Alarma, nueva serie, n.º 6, diciembre 1964 (pág. 17). PDF del número completo
Denegar a los hombres de los sindicatos el derecho de decirse representantes de los obreros o de establecer en su nombre acuerdo alguno con los patronos. Lo que deciden o acuerdan los sindicatos no tiene obligatoreidad para los obreros.
Exigir el derecho de los obreros a elegir y a destituir en cualquier instante, con plena libertad de asamblea y palabra, sus propios delegados permanentes y comités de huelga cuando se precise.
Caso de huelga, no conceder carta blanca tampoco a los delegados elegidos, sino someter los arreglos a que hayan llegado con los patronos a discusión y aprobación previa de los interesados, ya en asamblea general, ya por sectores o categorías en las industrias grandes.
Exigir siempre el aumento del salario fijo o de base, único aumento real (si no lo sobrepasa la carestía) y rechazar todo aumento que proceda de primas, pluses o de cualquier otra forma de destajo, pues no puede haber aumento efectivo para los trabajadores sin menguar la explotación de que son permanentemente objeto, y los aumentos mediante primas y destajos en general agrandan esa explotación, con ella los beneficios del capital y con éstos su capacidad de opresión.
Reclamar en consecuencia la supresión de todas las primas y destajos sin excepción, pero incorporando al salario fijo su importe medio mensual. Sin suprimir esa forma de paga, el proletariado será cada día más esclavo y el capital más sólido y despótico.
Exigir porcentaje mayor de aumento para las categorías peor pagadas, y en general la disminución de categorías y de la diferencia de paga entre ellas existente. Es la base de la unidad de lucha revolucionaria de los explotados frente al capital. Jornal mínimo de 6.000 pts. mensuales.
¡Menos trabajo, más paga! La única forma de que el proletariado progrese hacia su emancipación, es obtener que el aumento de la producción no se lo embolse el capital, sino que sus autores lo disfruten, en espera de que la expropiación del capital ponga en sus manos la totalidad de la producción. A ese objetivo se enderezan las consignas: ¡Todo aumento de la producción (su valor hoy) a los trabajadores que colectivamente lo realizan!, y, ¡Disminución del tiempo de trabajo con paga igual, por bajo de 40 horas semanales, a menos aún, a medida que lo permitan la lucha revolucionaria y la técnica.
Sea lo que sea lo conseguido tras una huelga o mediante la firma de un convenio colectivo, rechazar cualesquier cláusulas que faculten a la dirección para desplazar o despedir a su antojo, o que suspendan siquiera temporalmente el derecho de reivindicar o de hacer huelga durante la vigencia del convenio.
No olvidar que el mejor contrato, colectivo o individual, no saca la clase obrera de su condición de explotada. Es preciso prepararse para expropiar el capital, tomar el poder político, desbaratar los organismos coercitivos, llevar a buen término lo que fué iniciado en 1936.