Alarma, nueva serie, n.º 6, diciembre 1964 (págs. 11-17). PDF del número completo

¿Cual es hoy el sistema social en Rusia? ¿Es el socialismo orientado hacia el comunismo, cual quieren hacer creer al mundo los dirigentes rusos? Esa cuestión se le plantea inevitablemente a quienquiera escriba sobre Stalin y Trotzky. Aun habilmente presentada como Deutscher lo hace, la vida personal de Stalin es de escaso interés, salvo su subida al poder, que le convertiría en el gobernante totalitario de Rusia. La vida de Trotzky es un drama histórico de intenso interés para quienes estudian la Revolución Rusa. ¿Cómo resuelve Deutscher el conflicto entre los dos hombres?

Deutscher escribió su biografía de Stalin después de la segunda guerra mundial, estando el dictador en el ápice de su poder tras haber impuesto su sistema totalitario a los países satélites circundantes. Es evidente para el lector que esa contemporaneidad ha afectado el retrato hecho por Deutscher. Los veinte años de opresión stalinista, Deutscher los justifica porque sólo tal forma de gobierno pudo haber preservado el Estado obrero y la Revolución rusa. En resumen, extendiendo el propio régimen a los países vecinos Stalin contribuyó también al progreso mundial. En el interior de Rusia, Stalin preservó la industria nacionalizada, erigiendo sobre tales cimientos socialistas la colectivización agrícola y la economía planificada. Si admite uno tal visión, se hace muy comprensible la búsqueda un tanto estudiada de Deutscher para descubrir en el pasado de Stalin factores adecuados que expliquen su supremacía. Pero si la artificiosa presentación no le convence a uno, entonces la obra aparece oportunista y repleta de inconsciente ironía.

Referente a la maltratada juventud de Stalin, Deutscher nota: "La vida le inculcaría pronto enseñanzas —y ciertos ardides de guerra— que le serían útiles después". Stalin se sentía "cerca de los escarnecidos", expresión sólo aplicada, en general, a personas de muy profunda simpatía por los de abajo en la sociedad. Por añadidura, "el joven Djugasvili debe haber tenido una excepcionalísima, casi intuitiva sensibilidad tocante a los aspectos retrógrados de la vida y la política rusas, sensibilidad que había de fortalecerse en los años venideros". Está muy lejos de verse claro cómo la "sensibilidad" en tal aspecto llevaría Stalin a concluir después que sólo un régimen bestial, totalitario, por él encabezado podría salvar a Rusia del atraso, y que ese régimen requiriese el aniquilamiento de la vanguardia revolucionaria. "Trataría con desconfianza escéptica no sólo a los opresores, los terratenientes, los capitalistas, los eclesiásticos y los gendarmes zaristas, sino también a los oprimidos, a los obreros y campesinos cuya causa había abrazado". (Deutscher debiera añadir la desconfianza hacia sus más íntimos.) No había sentido de culpabilidad, ni traza de él, en su socialismo... Su socialismo era frío, sobrio y basto". No es fácil caracterizar el empleo que aquí hace Deutscher del lenguaje, por lo cual lo dejaremos hablar por sí sólo. Lo que está implicado en el recurso de Deutscher a trizas freudianas, es que Trotzky y los demás eran intelectuales idealistas con sentimiento de culpabilidad debido a su origen pequeño-burgués. El realista bién plantado en tierra era Stalin.

Preparando el terreno para el cometido necesario de Stalin, Deutscher mete la revolución rusa dentro de un esquema general a todas las revoluciones. Las buenas relaciones entre el partido de la revolución —llámese independiente, jacobino o bolchevique— y la masa del pueblo, no duran mucho. Apenas sobreviven a la guerra civil. Pero el partido de la revolución nada entiende de retirada; continua su tarea sin hacer gran caso de la voz del pueblo. Los dirigentes adquieren costumbres de gobierno arbitrario y ellos mismos llegan a verse gobernados por costumbres de estrecha y fría autocracia. Más pronto o más tarde, prodúcese en el partido una escisión y —dice Deutscher— "pronto aparece el Hombre de acero (1) entre quienes quitan a la revolución su sensitivo —¿o bien sentimental?— idealismo". Semejante caracterización basta a Deutscher para explicar cómo obtuvo Stalin la victoria sobre los demás dirigentes. Omite argumentar precisamente sobre lo que acarreó la escisión en Rusia, aquello mismo que sería esclarecedor. Cuanto puede inferirse es que hay diferencia entre el frío realista Stalin y el sensitivo (¿o sentimental?) idealista Trotzky. Permítasenos preguntar si es posible ser al mismo tiempo idealista y realista.

La historia tal como la ve Deutscher le fuerza a adoptar la singular idea que Trotzky, por sus cualidades de dirigente y organizador podía, al par de Lenin, se sobre entiende, llevar la revolución a la victoria (mientras Stalin jugaba un papel demasiado insignificante para escribir sobre él), pero que era incapaz, de cualquier manera, de preservar la revolución durante el dificil período siguiente; eso tenía que hacerlo Stalin. Recuérdese que ningún grupo de hombres había estudiado tan minuciosamente como los bolcheviques la historia de las pasadas revoluciones, Lenin y Trotzky en particular; que Lenin se dió cuenta, antes de morir, de la falta de escrúpulos y la vengatividad de Stalin, de su execrable proceder alentando en el partido a carreristas trepadores; que propuso premiosamente a Trotzky un 'bloque' a fin de revitalizar el partido y desembarazarlo del sofocante control burocrático; que Lenin reclamó la destitución de Stalin como secretario general, previno sobre las terribles consecuencias de una escisión e insistió en que no hubiese represalias sangrientas por disputas ideológicas internas, porque destruirían la revolución. Trotzky estaba de acuerdo con tal opinión. Ahora bién, aceptando el punto de vista de Deutscher, Lenin no acertó ni fué clarividente. Dice Deutscher: "Stalin puede haber parafraseado el viejo aforismo marxista: "La fuerza no es ya la comadrona, sino la madre de la nueva sociedad". ¡La nueva sociedad! ¿Qué sociedad nueva ha creado la fuerza de Stalin? ¿Hacia qué finalidad iba enderezada esa fuerza? ¿De qué factores favorecía el encumbramiento y de cuáles otros la implacable represión? Trotzky contestó reiteradamente a esas preguntas, pero Deutscher prefiere no plantearlas siquiera. Sus ojos están puestos en la cumbre, en Stalin, el hombre de acero.

Pero los tiempos cambian y Deutscher con ellos oportunamente. Hoy exalta a Khrutchef, fiel y brutal asistente de Stalin durante todo el sangriento terror, por su tempestiva y valerosa acción acometiendo la reforma del régimen. Khrutchef pide excusas por el pasado repudiando al dictador muerto y "rehabilitando" a sus enmudecidas víctimas. Deutscher no sólo aprueba, sino que explica por qué lo han hecho necesario los nuevos tiempos. ¿Pero, estaba bién preparado para ello? Trotzky explicó incansablemente su punto de vista sobre los acontecimientos rusos, denunciando a medida que ocurrían las falsificaciones y las purgas iniciadas 30 años atrás. Entonces como despues, Deutscher ha preferido acogerse a la versión de Stalin, con reservas, claro. Ahora habla del lavamanos de Khrutchef como si se tratase del comienzo de las "reformas" que Trotzky reclamaba a principios del decenio 30. Trotzky había sobrepasado de largo tiempo la idea de que fuese posible reformar el régimen de Stalin. Mientras Stalin preparaba deliberada y tortuosamente las purgas venideras mediante el asesinato de Kirof, Trotzky advirtió que se trataba de un complot urdido por la G.P.U. de Stalin. Veinte años después, Deutscher escribe apoyando la versión stalinista. Su lenguaje parece en realidad añadir plausibilidad a esta última versión. Habla como si los campesinos hubieran estado haciendo abiertamente la guerra civil al régimen de Stalin, y de Stalin como de quién consigue mantener el poder de la clase obrera gracias a sus rigurosas medidas. El asesino de Kirof, Nicolaief, representaba, para Deutscher, una divisoria general entre jóvenes y viejos. Se había hecho adorar a la juventud esos mismos bolcheviques que entonces aniquilaba Stalin. "Los libros de texto rodeaban de un halo romántico a esos mártires y héroes; y así, la sombra sagrada del pasado parecía abatirse, bomba y revolver en manos de un impaciente y anti-stalinista Komsomoltsy (afiliado a la Juventud comunista). Eso da la impresión de extender el complot más allá de Nicolaief y Deutscher acepta incluso la falsificación stalinista pretendiendo que el asesino de Kirof fuese secuaz de Zinovief. Sin intentar analizar siquiera en superficie las purgas que siguieron al asesinato de Kirof, Deutscher pasa a justificar en su forma peculiar las purgas en el ejército. Sostiene que la preparación de la guerra contra Hitler condujo Stalin a degollar la 'oposición'. En realidad, la liquidación de los mejores generales del ejército rojo prefiguraba el pacto de amistad Stalin-Hitler. "No hace falta suponer —escribe Deutscher— que actuara por mera crueldad, o por ansias de poder. Puede acordársele el equívoco crédito de una sincera convicción de servir los intereses de la revolución y de que sólo él interpretaba rectamente esos intereses... Era inevitable que la imaginaria conspiración que le obsesionaba empezase, en medio de la orgía de purgas, a plasmarse en carne y huesos. A medida que se ensanchaba el círculo vicioso, pocos hombres de importancia sentíanse a salvo. Algunos sintiéronse impelidos a tomar medidas para detener el perpetuum mobile... Pero la conspiración verdadera fué iniciada por los jefes del ejército, Tukhachevsky y sus colegas... Todas las versiones (!) no stalinistas coinciden en lo siguiente: los generales planeaban de veras un golpe de Estado. Lo hacían por razones propias, no en colusion con potencia exterior alguna". Evidentemente, el realismo de Deutscher nada posee del "realismo" de Stalin; ha tragado, aun sin digerirlas bien, las invenciones stalinistas. Ha tenido que aleccionarle Khrutchef, como a tantos otros. Y como esos otros, Deutscher no ha tenido todavía tiempo, ni siquiera en sus libros sobre Trotzky, de rectificarse.

Deutscher resume su estimación de la época de Stalin diciendo que su significado cultural no debe ser juzgado sólo por el modo como asoló artes y letras. Debe tenerse presente la contradicción entre las influencias constructiva y destructiva de Stalin. Mientras aniquilaba implacablemente la vida espiritual de 'la intelligentzia' aportaba los elementos fundamentales de la civilización a extensas masas de la humanidad no civilizada. Bajo su dominación, la cultura rusa perdió profundidad, pero ganó extensión. "Las categorías de la Rusia europea bajaron de nivel, mientras subían las de la periferia asiática... La causa profunda del triunfo de Stalin reside, como lo hemos dicho, en que, a diferencia de Robespierre, ofreció al país un programa nuevo y positivo de organización social, que si bien arrojó privaciones y sufrimientos sobre muchos, creó para muchos también horizontes nunca soñados. Estos últimos tenían contante interés en su dominio".

¿Qué hay en el pensamiento de Deutscher que lo lleva a esa apología tortuosa del régimen stalinista? El no duda un instante comprender el marxismo y su base teórica, el materialismo dialéctico. En determinado aspecto contradice el juicio de Trotzky al decir que sin Lenin no habría habido revolución de Octubre. Para Deutscher, Trotzky yerra por no haber comprendido nunca la idea de Plekhanof sobre el papel del individuo en la historia. ¿No muestra este último que cuando la historia está madura para un cambio, el hombre requerido para dar cumplimiento a las necesidades sociales se encuentra presto, al alcance de la mano? Y si fuese abatido, otro ocuparía su lugar ciertamente. Así, Deutscher no necesita más que mirar atrás para ver quién estaba destinado a forjar la historia. He ahí la adoración palmaria del éxito, que tan simple hace el escribir historia. Pero no se trata de materialismo dialéctico, sino de vulgar y descarado determinismo. Evidentemente, no poca gente equipara ambos y cree que Plekhanof y Trotzky se contradicen al rechazar la idea de que el materialismo dialéctico sea una forma de determinismo. Notemos que Plekhanof dice que la suerte de las naciones depende a veces de lo accidental.

El pensamiento de Deutscher se pone en claro. Stalin se destacó a la dirección en oposición a Trotzky; por consecuencia Stalin se ajustaba mejor a los tiempos. Siendo esa la causa, un determinista ha de explicarla por los métodos de Stalin en contraposición a los de Trotzky. Pues, ¿cabe tener a Stalin por nulidad habiendo sido capaz de arrebatarle el poder a un líder como Trotzky? ¿Entonces, en qué andaba errado Trotzky? Puesto que según Deutscher la revolución continuó bajo Stalin, aunque en forma algo nueva e inesperada, lo concernido deben ser las cualidades personales de los dos hombres. ¿No es denigrar de cierta manera a Trotzky, que Deutscher diga: "A la luz de la correspondencia militar secreta de aquellos días (los de la guerra civil) —pequeña parte de la cual fué publicada por Stalin y otra pequeña parte por Trotzky— su papel se eleva mucho más que en los escritos publicados estando Trotzky en el poder, pero ni con mucho tanto como en las biografías oficiales de la era stalinista"? Durante ésta, las incesantes revisiones de la historia a cada virada política, se mofan de quienquiera esboce la figura de Stalin como la de un héroe; semejantes revisiones y supresiones de escritos no ocurrían durante el período de Lenin-Trotzky. Habiendo escrito Deutscher sobre Stalin cuando éste parecía culminante, se le hace evidentemente difícil aceptar la apreciación de Trotzky respecto a la mediocridad de Stalin, que de los sombríos muros del Kremlin surgió de repente a plena luz.

Trotzky fué vencido y proscrito, cierto. Pero el problema consiste en saber qué fué derrotado; ¿simplemente un individuo en lucha personal por el poder? Eso es lo que Deutscher quiere hacernos creer. Según él, los tiempos requerían un régimen totalitario que mantuviese la industria nacionalizada, y Stalin poseía el puño de hierro necesario para establecerlo. Su programa positivo de socialismo en un sólo país, si bien no podía impulsar a Rusia por la senda del socialismo occidental, consiguió al menos, según Duetscher, una nueva categoría de socialismo, el socialismo asiático, no reconocido por los marxistas o socialistas europeos, pero lo mismo da. Deutscher no para mientes en inquirir cuales han sido para Occidente y el mundo entero las consecuencias de esa suerte de socialismo. ¡Están muy lejos, ciertamente, de haber sido benéficas!

Ni Lenin ni Trotzky creyeron nunca que Rusia pudiese erigir una sociedad socialista sobre sus propios cimientos, por sí sóla. Requeríase la ayuda de países europeos más industrializados. Para aquellos, la revolución rusa era mero preludio a la propagación de la revolución proletaria a otros países, particularmente a la derrotada Alemania, estando condenada a fracasar si en la década siguiente no triunfaban otras revoluciones socialistas. La tarea de la Internacional Comunista consistía en acechar los acontecimientos mundiales y guiar el proletariado en su pugna por el poder. Durante la guerra civil doblada de intervención extranjera, Trotzky se hallaba muy abrumado por la actividad militar; su notable talento salvó la revolucion. Mientrastanto, Stalin iba haciéndose dueño del partido, en su calidad de secretario, mediante esa clase de burdas intrigas utilizadas en todo el mundo por los patronos a la Tammany Hall. El caos de la guerra civil no consentía un desarrollo democrático, dejando al país exhausto. Los funcionarios del partido establecían su control en todas partes; surgió una burocracia a cuya cabeza se hallaba Stalin. Lenin lo vió demasiado tardo. Al hablar Deutscher de las posibilidades nunca soñadas creadas por Stalin, de manera que "los escarnecidos" tenían contante interés en su dominio, tiene enteramente razón... si indica los carreristas trepadores que hacían su agosto en los puestos nuevamente creados. A medida que refluía la revolución, mayor poder acaparaba la burocracia. Astuto, Stalin invadió el partido de adherentes nuevos y atrasados, a fin de consolidar su poder frente a todas las oposiciones; inmediatamente despues se revolvió a destruir la vanguardia revolucionaria. El proceso es característico de la contrarrevolución.

¡Ah, si! Deutscher nos dice que la revolución no alcanzó la altura que hubiera debido alcanzar en países más desarrollados. Pero a pesar de ello nos invita a reconocer que Stalin preservó para el futuro las bases de la revolución, aunque con métodos totalitarios crueles. Verdad es que la industria nacionalizada ha de ser la base constructiva de una economía socialista. Fué Trotzky quién propuso una rápida planificación industrial teniendo bién en cuenta los flacos recursos del país, a fin de conservar el equilibrio conveniente entre agricultura e industria. Al ser hecha la proposición, Stalin se burlaba de ella, pero al producirse después un baja repentina en la entrega de víveres, Stalin, aterrado, declaró la guerra a los campesinos forzando la colectivización agrícola inmediata y total. La devastadora hambruna consecuente causó un número indecible de muertes. A ese acto de "realismo" stalinista siguió el salto a la industrialización "planificada" sin la necesaria preparación. Tales medidas, ¿llevaban la intención de extender —y extendieron—, el "bienestar asiático"? Apuntaban a consolidar en el poder a los en él instalados, sin la más mínima consideración por la masas. Las bases económicas de la sociedad rusa, que hubieran podido servir para llevar adelante los "ideales" del socialismo de la más realista de las maneras, fueron, por el contrario, transformadas en bases reaccionarias, contrarrevolucionarias, las de una potente burocracia indiferente a los intereses de las masas, tal los empresarios capitalistas del período de la acumulación primitiva. La destrucción completa de la revolución sólo fué conseguida desencadenando una ola de terror contra las masas, metiendo a millones en los campos de concentración en calidad de obreros esclavos, condenados a muerte por hambre.

Stalin siguió enarboando la bandera del bolchevismo durante las purgas, durante y despues de la liquidación de los viejos bolcheviques, durante todo el imperio totalitario del terror. Deutscher, igual que tantos otros, acepta el símbolo vacio, igual que acepta la sociedad burocrática, ese fraude económico-político, como socialismo. Alejado de Rusia en el exilio, Trotzky no dejó nunca de observar atentamente y comentar lo que sucedía bajo Stalin. Ningún hombre en nuestra época, quizás ninguno en la historia haya aprehendido tan notablemente el movimiento social y las relaciones de clase en sus bruscos cambios. No sólo beneficiaba del estudio de Marx y Engels, sino también de la actividad revolucionaria de su vida. Su facultad de prever los acontecimientos era tan asombrosa que Deutscher emplea en su biografía de Trotzky el término, Profeta. Deutscher mira atrás, Trotzky miraba adelante y columbraba los acontecimientos futuros mejor que los interpreta Deutscher viéndolos como pasado. En momentos críticos, vio, Trotzky el proceso acumulativo de cambios en Rusia pasar a un nuevo estadio, proponiendo nueva estragia para restaurar las posibilidades socialistas de desarrollo. Al principio confió en que aun sería posible —si el proletariado europeo, el alemán en particular se ponía en marcha hacia el poder—, efectuar la reforma del régimen stalinista. Pero los sucesos que dieron el poder a Hitler modificaron su visión. La Komintern, bajo la dirección de Stalin, dividió la clase obrera alemana en el momento crítico y gracias a su fatal política de "social-fascismo". Fué una traición completa al proletariado; ella significaba para Trotzky que los antiguos partidos habían muerto, siendo necesario crear nuevos partidos y una nueva internacional. Ya no podía pensarse en reformar el stalinismo; sólo la revolución podría derrocar el régimen totalitario.

Obsérvese que Trotzky relacionaba siempre los acontecimientos en Rusia con los sobrevenidos en Europa y otras partes. Deutscher prefiere tratarlos separadamente. Sobre la política ultraizquierdista de Stalin y su Komintern antes de subir Hitler al poder, nota: "La nueva política ultraizquierdista fué llevada por la clase obrera alemana hasta extremos suicidas (no por Stalin y su Kominform, obsérvese) frente al nazismo ascendente... Existía innegable contradicción entre las dos líneas políticas, la proseguida en Rusia (socialismo en un sólo país) y la inspirada a la Komintern. Fácil es presumir cual de las dos políticas pesaba más. La Komintern estaba entonces comprometida en una pantomima de lucha". Eso parece bastante claro; Stalin traicionó pués al proletariado alemán y la revolución mundial. No obstante, he aquí lo que añade Deutscher: tras el colapso los Rojos alemanes decían: "Sin Stalin no habría habido Hitler. El dicho debe ser oido con la mosca en la oreja". ¿Por qué? Porque —dice Deutscher— incluso si Stalin tenía parte de responsabilidad, el fracaso era de ellos (los alemanes). Puede traer a cuento a ese respecto, no cabe duda, la idea marxista de la revolución hecha por los propios trabajadores, no para ellos. (En cambio, Deutscher sí atribuye a Stalin haber hecho la revolución para los trabajadores en Polonia y Hungría). Pero el marxismo comporta también la construcción de partidos proletarios y de una internacional de partidos. ¿Qué función es la suya? Además, el marxismo no se ha convertido tras la muerte de Marx en algo rígido y fijo. Ha continuado avante con otros grandes pensadores marxistas, tales Lenin y Trotzky. Lenin ha contribuido a él con la teoría del partido de vanguardia y a él corresponde en primer término el mérito de la creación de la Komintern, después de la traición de la Segunda Internacional al proletariado. Uno y otro sabían que el deber de una dirección es prever los acontecimienros críticos y guiar consecuentemente al proletariado. Deutscher admira el análisis de los acontecimientos alemanes que hace Trotzky y la profética advertencia de lo que Hitler haría una vez en el poder. Deutscher, al revés, es un determinista que cree que la historia saca adelante el hombre necesario en el momento conveniente. (¿Era entonces inevitable que Hitler triunfase?) Trotzky basaba su apreciación en el ensanche de la revolución a Europa occidental en el período siguiente a la revolución rusa, observa Deutscher. Por el contrario, Stalin estaba seguro de que no habría revolución. Y, fíjese usted, Stalin estaba en lo cierto; solo que, para asegurarse de estar en lo cierto, se opuso por todos los medios a su alcance al desencadenamiento, en el exterior, de cualquier insurrección de las masas proletarias. Trotzky tenía la convicción de que una victoria de la clase obrera foránea acarrearía la caída de Stalin. Este, a su vez, temía ser barrido por una revolución victoriosa. Nada ilustra tan bien su enemiga a la revolución como la guerra civil espagnola, durante la cual hizo deliberadamente asesinar a cuantos querían transformar aquella en revolución proletaria.

La segunda guerra mundial puso en fragua la estructura entera del mundo, y Trotzky confiaba en que tan tremendo trastorno acarrearía en su torbellino las revoluciones europea y rusa. Stalin no podría blandir sobre las cabezas de la clase obrera rusa la amenaza de guerra. Numéricamente crecida, esa clase se hallaría armada. Caso de que la guerra terminara sin que estallase la revolución en Europa, y en Rusia luego, el movimiento obrero declinaría por largo tiempo, creía Trotzky; entonces sería necesario reconsiderar la significación peculiar del sistema burocrático ruso. ¿Se trataría quizás de algo nuevo, no previsto por el marxismo? ¿Sería ese régimen preludio a la aparición de Estados totalitarios similares en otras partes? El simple enunciado de tales problemas responde a quienes piensan que el marxismo es algo enteramente determinista.

La solución del problema queda para otros, pues Stalin precavió que Trotzky, su más importante antagonista, no estuviese vivo al final de la guerra. (Deutscher no encuentra nada que decir sobre eso.) Al terminar la guerra, Stalin tuvo buen cuidado de que los soldados rusos que habían estado en Europa no tuviesen ocasión de utilizar sus armas en Rusia. No sólo los desarmó a medida que cruzaban la frontera, sino que los expidió a Siberia, separándolos de sus familias durante años. En todo caso, el régimen reaccionario siguió en el poder y las "revoluciones" ocurridas fueron urdidas y dominadas desde arriba, adoptando la naturaleza reaccionaria del stalinismo.

El escritor Alasdair MacIntyre, comentando en la revista Encounter (diciembre 1963) el libro de Deutscher Trotzky en el exilio, observa mordazmente que los libros y las ideas de Deutscher serán bién acogidos en ambos lados del telon de hierro. Los capitalistas acogerán satisfechos y explotarán su pintura del socialismo poniéndolo en ridículo. Los stalinistas y khrutchevistas pueden aplaudir a Deutscher, que acepta su aserción de la existencia de socialismo en Rusia...

Lo que existe en Rusia, ni es socialismo ni está orientado al socialismo. Legalmente, los medios de producción siguen perteneciendo al Estado, pero son utilizados, ante todo, en beneficio de la burocracia. Los obreros no tienen voz ni voto algunos en el funcionamiento y la planificación industrial. La distribución es apenas diferente de la de los países capitalistas, aplicándose en ambas los mismos "incentivos". La economía rusa no está quieta y su movimiento ulterior deberá ser estrechamente observado. La planificación centralizada ha cedido el sitio a la descentralizada; tiene lugar en la prensa rusa una discusión tocante al funcionamiento de cada industria sobre la base de pérdidas y ganancias. Esa economía se aleja cada vez más del socialismo.

Tal vez el defecto más grave de la visión de Deutscher sea su separación entre el análisis de Rusia y satélites y el del panorama mundial. Apenas toca ese problema fundamental, mediante la distinción de lo que él llama dos clases de socialismo: el Occidental y el Oriental, el europeo y el asiático. Esos términos parecen fascinarle. Constata que ninguno de los dos puede reconocer al otro, que se miran recíprocamente atónitos, desconcertados. ¡Ni más ni menos! Si a Stalin y su burocracia ha de reconocérseles algún éxito, ese es, ante todo, el de haber ayudado al retroceso de la revolución proletaria mundial. El régimen totalitario de Rusia ha creado y continua creando confusión sobre la significación misma del socialismo. El actual equilibrio mundial es ciertamente consecuencia del retraso de la revolución proletaria. Y ese equilibrio pone en peligro hasta la existencia misma de la humanidad.

Hay que repetir que el marxismo no es una forma de determinismo, cual creen tantos. La historia de Europa, la historia del mundo no estaban "predeterminadas" de tal forma que, por ejemplo, la revolución proletaria tenía que triunfar de necesidad en Rusia y que fracasar en Alemania llegando Hitler al poder enevitablemente. Marx y Engels, asi como Trotzky, han advertido que si la clase obrera de los países avanzados falla en la toma del poder para construir una sociedad socialista, la humanidad podría verse repelida a la barbarie. La situación se hace hoy mucho más punzante debido a la terrible amenaza de guerra atómica. Lo que acontece en cualquier parte del mundo, afecta la situación mundial entera. Deutscher no toma eso en consideración nunca. De lo contrario, su retrato de Stalin sería por completo diferente. Y también su biografía de Trotzky.


(1) En ruso Stalin significa acero (N. del T.).