 horas y aumentar al mismo tiempo los índices de artículos entregados al consumo. Las consignas: "Menos trabajo, más paga" y "Todo aumento de producción a los trabajadores que colectivamente lo realizan" son en Estados Unidos necesidad urgentísima y de fácil realización si el proletariado adquiere conciencia de ellas y de sus implicaciones políticas. Por el momento el proletariado americano tiene el horizonte cerrado por los sindicatos, parte integrante de la estructura capitalista. No obstante, la necesidad de sustraerse a todas las consecuencias nefastas de la automación tal como el capitalismo la aplica y no puede dejar de aplicarla harán surgir espontaneamente aquellas consignas en un momento u otro, empujarán el proletariado a echarle mano a toda la economía y al poder político. La organización del proletariado americano como clase frente al capital daría rápidamente al traste con el aparato mundial del imperialismo y la revolución social no tardaría en extenderse al mundo entero. El proletariado americano hoy politicamente somnolente es el enemigo decisivo del imperialismo, su Talón de Aquiles.