Alarma, nueva serie, n.º 6, diciembre 1964 (págs. 23-24). PDF del número completo
Bolivia es un foco de posibilidades revolucionarias muy importante en América Latina, y por derivación también en la América Anglo-sajona. La sensibilidad política del proletariado boliviano, predominantemente minero, se ha manifestado múltiples veces, y de manera contundente, en el curso de tres decenios. La preponderancia de ese proletariado en la economía del país, su propio peso demográfico relativo, le consienten extraordinarias facilidades de acción, aunque no sin contrapartida.
La entrada en lucha de los mineros ha sido decisiva para la mayoría de los cambios políticos habidos. Lo fué para la victoria del movimiento democrático-burgués de 1952 y lo ha sido también en la reciente caída de Paz Estensoro. Lo malo es que entonces como ahora y ahora aun peor que entonces, el proletariado, desviado de su verdadero interés por diversas organizaciones, no ha conseguido estructurar su propia política de clase, que no puede ser simplemente anti-imperialista, sino socialista y de validez internacional. Para derribar a Paz Estensoro se han ligado el ejército, partidos burgueses de derecha, falangistas de escuela madrileña, los dos ramales de falsarios del comunismo, y también los llamados trotzkistas, o al menos una parte de ellos. Han cedido la preeminencia al ejército y la jefatura a un general, Barrientos. La alianza del stalinismo con la burguesía y su ejército no tiene nada nuevo. Hace 30 años que empezó a producirse descaradamente, y desde entonces mente y objetivos stalinistas están perfectamente adaptados al capitalismo, el estatal por querencia. Se alía en realidad con los suyos para, socapa de anti-imperialismo, siempre unilateral, sacar avante los negocios de su bloque. Propiamente hablando, los partidos afectos a Moscú no traicionan al proletariado, como tampoco lo traiciona la burguesía. Ambos hacen la política que conviene a sus intereses reaccionarios. La estafa consiste en presentar éstos a la clase obrera como intereses comunistas.
No puede decirse lo mismo del Partido Socialista Obrero Boliviano (P.S.O.B., IV Internacional o trotzkista). Es esa organización la que abandona el terreno del proletariado y desdice sus ideas originales para remedar las añagazas de stalinianos y demás burgueses uncidos a los regateos de la guerra fría. Incluso si suponemos que ha adoptado la dicha postura por mero error político, no por intereses burocráticos en formación —cosa posible— prepara malos trances al proletariado y su propia supresión orgánica. Con política y alianzas espúreas solo se consigue hacer el juego del enemigo de clase, y no se puede perder de vista ni por un instante que ese enemigo tiene hoy dos encabezados mundialmente. El P.S.O.B. está malgastando oportunidades revolucionarias espléndidas, de alcance ilimitado. Los mineros están armados y mal que bien organizados en milicias; buena parte de ellos, familiarizados de antiguo con el trotzkismo, saben el odioso engaño y la amenaza que el stalinismo representa. A partir de ahí todo es posible, incluso la toma del poder y de la economía por el proletariado y la irradiación del movimiento proletario a otros países, Estados Unidos inclusive. Pero hay que mirar alto y denunciar sin duelo a todos los falsarios, poner en guardia a las masas contra los secuaces del capitalismo estatal, a la Castro o a la lo que sea, arrinconar Programa de Transición y revolución permanente que no empiece con medidas socialistas, y lanzar sólo consignas que, inmeditamente o a medida de su aplicación completa, tengan un valor efectivo de marcha al comunismo. El proletarido en el poder sabrá hallar la alianza con el proletariado estadunidense, manera segura de revolcar en el polvo al imperialismo yankee, no en beneficio de bloque alguno, sino de la emancipación universal de los explotados.
El anti-imperialismo es una política de mendigos y de mentes burguesas enfermas por falta de patria fuerte. El proletariado es apatrida por necesidad histórica inmediatamente realizable; no pena por patria fuerte ni enclenque, sino por la revolución mundial.