Alarma, nueva serie, n.º 6, diciembre 1964 (págs. 20-21). PDF del número completo

El imperialismo subsidiario y de ínfima categoría que es Portugal, conserva como colonias más territorios que ninguna otra nación hoy. En los dominos de Salazar "no se pone el sol", pero todo el mundo tiembla, de hambre, de frío o de terror. Las circunstancias que se lo han consentido están muy lejos de coincidir con las explicaciones dadas por la hueca palabra del carcamal dictador. No podemos tratar de ellas ahora. Lo que urge definir es la conducta que debieran adoptar los revolucionarios portugueses respecto de Angola, Guinea, Mozambique, donde por contagio y ayuda de otros nacionalismos africanos, diversas organizaciones aborígenes alzan guerrillas en pro de la independencia nacional. Las dos organizaciones que en el primer territorio se disputan la representación nacional son la Unión de las Poblaciones de Angola (U.P.A.) y el Movimiento Popular de Liberación de Angola (M.P.L.A.), que se las da de muy "progresista". Un "gobierno emigrado" que domina la U.A.P. y preside Roberto Holden fué puesto en pié en el Congo, con la ayuda y encubrimiento de cuyo gobierno organizó la lucha militar en el norte de Angola, particularmente en la zona tribal del flamante presidente Holden. Sintomático de tal clase de movimientos, cuya única mira es la independencia nacional en este momento histórico en que todas las nacionalidades están de sobra, es servirse de métodos militares y terminología calcados de la última guerra imperialista, y allí donde existe más de una organización aspirante a la patriótica y lucrativa representación nacional, el exterminio entre ellas hasta que una se queda con el campo o absorbe a las otras en santa unión nacional. Así, en territorio de Angola, las guerrillas del gobierno Holden se batían de preferencia contra otras guerrillas creadas, desde otra frontera, por el M.P.L.A. La segunda parte de la operación, el ofrecimiento a los dirigentes exteriores de éste de puestos en el gobierno, está en tratos, pero ignoramos su conclusión.

Otros emigrados, éstos portugueses (algunos ex-colaboradores de Salazar como también lo fueron los angoleses Holden y Andrade) tienen constituido un llamado Frente de la Oposición Portuguesa, que abarca desde el partido pseudo-comunista, con su ramal chino, hasta el general Delgado. En la capital argelina, bajo auspicios del ex-brigada del ejército colonialista francés Ben Bella, están en relación con el gobierno de Holden, de cuyo empeño se muestran solidarios. Tal actitud es lo que hoy, tras 40 años de falsificaciones ideológicas y de enjuagues inter-imperialistas, los implicados en unos y otros llaman actitud revolucionaria. Para los revolucionarios de hace 40 años, como para los que siguen siéndolo hoy reducidos a pequeñas minorías, la dicha actitud es una doble traición. De los del Frente de la "Oposición" (más comillas harían falta) a los explotados portugueses, de los partidos nacionalistas angoleses y del gobierno Holden a cuantos en Angola no han sido instrumento del colonizador.

La actitud revolucionaria no puede ser nacionalista. Consiste en promover la supresión del capitalismo en Portugal y en sus actuales colonias, y en materias de alianzas suscitar la del proletariado en todos los países, no con cualquier gobierno actual, todos reaccionarios. Empieza a ser evidente que la dictadura de Salazar caerá poco antes o poco después que la de Franco. Los trabajadores de toda la península deben fijarse por norte inmediato la revolución social, y asímismo en los territorios en que Portugal y España dominan, entregando poder y economía a las clases pobres, con exclusión de cuantos, herederos de los intereses capitalistas y de mentalidad colonizadora, levantan bandera nacionalista sabiendo a ciencia cierta que es la bandera de la explotación. Los revolucionarios portugueses, y en parte también los Españoles, tienen todavía la oportunidad de impedir que los nacionalistas aborígenes instalen su particular colonización, que por añadidura terminaría arrastrándose a los piés de otro imperialismo. Es preciso enderzar la lucha en tal sentido y buscar el enlace con los hombres más conscientes de la población desamparada de las colonias. El derecho del proletariado y de las masas pobres en general a disponer de sí mismas sólo es compatible con la revolución mundial.