Alarma, nueva serie, n.º 6, diciembre 1964 (págs. 2-3). PDF del número completo

En 1864 se constituía en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T., despés llamada Primera Internacional). Ejemplo nunca visto antes, las clases explotadas, políticamente sunyugadas y mantenidas siempre en la ignorancia, decidían concertarse en permanencia, por cima de fronteras y razas, y lanzar a sus opresores el desafío supremo: el derecho y la necesidad de los explotados de tomar en sus [ilegible] "la internacional" —como se la llamaba entonces— arrebató el entusiasmo de los obreros en la mayoría de los países europeos y concitó la represión de los gobiernos, pávidos ante la amenaza de revolución social bruscamente surgida, gracias al acendramiento de la conciencia proletaria suscitado por su creación.

La Primera Internacional no tenía por objetivo hacer más llevadera la condición de los asalariados en el seno del capitalismo; se proponía abolir éste y aquella condición misma de trabajo asalariado, factores correlativos e interdeterminados del actual sistema mundial. "La fuente de la servidumbre bajo todas sus formas: miseria social, degradación mental, sumisión política —decía el punto nº 3 de sus Estatutos— es la sujeción económica del trabajador al acaparador de las materias primas y de los instrumentos de trabajo. Por tal razón —añadía el punto nº 4— la emancipación económica de las clases obreras es el gran objetivo al cual debe subordinarse todo movimiento político como simple medio".

A cién años de distancia, en medio de un capitalismo de proporciones mundiales incomparablemente más desarrollado y opresor, las organizaciones que en cualquier país encuadran un número importante de trabajadores, se desentienden por completo de la emancipación económica de los mismos y les inculcan nociones burguesas que esterilizan o castran sus posibilidades de acción como clase históricamente revolucionaria. "Miseria social, degradación mental, sumisión política", las condonan por algunos refrigerados y automóviles, haciéndose ellas mismas agentes de la degradación consustancial al capitalismo. Así han venido a ser dichas organizaciones un estamento suplementario de la explotación, cuando no ésta y su policía al mismo tiempo.

Todos esos partidos y sindicatos han tenido la avilantez de celebrar el centenario de la fundación de la A.I.T. ¡Ellos, que a más de haber causado la derrota de la revolución mundial han retrotraído las masas a un nivel ideológico y de sumisión muy inferior al de hace un siglo! La A.I.T. instruía a los obreros, sublevaba todos sus sentidos contra el capital, los hipócritas celebradores los atontan, los envilecen en el conformismo, los sojuzgan ellos mismos.

La primera Internacional no traicionó a la clase obrera ni degeneró, como hicieron después la Segunda y la Tercera. Se extinguió con el reflujo de las luchas obreras siguiente al aplastamiento de la Comuna de París. Sus enseñanzas teóricas y prácticas son inmensas, la mayoría válidas hoy. Su semilla no dejará de germinar, pese a tantos años de exultaciónes reaccionarias. Sus propios conflictos internos sirven todavía de inspiración. Desde las primeras luchas contra los demócratas burgueses presentes en su fundación, hasta las últimas entre bakuninistas y marxistas, la suma de lecciones, advertencias, ejemplos que de su existencia se desprende es, por su calidad sobretodo, inigualada hasta el presente.

La futura organización mundial de los explotados deberá enlazar más directamente con la Primera que con las otras dos internacionales. Como aquella arrebatará a los trabajadores, en toda la redondez esta vez, y entonces acabará el reino lóbrego de los falsarios.